Acceso a información y entretenimiento de los venezolanos se reduce en medio de una crisis que combina pandemia, colapso eléctrico y falta de gasolina.

AT&T sorprendió a todos en Venezuela este martes informando sobre el cierre de sus operaciones en en ese país afectando a miles de suscriptores. El gigante de las telecomunicaciones norteamericano, propietario también del conglomerado WarnerMedia, alegó la incompatibilidad de las disposiciones legales tanto en EE.UU. como en Venezuela para poder continuar ofreciendo sus servicios en la nación suramericana.

Las sanciones de las que son objeto los canales Globovisión y petrolera estatal Venezolana PDVSA , la cual posee un canal de televisión integrado en la oferta de Direct TV, hacían imposible que la prestadora de servicios continuara ofreciendo a ambas estaciones en su parrilla de canales. Pero, debido a la legislación venezolana, Direct TV debía obligatoriamente incluirlos para poder operar en Venezuela.

Según se difundió en un comunicado al público venezolano la decisión con efecto inmediato fue tomada por la directiva del grupo en Estados Unidos y en ella no tuvo participación o conocimiento previo del equipo de DIRECTV en Venezuela.

Cientos de miles de hogares en Venezuela perdieron una fuente de información y entretenimiento solo porque dos canales, con una audiencia que fácilmente puede calificarse como insignificante no podían ser excluidos. Este tipo de legislaciones destinadas a favorecer a una industria cultural local incapaz de ganar por si misma el reconocimiento de la audiencia es otra forma de proteccionismo que paraliza e incapacita a las economías de los llamados países emergentes.

Por lo general, los países que aplican medidas proteccionistas castigan a sus propios ciudadanos obligándoles a pagar más caros los mismos bienes y servicios (a veces incluso con menor calidad) que se consiguen a menores precios en el mercado internacional.

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