La pandemia ha puesto en evidencia la debilidad de los Estados Unidos en cuanto a su dependencia manufacturera con respecto a China pero América Latina está lista para asumir el reto de ser una región competitiva.

Estados Unidos y China habían empezado a resolver la guerra de aranceles que mantenían desde la llegada de Donald Trump al poder y la pandemia llegó para acabar con eso también. La guerra de declaraciones en la que voceros como el secretario de Estado Mike Pompeo han señalado la negligencia China para contener el virus ha escalado hasta que el mismo Donald Trump ha dicho estar dispuesto a cortar toda relación con China.

Si bien son comentarios hechos en el contexto de un año electoral en los Estados Unidos, funcionarios de la administración Trump han asegurado que ese gobierno busca formas para sacar cadenas de suministro de China.

“Hemos estado trabajado en (reducir la dependencia de nuestras cadenas de suministro en China) en los últimos años pero ahora estamos turbo charging esa iniciativa”, dijo a Reuters Keith Krach , subsecretario para Crecimiento Económico y Ambiente en el Departamento de Estado. “Creo que es esencial entender dónde están las áreas críticas y donde existen cuellos de botella”, agregó.

El Departamento de Comercio, el de Estado y otras agencias de los Estados Unidos buscarían formas de impulsar a las compañías a mover sus operaciones fuera de China. Incentivos fiscales y subsidios estarían entre las medidas consideraras para acelerar los cambios. La pandemia favorecería dentro de la administración Trump a aquellos que mantienen posiciones más duras sobre China.

Otras de las medidas que estaría considerando Trump serían sanciones sobre funcionarios o empresas chinas y un mayor acercamiento a Taiwán, que es considerada por Beijing como una provincia rebelde. Aunque, como destaca la nota de Reuters, muchas veces las amenazas de Trump a China no necesariamente se traducen en acciones. Sin embargo, las discusiones para mover las cadenas de suministro fuera de ese país parecen ir muy en serio.

Más cerca de casa

En el mediano plazo el gobierno estadounidense estaría trabajando con países como Australia, India, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Vietnam, para movilizar la economía global, dijo el secretario Pompeo. Funcionarios colombianos también habrían estado en conversaciones con representantes de EE.UU sobre cómo incentivar las compañíias estadounidenses a mudar algunas de sus cadenas de suministro fuera de China y más cerca de casa.

Pero para las compañías estadounidenses no es sencillo darle la espalda a China pues han hecho grandes inversiones en manufactura en ese país y la inmensa población del país representa una gigantesca parte del mercado para muchas de ellas. Aún si se decidieran por mudar sus fábricas fuera de China o buscar proveedores en otros países, eso llevaría algunos años en lograrse.

¿Recuerdan el ALCA?

El Área de Libre Comercio de las Américas era un proyecto ambicioso que habría supuesto un gran mercado de 800 millones de personas y sin duda habría generado inversiones y desarrollo en toda América Latina. Agruparía además de una gran capacidad manufacturera y una gran abundancia de recursos naturales. Ese proyecto, impulsado desde 1990 por los EE.UU. fue abandonado por las naciones de la región que casi en su totalidad decidieron de alguna u otra forma abrazar su propia versión del socialismo bolivariano en la década del 2000.

¿Podría entonces resucitarse esta iniciativa tal cual estaba planteada hace 20 años? Evidentemente que no. El mundo es muy diferente ahora y quién sabe las consecuencias políticas que dejará en cada país el manejo de la crisis del coronoavirus. Pero si la región escuchara y tuviera gobiernos con ideas de políticas económicas claras, aprovecharía este giro que quieren dar los Estados Unidos. Países como Perú, Chile, Ecuador, Uruguay y Brasil podrían atraer inversiones que se van a necesitar luego de la pandemia.

La llamada apertura neoliberal fue vilipendiada aunque rindió ciertos frutos. Tal es el caso de Venezuela, uno de los primeros países que tan pronto como el 1989 intentó, y luego también prontamente abandonó, algunas reformas para liberalizar su economía. Fue una apertura tibia y truncada pero logró que sectores como las telecomunicaciones pasaran en 10 años de un servicio en manos del estado totalmente deficiente y económicamente insostenible a tener un mercado de telecomunicaciones que logró brindar a precios de mercado servicios de telecomunicaciones a la mayoría de la población sosteniéndose únicamente con el dinero que pagaban los suscriptores.

¿Qué habría pasado si lo mismo hubiera sucedido en los otros sectores de la economía? Ese es un interesante ejercicio ucrónico que se puede hacer en otro momento.

Uno de los países en donde más se critican las reformas neoliberales es Argentina porque precisamente ese país vivió una ficción de primer mundo durante los 10 años que duró la paridad cambiaria del peso con el dólar pero inició el nuevo milentio con la gravísima crisis de 2001 en la cual el país cambió de forma profunda política, social y económicamente.

Pero realmente Argentina no aplicó de forma estricta las recomendaciones del Consenso de Washington, la llamada receta neoliberal, hizo todo lo contrario en muchos casos. Durante toda la década de 1990 el país acumuló déficit fiscal, el gobierno endeudó al país muy por encima de su capacidad de pago y además no efectuó otros ajustes necesarios como la fleibilización del mercado laboral y la apertura de la economía con las bajas de aranceles y privatizaciones transparentes para cimentar una economía de mercado. Entonces, en la mente de la ciudadanía el neoliberalismo fracasó cuando en realidad ni siqueira se aplicó, y ha sido la excusa del populismo para empobrecer más a la vapuleada nación.

La oportunidad de volver a ponerse en pie y de hacer de los países latinoameircanos, realmente competitivo sigue allí. Pero los gobernantes de la región, y lo que es peor, las sociedades que los llevan al poder, no están listos para abrazar la libertad económica como única salida a la trampa de pobreza a la que parece irremediablemente condenada.