Este joven analista político venezolano nos aproxima a entender cómo uno de los países más pequeños del continente logró convertir sus debilidades en las claves de su fortaleza. 

José Ponte Rangel es un caraqueño criado en Margarita pero finalmente formado en los Andes venezolanos. En la Universidad Católica del Táchira se hizo licenciado en Ciencias Políticas y se aventuró en el mundo de la dirigencia estudiantil.  

Desde hace casi 6 años vive en Argentina, país en el que obtuvo una maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de La Plata. 

En su vida académica, se dio cuenta que en el país austral “se ha construido, culturalmente una estructura de adoctrinamiento social, que habla de derechos y de una falsa igualdad”.  

Esa disonancia de esa “izquierda caviar”, Ponte la ilustra diciendo: “escriben desde una MacBook Pro sus ensayos explicando cómo el neoliberalismo le quita derechos a los pobres”. 

Ese hartazgo lo llevó a buscar otros espacios en los que encontró personas con ideas claras sobre los terribles resultados del populismo y el socialismo.  

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Se convirtió entonces en miembro del Grupo Joven del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales y también de la Fundación Rioplatense de Estudios (FREE). Esta última organización tiene bases en Argentina y en Uruguay, países en cuyas diferencias centramos parte de la charla.  

¿Por qué Uruguay es tan políticamente diferente de Argentina y del resto de Latinoamérica? 

La diferencia fundamental que hay entre Uruguay, y no solamente con Argentina, es la cultura política. En América Latina los ciudadanos tienen una percepción negativa de lo que es la política y de los políticos. Las evidencias están dadas: en la mayoría de los países de la región la corrupción, demagogia y el populismo caracterizan a los líderes políticos. 

Las ventajas del país pequeño 

Pero puntualmente, explica Ponte, hay algo fundamental que es simple de entender desde el punto de vista geográfico. “Uruguay es un país pequeño que carece de muchísimos recursos. Por esa razón, el estado nunca ha podido ofrecer el asistencialismo de corto plazo que sí ha ofrecido Argentina”.  

Ponte profundiza y dice que en Uruguay no importa que parcialidad política gobierne, ninguna puede ofrecer asistencialismo cortoplacista. 

José Ponte señala que al carecer de otros ingresos que no sean los impuestos, el estado uruguayo es incapaz de ofrecer un asistencialismo paternalista, la marca que distingue a casi todas las democracias latinoamericanas.

En consecuencia, añade, “la cultura del uruguayo siempre ha sido una de trabajo individual y el estado ha tenido que entender que solamente con las inversiones privadas el país puede funcionar. Porque aparte de los impuestos, el estado no tiene otros ingresos”. 

Uruguay no tiene empresas públicas ni tampoco recursos naturales para que el estado genere una renta propia.  

“Uruguay se ha construido casi en un 100% con inversión privada directa o indirecta. El nuevo presidente, Luis Lacalle Pou, quiere seducir a los inversionistas extranjeros para seguir desarrollando el país”. 

El politólogo también destaca el desarrollo democrático del país. “La polarización política prácticamente no existe, hay muchísimo respeto. No se ven las divisiones en la sociedad como en Argentina”.  

Precisamente Argentina, describe Ponte, es lo opuesto. “Un estado gigantesco que se encarga de generar puestos de trabajo que no agilizan la gestión pública, al contrario la hacen más incompetente  y genera una corrupción inmensa”.  

El asistencialismo estatal, destaca, ha permeado a la mayoría de la sociedad y no solo a los que se encuentran en condición de pobreza. En consecuencia, casi todos los argentinos esperan la solución estatal para todos sus problemas.  

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“Es un pensamiento típico de las sociedades latinoamericanas que tienen recursos y que ha instaurado un esquema político que se basa en el paternalismo estatal”, sostiene Ponte. 

Eso es algo que no ha podido practicar nunca Uruguay, contrasta. “Si tienes una sociedad que siempre ha trabajado no va buscar políticos que le ofrezcan cosas gratis. Del otro lado si tienes una sociedad acostumbrada al estado benefactor siempre va buscar políticos que se ajusten a esa línea”. 

Nunca vivir de la política 

La siguiente es una anécdota personal de Ponte que retrata a la perfección el abismo que separa a la cultura política que se pude ver en las dos orillas del río de La Plata:  

Conoció un candidato a edil (el equivalente a un diputado regional en Venezuela) que era un comerciante. En plena campaña electoral, el candidato estaba trabajando en su panadería y su campaña comenzaba cuando el terminaba su jornada laboral. Empezaba a las 8 de la noche porque hasta esa hora trabajaba en su local.  

“A diferencia del resto de América Latina, [el uruguayo] no ve el cargo político como algo de lo que se puede vivir. Y robar. No viven de la política. Para ellos, esa actividad es parte de la participación ciudadana”, dice. 

La mejor prueba de esa cultura es que los ediles no tienen sueldo. Son cargos honorarios que se ejercen durante 5 años.  

La mejor atención a la pandemia

Las diferencias de Uruguay con el resto de la región se hicieron más que evidentes en medio de la pandemia. Es el único país de Suramérica que ha logrado volver a la normalidad casi en todas sus actividades. 

La misma cultura ciudadana del país hizo innecesario la imposición de cuarentenas estrictas.  

“La gente lo entendió por la misma educación que tiene. No es de ahora. “Llama la atención que los políticos quieran cambiar la cultura de la sociedad, tratando de imponer una cuarentena estricta, si es una sociedad indisciplinada, de un día para otro no va a cambiar”, comenta. 

Ponte agrega: “Uruguay nos puede dar ejemplo de civilización, no de civismo. De civilización. El resto de América Latina seguimos siendo repúblicas bananeras. Incluso, lamentablemente, lo hemos visto con Chile en donde gran parte de la sociedad no entendió las transformaciones”. 

Imán para las inversiones  

 El éxito en el manejo de la contingencia del coronavirus, se refleja en que los uruguayos son los únicos latinoamericanos con permiso para viajar a la Unión Europea. Además, con previsiones, muchos colegios volvieron a recibir alumnos en sus aulas. 

“Tengo un amigo en el departamento de Maldonado, donde está Punta del Este, es profesor de una escuela secundaria, y está dando clases por turnos. Es decir, si el salón tiene 40 personas, un día van 20 y al otro día van los otros 20. Han vuelto a la vida normal y manejan una gran proyección de inversiones para el año que viene.  

“Uruguay.ofrece incentivos fiscales, una economía estable en donde no hay una devaluación galopante como en Argentina e incluso México. Así que se proyecta como un país con un gran futuro.

A cambio, por el país que tienen, los uruguayos tienen que pagar un precio muy alto, literalmente. Al no poder ofrecer subsidios a servicios públicos, por ejemplo, el costo de la vida en Uruguay es el más alto de la región.

Entrevista realizada por Humberto Andrade, chief Editor de Econintech.org