Las reglas de juego venezolanas convierten al Estado en un botín

Venezuela es un país curioso. Dirige su destino un mesiánico dictador que convierte en barro y hambre todo lo que toca. Hasta su historia carga con un lastre peligroso: ni siquiera en el pasado Venezuela fue una oportunidad o una esperanza de república próspera. “Érase una vez un país que se creía rico”. Así comenzó su cátedra Alonso Dominguez profesor titular de la Universidad Central de Venezuela y analista político.

Dominguez fue el orador de la nueva presentación de Cátedra Naumann, el evento organizado por Fundación Naumann, UCEMA y la colaboración de CEDICE. El profesor titular de la Universidad Central de Venezuela y director ejecutivo de la Asociación Liderazgo y Pasión desmitificó la supuesta riqueza que tenía el país bajo su suelo.

Los venezolanos han mantenido durante mucho tiempo la convicción de que son una sociedad rica. Se ven a ellos mismos como ciudadanos de un país asentado sobre esplendidas minas y yacimientos petrolíferos. Pero en realidad, comentó el expositor, Venezuela era una nación pobre“.

Dominguez explicó que hasta 1920 era uno de los países con mayores índices de pobreza de América Latina, su población era escasa y en su mayoría, analfabeta. Muchas enfermedades endémicas se llevaban consigo gran parte de la población económicamente activa. Por otro lado, la sociedad era en su mayoría rural y de instituciones precarias.

Hasta que brotó maná de la tierra: el petróleo. Llegó la esperanza y los proyectos de cambio para todos los venezolanos.

“Los venezolanos comenzaron a aspirar, no sin razón, a cambiar su suerte”,sostuvo Dominguez. Venezuela comenzó a construir carreteras, a mejorar sus niveles de salubridad, a poblar sus ciudades y a unirse territorialmente. Este proceso de modernización tecnológica vino acompañado de un proceso de democratización.
“Quisimos sembrar el petróleo” resaltó el orador.

Venezuela creó una infraestructura industrial y agrícola que le permitió desarrollar las distintas áreas de su economía a partir de la renta generada por la extracción petrolera. Se convirtió entonces, en un país petrolero. Este modelo presentó ciertas dificultades conocidas por sus amigos latinoamericanos; Argentina y Brasil principalmente.

La idea de la sustitución de importaciones aparejada por una economía industrial integrada con una capacidad exportadora importante destruyó toda ilusión de progreso. Esto fue así dado que las empresas venezolanas no lograron integrarse a los mercados internacionales porque no eran competitivas. Por ende, se desarrolló una economía que quedaba protegida por la renta petrolera.
Hacia 1989 Venezuela intentó corregir el rumbo. “Se instauró un ambicioso programa de reformas estructurales que buscaba profundizar la democracia, promover la descentralización y colocar a la economía en una ruta de crecimiento sano y sostenido” comentó Dominguez. El esfuerzo habría de durar poco. Tres años más tarde, los sostenidos intentos de Golpe de Estado desviaron nuevamente a Venezuela de su sueño de progreso. Es posible comprender esta idea a través de la siguiente frase del expositor Alonso:“la aspiración de cambio fue traicionada por la profunda crisis política”.

Allí donde el petróleo sembró esperanza, Chávez cosechó miserias.

Domínguez definió “la tormenta perfecta”. Considera, al igual que muchos especialistas en el campo, que el éxito económico de los primeros años del gobierno de Hugo Chávez no se debió a su figura carismática ni mucho menos a sus políticas económicas. Lo que ocurrió, fue simplemente que la extracción petrolera en la región se encontraba en pleno auge y consecuentemente el nivel de vida se habría elevado. “La nación venezolana hundía sus raíces en un boom petrolero extraordinario” comentó Alonso.

Años más tarde, Venezuela se encontraba en caída libre debido al uso de las instituciones estatales para repartir la riqueza generada por los yacimientos petrolíferos. Mientras que en otras sociedades, las instituciones y normas incentivan a la generación de riqueza, las instituciones venezolanas han estado centradas en distribuir la renta petrolera a través de beneficios y favores para algunos privilegiados y grupos de interés. “Las reglas de juego venezolanas convierten al Estado en un botín y a la sociedad en depredadora” agregó el expositor.

Venezuela ha sido pues, un “Petro-estado”. Sesgado por la riqueza petrolera, ha descuidado sus funciones mas importantes. Se ha ocupado meramente el Estado venezolano de crear empresas estatales, de otorgar créditos y de aumentar la nómina publica en vez de ocuparse de atender debidamente la seguridad, educación y la salud de sus habitantes. Esto ha afectado de manera particular a los más pobres. La incapacidad de estos de actuar como grupos de interés es una de las formas que adopta la exclusión social de una Petro-nación.

Domínguez fue presentado por Rocío Guijarro, de CEDICE, y Juan Manuel Agüero, coordinador de proyectos de Fundación Naumann.

Por Camila Barletta

Fuente: https://visionliberal.com.ar/