Las medidas de aislamiento continúan en el país austral agravando la crisis económica.

“¿Qué me importa cuánto dura la cuarentena?”. “La cuarentena va a durar lo que tenga que durar para que los argentinos no se mueran”. Dos frases que ayudan a entender el rumbo en el que se empeña el gobierno argentino para contener el coronavirus con una cuarentena que llegará a los 78 días, casi a la par de la provincia china de Hubei, en donde se originó la pandemia que según las cifras del Partido Comunista Chino, la Covid-19 cobró la vida de 3212 personas.

El sábado pasado, el presidente argentino habló y extendió el llamado aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) hasta el próximo 7 de junio, reactivando restricciones que habían sido levantadas en algunos sectores del comercio, en el Área Metropolitana de Buenos Aires y dijo algo que luego reiteró mientras era entrevistado en televisión: “No es verdad que si abrimos la cuarentena, la economía se vuelve próspera”. Y agregó:”El problema de la economía no es la cuarentena, es la pandemia”.

Antes ya Fernández había pedido que no lo “corrieran” con la economía”. Es claro que el mensaje que quiere transmitir el presidente es que la economía no es una prioridad, que la prioridad es la salud, como si ambas cosas fueran mutuamente excluyentes. Pero al mismo tiempo, el presidente argentino está tratando de sacar a su país del default en el que “técnicamente” se encuentra y quizás, al igual que Trump, su principal preocupación debería ser cómo lograr reactivar la economía lo antes posible porque tal como van las cosas las previsiones que se tienen para el país son desalentadoras.

En un informe del Bank of America, entidad financiera que asesora al gobierno de Fernández en la renegociación de la deuda, se prevé una contracción del PIB por el orden del 7%, con una inflación mensual de 4% una vez que se levanten las medidas de aislamiento para terminar el año con 45% de inflación. La apertura de la economía será mucho más lenta de lo pensado, agrega el reporte que también contempla que la política monetaria expansiva y en general el paquete de medidas fiscales podría ocasionar una mayor devaluación del peso y un déficit fiscal que subiría al 4,6% del PBI, lo que profundizaría aún más la recesión. La producción fabril, informó la Unión Industrial Argentina , alcanzó en marzo su mínima expresión en 25 años y en el primer trimestre se contrajo casi en un 5% con respecto al mismo período de 2019. Y ese año ya había sufrido un retroceso considerable con respecto a 2018.

Alberto contra el mundo

Y además de los acreedores, el presidente Fernández abre nuevos frentes de lucha así sea solo en el campo de las declaraciones. Primero fue Suecia y en esta ocasión le tocó a Chile darse por aludido por las palabras de Fernández pues en los gráficos empleados para ilustrar la tasa de mortalidad del coronavirus en la región, el Ministerio de Salud erró los números al indicar que la incidencia de casos se contaba por cada 100.000 habitantes, en lugar de especificar que las cifra presentada correspondía a una incidencia por cada millón de habitantes. Es decir, según el gráfico, Chile debería tener 17.712 muertes, y tenía 673.

Aunque el Ministerio de Salud se disculpó por el error al día siguiente, durante la rueda de prensa ofrecida por el presidente nadie atinó a hacerle ver la falta en el momento, así que el mensaje se transmitió claro: el mundo está incendiado excepto Argentina en donde se aisló a la población a tiempo. La exaltación de la medida de aislamiento, la cuarentena como el gran remedio. Y para ello conviene pintar la situación en el resto del mundo como caótica para justificar una medida que tantos efectos perjudiciales tiene.

Pero hay clara evidencia de que los lockdowns, los aislamientos, no funcionan para evitar que el virus se transmita. En un artículo publicado en The Lancet, el epidemiólogo sueco Johan Giesecke, escribió que no hay evidencia de que esa medida logre evitar los contagios, a lo sumo los pospone y da tiempo para prepararse, pero eventualmente, el coronavirus terminan llegando a una gran proporción de la población.

Giesecke explicaba que si bien Suecia, con su política “relajada” de distanciamiento social, tenía menos casos que sus vecinos Noruega, Finlandia y Dinamarca, la tasa de mortalidad del virus seguía siendo menor que países como España o el Reino Unido, que aplicaron estrictos aislamientos. “…nuestra más importante tarea no es detener los contagios, eso es inútil, en lo que nos debemos concentrar es dar un óptimo cuidado a las desafortunadas víctimas”, concluía Giesecke.

Humberto Andrade es Chief Editor de Econintech.org

Crédito de la foto: Diputados Bonaerenses