La semana pasada, cuando en los mercados internacionales se llegó a transar el barril de petróleo a precios negativos todos recordamos la célebre (por estúpida) frase: “...el precio del petróleo, pónganmelo(sic) a cero y Venezuela no entra en crisis”. Estas palabras fueron pronunciadas con ignorante arrogancia por Hugo Chávez en el año 2009. Lo que realmente pasó es que Venezuela entró en crisis con el petróleo en casi US$100, corría el año 2014 y la economía, ya definitivamente tocada de muerte, entraba formalmente en recesión.

Lo que queda  hoy de la industria petrolera en Venezuela es una menguada fracción de lo que alguna vez fue y la casi total desaparición de Pdvsa se retroalimenta con el colapso de los precios del llamado oro negro. Venezuela cerró marzo una producción de 670.000 barriles diarios mientras que el precio ha llegado a rondar US$10 por barril.

La producción, en el mediano plazo, se verá todavía más afectada con el cierre de operaciones que deben cumplir para el 1ero de diciembre empresas como Chevron, Haliburton, Baker Hughes and Weatherford International, por orden del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y en concordancia con las sanciones impuestas por ese país al régimen presidido por Nicolás Maduro.

Así que aun cuando se haga efectivo el recorte acordado por el grupo OPEP+, que busca reducir a oferta global de crudo en un 10% (Arabia Saudita solamente reducirá en casi 4 millones de barriles su producción) y los precios se recuperen en Venezuela no verá una variación significativa en sus ingresos aunque al parecer el régimen chavista estaría planificando permitir una participación más amplia y autónoma del sector privado en el negocio petrolero.

Malas decisiones

El chavismo ha sido muy hábil tomando decisiones para cimentarse en el poder, pero destruir Pdvsa no fue una de ellas. En el Plan de la Patria, presentado en 2012 se hablaba de que para 2019 Venezuela produciría 6 millones de barriles de petróleo diarios, esa idea nunca estuvo cerca de materializarse.

Pudo más la corrupción y el desmedido apetito por la riqueza fácil de los altos jerarcas del chavismo que despojaron a la revolución bolivariana de una fuente de financiamiento y una palanca que le daba peso en el escenario internacional. De cualquier forma la industria petrolera venezolana, atada a los designios de la OPEP y usada como una caja de financiamiento del gobierno, estaba condenada al fracaso por más buenas intenciones y probidad que tuvieran sus directivos.

Aun así, muchos venezolanos todavía hablan de la importancia de Venezuela como potencia energética, o de Pdvsa como si tuviera alguna relevancia en el mercado petrolero mundial. Y aunque el recurso natural esté en el subsuelo, construir una infraestructura capaz de explotarlo de forma rentable es algo que quedará como tarea para la reconstrucción de Venezuela y tendrá que hacerse con exclusivo uso de capital privado.

Lo que todos deberíamos saber a estas alturas es que al país hay que rehacerlo por completo. Y eso incluye una nueva institucionalidad política que nacerá sin el pecado original de contar con una fuente de financiamiento tan abundante y poderosa que termina por estancar la economía y plagar de corrupción a todos los estratos de la sociedad.

Un estado sin dinero propio

El economista venezolano Hugo Faría, explicaba en este artículo titulado  Priven a las economías estatizadas de su independencia fiscal”, que el principal obstáculo que los países productores de petróleo tienen para que en ellos emerja y se sostenga una democracia es que: “El gobierno no vive de los impuestos de la gente”.

La independencia fiscal, total o parcial conspira en contra que un gobierno sea capaz de rendir cuentas a la ciudadanía. El Rey Juan de Inglaterra, firmó la Carta Magna en 1215 porque se encontraba en una terrible situación fiscal”, prosigue Faría en su artículo.

Faría describe que estados socialistas, como el caso de Venezuela, acaparan el control de los principales sectores de la economía y son propensos a excluir los ciudadanos de participar en la toma de decisiones. Igualmente, en un estado socialista no emergen nuevos competidores en el mercado y el manejo que se hace de las empresas estatales es ineficiente o directamente ruinoso.

La opción de Venezuela es cambiar, y la sugerencia de Faría es que: “Todos los impuestos devengados de las compañías de los sectores más importantes de la economía, deben ser distribuidos de forma equitativa entre los ciudadanos del país. Esta propuesta de reforma va más allá de una privatización. Es un arreglo institucional que priva al gobierno de ingresos, forzándolo a vivir de la gente, facilita que el gobierno se someta al imperio de la ley, la esencia de la democracia” concluye Faría.

Esa idea es el argumento central de la propuesta que Econintech ha hecho sobre la desocialización de las empresas estatales venezolanas.El ingreso por concepto de la actividad petrolera, por ejemplo, vaya primero a los ciudadanos y en luego los ciudadanos provean a estado de los recursos necesarios para su funcionamiento. Esto obligaría a los gobernantes a actuar con mayor responsabilidad y apego a las leyes.

 

Humberto Andrade es periodista y Editor in Chief de Econintech.org

Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente las posiciones de Econintech.