El fracaso de otro experimento colectivista soviético que se extiende hasta hoy.

En San Petersburgo al menos 500.000 personas viven hacinadas en apartamentos comunales. Lo que alguna vez fueron joyas arquitectónicas, las mansiones de la clase alta de la época de los zares, son ahora lugares de contagio del coronavairus.

Hasta grupos de 20 personas, a menudo de una misma familia pero no siempre es el caso, comparten uno de estos apartamentos comunales. Aunque cada grupo tiene su propia habitación, todos usan el mismo baño y la misma cocina.

La crisis de la COVID-19 sólo ha empeorado las condiciones de vida en estos lugares infestados de problemas y de cucarachas.

Antes de la pandemia, solamente convivir era un suplicio. Rusia es el tercer país con más contagiados en el mundo y enfrenta una grave crisis con 537 mil contagiados.

Quiten la pandemia y estos apartamentos comunales son igual un infierno en el que vivir. Lugares húmedos, oscuros y llenos de pulgas.

La COVID-19 ha agregado una paranoia adicional a los atribulados ocupantes de los apartamentos comunales.

Poco queda del antiguo lujo de estas mansiones pre soviéticas. (Foto: The New York Times)

Escuchar a alguien tosiendo puede ser un detonante de un conflicto. Si alguien se atreve a decir algo se arriesgaría a ganarse un enemigo.

Las condiciones de vida imponen resguardar con gran celo la poca privacidad que existe en el lugar y no se toleran las intromisiones en la vida ajena.

La doctora Anzhela Kirilova atiende a pacientes de COVID-19 en un hospital. La sugirió a sus compañeros de apartamento que usaran tapabocas en las áreas comunes.

“Me dijeron: no nos importa, vamos a hacer lo que queramos”, contó la doctora.

Un paraíso para el coronavirus

Así son las condiciones de estos lugares en los que 10% de la población de San Petersburgo vive en insalubres condiciones.

  • Son lugares húmedos y oscuros con cables que cuelgan y papel tapiz que se cae. Pero todavía conservan algunos detalles de su antiguo esplendor de palacio. o de parqué y las molduras.
  • La ausencia de privacidad hace que todos sospechen de todos y las riñas son comunes.
  • A menudo hay acusaciones de robo entre los que comparten un apartamento. O se cree que husmean unos en las cosas de otros.
  • Es común que cada grupo familiar use sus propios asientos para el inodoro, los mantienen colgados en la pared y los bajan para usarlos sobre la taza. Entre grupos amigos se comparte el asiento, lo que se convierte en un gesto de confianza y amistad.
  • Los platos sucios, el ruido y el desorden también son causa habitual para desencuentros entre los vecinos.

No existen cifras sobre como son los contagios en estos complejos habitacionales pero la preocupación de sus habitantes es grande pues el distanciamiento social es una quimera allí.

Los experimentos de ingeniería social, como fue convertir estos antiguos palacios en viviendas para el pueblo, siempre tienen consecuencias desastrosas. En estos espacios todavía está por verse lo peor.

Hermosos palacios dilapidados en la era soviética. Foto: The New York Times

Equipo de Redacción. Econintech.org

Con información de The New York Times
Crédito de fotos: The New York Times