Lo expresado en este artículo es opinión de su autor; no necesariamente refleja la postura de Econintech.

En estos momentos de total zozobra, por la pandemia producida por el coronavirus que nos va a llevar, pareciera,  a una cuarentena perpetua, no nos queda de otra sino pensar que se trata de una película de ciencia-ficción, pero también se le puede relacionar con algunos cuentos, en este caso vamos a hacerlo con uno de Hans Christian Andersen de 1837, nos referiremos a “El  traje nuevo del Emperador”.

El cuento se trata de un rey que era muy acucioso en todo, en especial en una cosa: se preocupaba mucho por su vestuario. Un día oyó a un par de sastres decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar. Esta prenda, enfatizaron, tenía la especial capacidad de ser invisible para cualquier estúpido o incapaz para su cargo. Por supuesto, no había prenda alguna sino que los pícaros hacían parecer que trabajaban en la confección del traje, sólo para quedarse con los costosos materiales que solicitaban para tal fin.

El rey, sintiéndose angustiado acerca de si él mismo sería capaz de ver la prenda o no, envió primero a dos de sus hombres de confianza a verlo. Evidentemente, ninguno de los dos admitieron que eran incapaces de ver la prenda y comenzaron a alabarla. La noticia se regó como polvorín por toda la ciudad, ya pronto se había oído hablar del fabuloso traje y cada ciudadano estaba deseando comprobar cuán estúpido era su vecino.

El día del estreno. Los estafadores simularon que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en su desfile, sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla. Toda la gente del pueblo enalteció el traje, temerosa de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo: ¡Pero si va desnudo!  La gente empezó a murmurar la frase hasta que toda la multitud gritó que el emperador, verdaderamente, iba desnudo. El emperador escucho y supo que tenían razón, pero levantó la cabeza y terminó el desfile. Y así el cuento.

Pero, el nuestro no termina aquí. En relación con el Covid -19 y contrario al cuento, la pandemia es una realidad, aunque al coronavirus no lo podamos ver éste existe, ha acabado con la vida de, hasta el momento de escribirse éste artículo, más de un millón a nivel planetario, y ya se perfila como un cataclismo.

Muchos se hacen preguntas ¿Será que esto del coronavirus es cierto? ¿Conoce a alguien que se contagió o haya muerto a causa de él? 

Como decimos, contrario a esto, es decir,  en el relato el traje era una farsa, el hombre anduvo desnudo por engaño, pero el coronavirus no lo es, lo han pensado muchos así.

Más aun, muchas personas dudan de lo que ésta pasando y no advierten del peligro que afrontan, no acatan las medidas sugeridas para evitar el contagio, son agentes potenciales de propagación. Prácticamente van desnudos hacia una verdad que no quieren ver. Pareciera que están esperando que el mal toque sus puertas.

Adicional a eso, la mayoría de los países, por no decir todos, la información que suministran a sus ciudadanos es deficiente en relación a las estadísticas reales, se aprecia en las declaraciones oficiales que sus gobiernos se encuentran en una competencia por ser los mejores en combatir el virus como si se tratara de ganar popularidad y por tanto preferencia política, hasta han tomado el asunto como campaña electoral.

Como Ejemplo y para concluir, en Venezuela el gobierno ha establecido unas elecciones para fin de año, y “El traje del Emperador” le cae como anillo al dedo, es decir, han colocado un velo al tema del coronavirus pues ¿quién saldrá a votar en condiciones en que la gente debe mantener aislamiento social? 

Además, la comunicación que emiten es favorable en sus estadísticas en relación a países vecinos como Colombia, Brasil, Chile, entre otros, alegando que el sistema de salud venezolano está mejor preparado o dotado que aquellos, voten por el benefactor pues.

Por Econ. Juan Carlos Correa