Lo expresado en este artículo es opinión de su autor; no necesariamente refleja la postura de Econintech.

El tiempo que ésta pasando, a propósito de la pandemia por causa de un supuesto virus renombrado, SARS-CoV-2, y que ocasiona una enfermedad, Coronavirus (covid-19), originado el año 2019 o quizás antes, muchos señalan que fue el producto de la ingesta de unos animales silvestres, como es costumbre de muchos asiáticos, otros especulan que es generado en laboratorios o producto científico.

Ahora bien, sea cual fuere el causante de ésta alarma mundial que afecta la salud de los seres humanos, la misma está dejando estelas de otros males, se han incrementado los problemas sociales, económicos, políticos y hasta psicológicos.

Para muestra un botón, en Venezuela por ejemplo, la educación, el sistema de salud, para nombrar dos aspectos indispensables de la sociedad y que están relacionados con derechos fundamentales de la vida y de cuya información se obtiene de la observación o afectación directa de los que vivimos en éste país. Es decir, por ejemplo la cantidad de protestas por inconformidad en los servicios en éstos renglones es innumerable, y sobre todo ese malestar lo padecemos los que trabajamos en el sector educativo y sumado a eso los que tenemos hijos en cualquiera de las etapas de estudio, los que acudimos a centros de salud por algún motivo, eso es más evidente que realizar encuestas de opinión y que venga un organismo internacional para constatar lo que aquí está ocurriendo, eso es perder más el tiempo, como ven aun el dispositivo (de la bomba) sigue en marcha.

Regresando el reloj, mucho antes de que ocurriese el brote mundial del virus ya conocido, estaba caótico el tema de las escuelas, colegios, clínicas, hospitales, y resto de servicios básicos, independientemente de que las empresas o instituciones fuesen públicas o privadas. Y ¿cuándo empezó todo esto? la pregunta se refiere a la bomba de tiempo del sistema general impuesto en el país, un empeño de gente sin escrúpulos que pensó que hacer bien las cosas era desmontar todo lo existente hasta aquel momento; borrón y cuenta nueva.

La cuenta reciente, no tan reciente porque ya van dos décadas del régimen en el poder, la barrida del andamiaje ya lleva todo ese tiempo y es lo que ya, en parte, estamos contando.

Corriendo la cuenta, el tic tac del reloj no está perdonando ni siquiera a los que tienen el poder de decisión en los organismos de competencia de salud o educativa, ni del resto de dependencias, ni de los que ejercen el poder central, sea interno o externo si nos referimos a sujeción de decisiones de ultramar; Cuba, Rusia o la misma China. En criollo se dice: “El que escupe hacia arriba no se escapa de su propio escupitajo”.

Por lo dicho anteriormente, si la posibilidad de que el virus en cuestión haya sido incubado en algún laboratorio y puesto, deliberadamente, en el ambiente, es motivo de enjuiciamiento a los responsables del aberrante acto. Si por el contrario, fue por un efecto que la naturaleza decidió de que esos animales transmutaran unos elementos y generara como resultado ese virus, fatal para la vida humana, también tiene responsabilidad y recae sobre los que no informaron a tiempo (nuevamente el tic tac se escucha en el relato); culpables por omisión de la noticia.

Análogamente, en éste país los culpables por la bomba de tiempo colocada, a propósito para desmantelar toda estructura que representara la libertad de competencia y otras libertades, deben pagar por el daño causado a su tierra y a sus pobladores, cuyos resultados han sido demoledores.

En fin, la bomba ya se activó, no ha sido una sola, ya son varias, cuente usted la suya, diga dónde la colocaron y cuál será el grado de explosión que generó o puede ocasionar. Aquí ya vemos los destrozos dejados, tic tac tic tac, parece que otra van a dejar.

 

Por Econ. Juan Carlos Correa Ramírez.

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