Lo expresado en este artículo es opinión de su autor; no necesariamente refleja la postura de Econintech.

Desde hace algunos años nuestro equipo de trabajo se ha dedicado fervientemente a promover el emprendimiento en distintos sectores y comunidades del estado Lara, en Venezuela, son muchas la experiencias vividas en barrios, pueblos, caseríos, universidades, liceos y escuelas con una sola misión: oír a la gente para buscar la forma de orientarles en sus ideas, en sus sueños y en sus esperanzas. Se además, que tal vez muchas de las personas atendidas no han logrado despegar y es probable que ni siquiera lo hayan intentado, pero, mientras exista alguien que  experimente la sensación de hacer algo, de crear y de arrancar, nos da la esperanza en apostar por una sociedad libre y con una  mejor calidad de vida.

Es por eso, que durante los últimos  años hemos compartido junto a Econintech el desarrollo de  proyectos de extensión en la UCLA, creados con la intensión de realizar una cantidad de eventos llenos de pasión, compartiendo con jóvenes y adultos que buscan procesos innovadores. Debo confesar que cuando se debatía sobre el futuro del país, era muy común escuchar en jóvenes manifestaciones y ansias por querer partir  en busca de ilusiones. En aquellos eventos: Joven empresario, La alegría de emprender, Aprende y emprende; Pequeños negocios grandes ideas; Por qué emprender, entre otros, era frecuente escuchar  “aquí no hay vida, me voy al sur” mientras nosotros manteníamos la fe  como una fuente inagotable de posibilidades. “Emprendan, vamos, vamos, comiencen con una idea.” Era nuestro más sencillo aporte a la vida misma.

Ahora bien, cuando en días recientes decidimos hacer el evento “Emprendiendo en la tormenta” para intentar evaluar cómo viven los estudiantes del Decanato de Ciencias de la UCLA estos duros momentos que atraviesa la humanidad,  tomando en cuenta la situación originada por el Coronavirus y la pandemia mundial que puso en jaque a las economías  a nivel global, pensando en lo que pasa por la mente de nuestros jóvenes luego de tres largos meses de confinamiento  y extrañas cuarentenas, imaginamos a  estudiantes amargados, desorientados y desesperanzados. Pero no fue así.

Para tal efecto, preparamos el caso de estudio “La familia Pérez Gil busca opciones” dónde se describe una situación que quizás  estén viviendo muchas familias en la Venezuela de hoy, como base para abrir un extraño debate a través de llamadas telefónicas, analizando el comportamiento de los distintos personajes que se mencionan en el citado caso, es decir de los padres y de los tres hijos, que aun cuando son del mismo hogar tienen visiones y maneras diferentes de percibir la vida. En vista de esto, nos trazamos como meta fundamental escuchar a los jóvenes, para entender lo que sienten, determinar si observan posibilidades de emprender en Venezuela, para comprender sus sueños y sus orientaciones, que permitan definir planes de trabajos futuros en favor del desarrollo del espíritu emprendedor que tanta falta hace en nuestra patria.

Ahora bien, una vez realizada esta maravillosa actividad, que nos consumió gran parte del aquel viernes 10 de julio, podemos concluir que la mayoría de los participantes no desea irse del país, por el contrario, prefieren intentar por sobre toda las cosas, culminar sus estudios universitarios para poder pensar en otra opción. Del mismo modo, a pesar de la grave situación económica que vivimos, que se ha agravado significativamente con los efectos del Covid19, los estudiantes consideran que se puede emprender en Venezuela, siempre  y cuando, se analice con detenimiento algunas actividades que parecen estar más estables, mencionando la relacionada con la ventas de víveres y alimentos y las que tienen referencia al comercio de equipos tecnológicos y electrónicos. Si bien es cierto que,  se pone de manifiestos un ligero temor por el pensar que la situación en el país pueda complicarse, los participantes consideran que es necesario seguir luchando por tratar de ayudar a las ya golpeadas economías familiares, pues están conscientes que ya no pueden depender de la ayuda financiera de sus padres.

Para finalizar, se puede mencionar que aun cuando los jóvenes anhelan la libertad y la independencia por decidir su propio futuro,  pueden tolerar la intervención de los padres en sus orientaciones, evitando que ésta les quite las ganas de volar. Por lo antes expuesto, considero muy significativo el aprendizaje que nos dejó esta maravillosa actividad, la cual nos obliga a reflexionar cada día en busca de nuevas formas de enseñar y de orientar a los jóvenes en su pasión por emprender. Sigamos adelante por un mundo mejor.

Por Prof. Joel Alberto Torrez

Bibliografía    

Torrez,  J. (2011) El estudio de casos como estrategia didáctica. Ucla. Trabajo de ascenso. 

Timmons j. y Spinelli S. (2007). New Venture Creation. Entrepreneurship for 21st Century. McGraw-Hill.