Lo expresado en este artículo es opinión de su autor; no necesariamente refleja la postura de Econintech.

Exceptuando a los especialistas en lenguaje e investigadores  de esta área del conocimiento, la mayoría de los educadores y profesionales de otras ramas, manejamos la motivación como una variable interna, propia de la persona. Se piensa en ella como el conjunto de pensamientos que provocan sentimientos, emociones, anhelos por lograr una meta específica, realista  y que al final mueve al individuo a la acción. Creo, pocos consideran el lenguaje como una variable motivacional. Muchos percibimos y evidenciamos, en mi caso durante mi experiencia docente,  la importancia del lenguaje en el éxito o fracaso de las actividades escolares, universitarias y laborales. Pero, no pensamos en él como la poderosa variable motivacional externa  que es, al afectar el autoconcepto y la conducta de las personas, en forma positiva o negativa, según sea la evaluación que se reciba de parte de los oyentes, por el  lenguaje empleado en diferentes situaciones sociales.

Debo admitir que lo que inicié como una simple revisión sobre lo que implica el lenguaje, en términos de Grado de Elaboración Lingüística, me ha llevado a continuar indagando sobre la multiplicidad de roles que tiene esta herramienta. Su desarrollo, enriquecimiento y uso eficiente debe ser de interés,  preocupación y responsabilidad para padres, educadores y sociedad en general. Por ello, estoy compartiendo aspectos del rol del lenguaje como variable motivacional, producto de la lectura del Cap. 5 del libro Lenguaje y Eficiencia Personal de Morales de Romero, N.M  (1992).

Allí se expresa que el lenguaje no sólo es una herramienta comunicacional. Es también una carta de presentación del hablante, que permite caracterizarlo desde diferentes parámetros, entre los que se incluye no sólo el lingüístico, sino también el social, psicológico, geográfico y hasta racial. Llegando en algunos casos a señalarse características no  evidentes. Este  es el caso de los resultados obtenidos en un Taller, donde los participantes oyen una grabación de dos personas hablando sobre el mismo tema. Una con un lenguaje de baja elaboración lingüística y la otra con mayor elaboración. Al evaluarlas desde el punto de vista lingüístico, psicológico y social, los resultados fueron: la primera fue considerada como de “oficios domésticos, de raza negra o mulata, con segundo grado de educación primaria, , andina o colombiana, vieja, de clase baja, poco inteligente, desorganizada, inconsistente, de lenguaje pobre, incompleto, vulgar, enredado, vacío” (p.59). La segunda persona fue caracterizada como “profesional, blanca, de educación media o universitaria, de la región central, joven, de clase media, inteligente, crítica, aguda, observadora, analítica, de lenguaje fluido, culto, claro, directo, rico” (p.59).

Es notorio como un lenguaje de alta elaboración recibe  una evaluación positiva mientras que el de baja elaboración una evaluación negativa. Como es de suponer, el ser humano es sensible a ello.  Es en este momento, expresa Morales de Romero, N.M.  Cuando el Grado de Elaboración Lingüística se convierte en una variable motivacional externa. Según el feedback que el hablante reciba de su(s) oyente(s) en las diferentes situaciones, ya sea en términos de lenguaje verbal  o no verbal, como gestos, expresiones, movimientos corporales, será su reacción.

Una evaluación positiva hará que la persona se valore, se sienta competente y continúe en sus actividades, rindiendo lo mejor posible. Será una persona rendidora.  Para la persona que recibe una evaluación negativa, una y muchas veces, de diferentes oyentes y en diferentes situaciones la situación no es fácil. Ellas tienden a conceptualizarse negativamente, a sentirse poco competentes y con falta de autodeterminación para emprender las acciones. Será una persona subrendidora.

Para lograr que un país se enrumbe hacia el desarrollo, obviamente se necesitan personas rendidoras, con alta autoestima, competentes, con autodeterminación para emprender acciones. Por ello, considero que padres, educadores, profesionales de todas las especialidades y sociedad en general debemos trabajar, primero, en mejorar  nuestro propio grado de elaboración lingüística, para luego, promover y desarrollar en nuestros niños, jóvenes y adultos  esta poderosa herramienta comunicacional y motivacional, de la cual depende no solo el éxito o fracaso del ser humano en sus diferentes actividades   sino también el desarrollo de un país.

Por Neley Rueda Ramírez, PhD