Islandia no es solo un extraordinario escenario de películas y series, como Game of Thrones. Es también un excelente ejemplo de las virtudes y los resultados del libre mercado.

La historia geopolítica de Islandia es relativamente reciente. Es hasta 1944 cuando se erige como una república y se independiza, incruentamente, del reino de Dinamarca. A partir de ahí, el país comienza a experimentar una notoria transformación económica (antes fue básicamente un país muy pobre, con gran emigración poblacional), primero por la industrialización de su principal actividad, la pesca, y después, por convertirse en un sofisticado mercado financiero. Hasta la crisis de 2008, que significó un duro golpe económico y sobre el cual conviene detenerse un poco.

Tras un irreflexivo proceso de endeudamiento, los principales bancos islandeses colapsaron, arrastrados por la crisis económica global de ese año, agravada por una brutal deuda externa islandesa, resultado del endeudamiento bancario en divisas extranjeras: Así, en octubre de 2008, Islandia tenía una deuda externa equivalente a 32 veces a las reservas de divisas de su banco central. Todo esto, en el escenario internacional generalizado de una gran expansión crediticia que llevaron a cabo los bancos centrales extranjeros –principalmente, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo– y que siguió también el propio Banco central islandés, incentivando a los propios bancos privados.

A esto siguió una aguda crisis económica, incluso con escasez de alimentos, y una gran inestabilidad política y conflictos diplomáticos, que se prolongaron durante varios años. En el proceso, muchísimos ahorradores y acreedores extranjeros vieron perdidos sus recursos, se nacionalizaron los bancos (creándose unos nuevos, saneados), hubo un gran aumento de las tasas de interés y la devaluación de la corona islandesa. Al final, la crisis se resolvió dejando a la Banca a la deriva, sin salvarla con dinero del contribuyente (solo una parte fue salvada) y sin proteger a los acreedores.

Adicionalmente, hubo un fuerte y prolongado programa de austeridad y se aumentaron algunos impuestos, se redujeron otros sobre las empresas, se congelaron gastos en educación y sanidad, así como los salarios privados y del sector público, y las pensiones, además de recapitalizar los bancos recién creados (la parte más discutible de las reformas implementadas por Islandia), los cuales fueron privatizados.

Hoy, la economía islandesa ha superado las secuelas de esa crisis, aunque ha dejado un crecido estado benefactor. Sin embargo, dejó la enseñanza de que los problemas ocasionados por los excesos del Estado pueden ser resueltos por el libre mercado, si hay persistencia y valentía en las reformas.

En el ranking de libertad económica del Fraser Institute, el cual es considerada por Douglas North la mejor medida de las instituciones, Islandia tiene hoy un puntaje de 7.7 sobre 10 y se encuentra en el lugar 34 en el mundo de 162 países clasificados

En el componente 1, Tamaño del Gobierno, el puntaje islandés es de 5.9/10. Este es uno de sus más bajos puntajes. Este componente es bajo por el estado benefactor, por eso el gasto del gobierno es elevado, y el nivel de subsidios y transferencias es elevado. El ISR personal llega al 46 por ciento, el ISR aunque es alto, en 1980 era una tasa confiscatoria del 63 por ciento.

En el componente 2, Sistema Legal, el puntaje es de 8.1, uno de los mejores a nivel mundial. En él, destaca la independencia judicial, la excelente protección a los derechos de propiedad, una excelente integridad del sistema legal, gran facilidad en la compra y venta de bienes inmobiliarios. La policía es muy eficaz por lo que el crimen contra los negocios es bajísimo.

En el componente 3, Moneda Sana, el puntaje es de 9.4, en el cual destaca la baja inflación y la baja variabilidad de inflación. Es un componente que ha mejorado substancialmente, ya que en los años 80s y 90s la inflación era de 2 dígitos.  Ya no existen restricciones para tener cuentas en moneda extranjera, restricción que existía hasta el 2015 como secuela de la crisis de 2008.

En el componente 4, Comercio internacional, el puntaje es de 7.4/10. Destaca un arancel de nación más favorecida relativamente bajo del 4.3 por ciento. Islandia no pertenece a la Unión Europea, pero está integrada al mercado europeo a través de la    Asociación Europea de Libre Comercio (AELC),  que incluye a Liechtenstein Noruega, Suiza. Esta asociación tiene a su vez acuerdos de libre comercio con varios países incluyendo a México.

Sin embargo, fuera de la AELC y la Unión Europea, hay variabilidad de aranceles, lo que indica que ciertos sectores tienen protección arancelaria.

Los procesos aduanales en Islandia son relativamente ágiles y transparentes.  Por otro lado, las barreras no arancelarias le restan competitividad.

Islandia está abierto a la inversión extranjera, los ciudadanos de la AELC tienen el mismo trato que los nacionales. Sin embargo, hay algunos sectores que están restringidos como la pesca, la energía o la aviación. Afortunadamente hay muchas oportunidades para inversionistas extranjeros fuera de esos sectores.

En el componente 5, Regulación de Crédito, Trabajo y Empresas, el puntaje es de 7.7

En regulaciones de bancarias, destaca que, gracias a las políticas presupuestales sanas, el gobierno no absorbe el crédito disponible, por lo tanto, el crédito va al sector privado, no a financiar el gobierno. No existen tasas de interés negativas. Desafortunadamente todavía existen bancos estatales, lo cual reduce la competencia bancaria.

En regulaciones laborales, en lo positivo se encuentra que las reglas de contratación y despido se hacen a nivel empresa. No existen muchas restricciones de las horas de trabajo. No es costoso el despido justificado cuando la empresa se achica. No existe el servicio militar obligatorio.

En lo negativo, que los contratos colectivos se hacen a nivel país.

En regulaciones empresariales, abrir una empresa es fácil, se encuentra dentro del promedio de la OCDE. Obtener los permisos de operación, se obtienen con facilidad en tiempo razonable e Islandia se encuentra mejor que el promedio del OCDE. El pago de impuestos es sencillo, transparente y previsible. Los costos burocráticos no son muy elevados. Islandia tiene una administración publica imparcial, de las mejores del mundo.

En resumen, Islandia tiene buenos puntajes en todos estos componentes, excepto en el primer componente, tamaño del estado. Esto se debe al Estado benefactor. Aunque tiene una mala nota en este componente, los buenos puntajes en los otros componentes compensan.  Islandia se puede dar el lujo de tener un estado benefactor por tener excelentes puntajes en los otros componentes.

Islandia necesita achicar el estado benefactor y reducir el ISR, lograr un mayor libre comercio, una mayor competencia bancaria, y mejorar aún más las regulaciones de negocios.  Con estos cambios Islandia pasaría a lo más selecto de la libertad económica.

Por Victor H. Becerra y Miguel A. Cervantes

Fuente: https://independent.typepad.com/

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