Los fracasos de la intervención estatal en la economía son una bofetada diaria para los venezolanos, pero el daño ambiental causado con la minería en Bolívar durará por generaciones.

La nacionalización de los recursos naturales no ha dejado ningún saldo positivo en Venezuela. Nunca. 

Cada vez que el estado se ha apoderado de algún sector, para explotarlo con exclusividad, las cosas no salen bien. La destrucción ambiental, la descomposición social y la violencia sin freno que se viven en el estado Bolívar, en el llamado Arco Minero, son un ejemplo de eso.

El más reciente informe elaborado por la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, abunda en detalles de lo que sucede en el estado Bolívar. El impacto que la minería poco tecnificada y en mano de grupos criminales ha generado sobre la ecología es, virtualmente, irreversible.

DE INTERÉS: ¿Por qué Trump es un muro de contención al socialismo?

¿Y cómo empezó todo eso? Por la nacionalización de toda la actividad minera. El informe de la ONU lo ubica precisamente en el tiempo. En el reporte se explica que la actividad minera ilegal se registra en el estado Bolívar desde hace 20 años. 

Pero  “la presencia de grupos criminales en las actividades mineras se ha hecho más visible desde 2011, cuando se puso fin a las concesiones de las que se beneficiaban las empresas mineras extranjeras”, detalla el informe.

Ese año, Chávez promulgó un decreto en el cual se nacionalizó toda la actividad minera. La empresa Minerven quedó a cargo de organizar toda la actividad de extracción principalmente de oro. Pero en la zona del Arco Minero también se extrae coltán y otros minerales de gran importancia en los mercados extranjeros.

El infierno de las minas

Los grupos criminales ejercen violencia brutal sobre las poblaciones asociadas a las minas. Esas bandas (que se llaman sindicatos porque se originaron de organizaciones gremiales), reproducen el modelo del «pranato». Son estructuras criminales sometidas a un «jefe o pran» que impone sus órdenes y controla actividades ilícitas dentro y fuera de las minas.

Deciden quién entra y sale de las minas. Imponen reglas y aplican castigos físicos crueles a quienes las rompen. Sacan beneficios económicos de todas las actividades en las zonas mineras, incluso recurriendo a prácticas de extorsión a cambio de protección.

Las poblaciones indígenas han visto su medio ambiente deteriorarse. De esa forma pierden su capacidad de mantener sus estilos de vida tradicionales y eventualmente terminan convirtiéndose en mineros al servicios de las mafias.

Una mina abandonada en el río Caroní. La minería ilegal causa daños ambientales irreversibles por el uso indiscriminado del mercurio. Foto: SOS Orinioo.

DE INTERES: Luis Cirocco: Tenemos seis décadas de socialismo en Venezuela

La presencia militar en la zona, que es abundante, no hace nada para mitigar la violencia contra la población. Al contrario, los efectivos militares forman parte de los grupos que sacan beneficio de la destrucción.

Pero en Venezuela todavía imperan las voces que favorecen la nacionalización de recursos naturales y la intervención del estado como un actor fundamental de la economía. Y eso en toda la amplitud del espectro político. De izquierda a izquierda, como apuntaba certeramente Carlos Rangel. 

Por eso la propuesta de Econintech es siempre apostar a la propiedad privada sobre TODOS los medios de producción. Como se recoge en el libro Prosperidad y Libertad. En ese libro se detalla una propuesta que permitiría la explotación del petróleo por parte de compañías privadas que entregarían los dividendos a la ciudadanía.

Como ha indicado el economista Hugo Faría, los estados deben ser despojados de su independencia fiscal. En ese característica se encuentra todo el germen de las tiranías. Y también de la pobreza.

Una mentalidad deformada

Sesenta años de políticas socialistas, igualitaristas, destinada a redistribuir una renta que nadie se preocupa en generar han culminado por acabar con el país. En la década de 1990, el intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri, señalaba cada vez que podía los peligros de que en Venezuela  la nación vivía del estado. 

Uslar denunciaba que el pensamiento general era que el estado dueño del petróleo tenía recursos ilimitados . “Eso distorsionó la mentalidad” y se convirtió en algo insostenible.

Hoy, al menos 5 millones de venezolanos han abandonado el país, buscando mejores condiciones de vida y escapando de la pesadilla del socialismo del siglo XXI.

Deja una respuesta