Steve H. Hanke describe cómo funciona con fluidez, y en ausencia de un banco central, la economía dolarizada de Panamá combinada con su sistema financiero integrado al del resto del mundo.

Los bancos centrales emiten moneda y ejercen amplia discreción en torno a la conducción de la política monetaria. Aunque presentes en todas partes hoy, los bancos centrales son arreglos institucionales relativamente nuevos. En 1900, solo habían 18 bancos centrales en el mundo. Para 1940, 40 países los tenían, y hoy, hay 160. 

Antes del auge de la banca central (el nacionalismo monetario), el mundo estaba dominado por áreas monetarias unificadas, o bloques, el más grande de los cuales era el bloque de la libra esterlina. Ya desde 1937, el gran economista austriaco y ganador del Premio Nobel Friedrich von Hayek advirtió acerca de la moda de la banca central, de que si esta fuese a continuar, conduciría al caos monetario y al esparcimiento de las crisis bancarias. Sus advertencias fueron justificadas. Las crisis monetarias y bancarias han plagado al sistema financiero internacional con cada vez mayor fuerza y frecuencia. De hecho, para la gran mayoría de los países de mercados emergentes con bancos centrales, los flujos de dinero caliente son frecuentes así como también las crisis bancarias domésticas y de tipo de cambio. ¿Qué se puede hacer? 

Las respuesta obvia es que los países vulnerables de países emergentes eliminen sus bancos centrales y monedas domésticas, reemplazándolas con una moneda extranjera fuerte. Hoy, 32 países están “dolarizados” y dependen de una moneda extranjera como moneda de curso legal. 

Panamá, que dolarizó en 1903, ilustra las características importantes de una economía dolarizada. Al unirse el bloque del dólar de EE.UU., Panamá eliminó el riesgo cambiario y la posibilidad de una crisis monetaria en relación del dólar de EE.UU. Además, la posibilidad de crisis bancarias está en gran medida mitigada porque el sistema bancario de Panamá está integrado al sistema financiero del resto del mundo. La naturaleza de los bancos que tienen licencias generales proveen la clave para entender cómo el sistema integral funciona de manera fluida. Cuando las carteras de estos bancos están en equilibrio, a ellos les resulta indiferente, en el margen, desplegar su liquidez (prestando o pidiendo prestado) en el mercado doméstico o hacerlo en el extranjero. Conforme la liquidez (el potencial de creación de crédito) de estos bancos cambia, ellos evalúan las tasas de retorno ajustadas al riesgo tanto en el mercado doméstico como en el internacional y ajustan sus carteras consecuentemente. La liquidez en exceso es desplegada a nivel doméstico si los retornos ajustados para el riesgo a nivel local exceden aquellos en el mercado internacional. Es desplegada a nivel internacional si los retornos ajustados para el riesgo en el mercado internacional exceden aquellos del mercado doméstico. Este proceso se pone en reversa cuando los déficits de liquidez surgen en los bancos panameños.

El ajuste de las carteras de los bancos es el mecanismo que permite que haya un flujo sin contratiempos de la liquidez (y el crédito) hacia y desde el sistema bancario (y la economía). En pocas palabras, los excesos o déficits de liquidez en el sistema son rápidamente eliminados porque a los bancos les da igual si desplegar su liquidez en el mercado doméstico o internacional. Panamá puede ser visto como un pequeño lago conectado a través de sus sistema bancario a un gigantesco océano internacional de liquidez. Entre otras cosas, esta estructura hace que la función tradicional de prestamista de última instancia desempeñada por los bancos centrales sea innecesaria. Cuando las tasas de retorno ajustadas para el riesgo en Panamá exceden aquellas en el exterior, Panamá se nutre del océano internacional de liquidez, y cuando los retornos en el exterior exceden aquellos de Panamá, Panamá agrega liquidez (crédito) al océano en el extranjero.

Para continuar la analogía, el sistema bancario de Panamá actúa como el Canal de Panamá para mantener los niveles de agua entre dos cuerpos de agua en equilibrio. No debería sorprender que con este algo grado de integración financiera, prácticamente no hay correlación entre el nivel del crédito concedido a los panameños y los depósitos en Panamá. El resultado del sistema monetario dolarizado de Panamá y de un sistema financiero internacionalmente integrado han sido excelentes cuando se los compara con otros países de mercados emergentes:

  • Las tasas de interés son similares a aquellas de los mercados mundiales, ajustadas para los costos de transacción y el riesgo.
  • Las tasas de inflación han sido ligeramente más bajas que aquellas de EE.UU.
  • El tipo de cambio real de Panamá ha sido muy estable y ha estado en una tendencia a la depreciación en relación a EE.UU.
  • El sistema bancario de Panamá, que opera sin un banco central como prestamista de última instancia, ha demostrado ser extremadamente resiliente. De hecho, ha sobrellevado una importante crisis política entre Panamá y EE.UU. en 1988 y logró una sólida recuperación para principios del 2000.

Los países de mercados emergentes deberían seguir el ejemplo de Panamá y “dolarizar”. La mayoría de los bancos centrales en los países emergentes producen monedas basura, crisis bancarias, inestabilidad, y miseria económica. Estos bancos centrales deberían haber sido clausurados y colocados en un museo hace mucho tiempo.

Por Steve H. Hanke

Fuente: https://www.elcato.org/