La pandemia de COVID-19 ha puesto a prueba la capacidad de respuesta tanto de los servicios de salud, los gobiernos y las sociedades de todo el mundo. Luego de que inicialmente China, país de origen del virus, llevara la peor parte, Italia y España han visto sus servicios de salud colapsados por la cantidad de casos. Los italianos ya cuentan más de 10.000 muertes y España alrededor de 6.000 fallecidos. (Las cifras fueron tomadas del John Hopkins Coronavirus Resource Center el sábado 28 de marzo de 2020).

Fuera de China (cuyas cifras oficiales carecen de transparencia), hay países como Alemania que han logrado con éxito manejar un gran número de casos de infectados con una mortalidad muy baja. Pero otros como Corea del Sur han podido contener el avance de la enfermedad actuando de forma oportuna y efectiva para evitar un mayor número de contagios. Todo el mundo, pero especialmente Latinoamérica, debe aprender de la experiencia coreana en el manejo de estas pandemias.

En la región latinoamericana la mayoría de los países solo han decidido intentar paralizarse y decretar aislamientos y cuarentenas, como la ÚNICA medida para tratar de evitar que el número de pacientes de COVID-19 no crezca exponencialmente como ha ocurrido en todas partes del mundo y haga colapsar los servicios de salud.

Es necesario que se restringan actividades que generen la reunión de personas y hasta la movilidad de los ciudadanos, pero no puede ser esta la ÚNICA medida que se tome, mientras que la ciudadanía atemorizada acata sin cuestionar que no se accione de otras formas para contener al virus.

Casi todos los países de Latinoamérica cuentan en su mayoría con sistemas de salud públicos que ofrecen al usuario servicios “gratuitos” que son defendidos por los apologistas estatales como de “alta calidad”. Pero en realidad, los sistemas de salud son solo burocracias prácticamente insostenibles y en las que se ha dejado de invertir para mejorar y actualizar de forma generalizada los servicios que prestan a la ciudadanía. Circunstancias como la de la pandemia revelan las enormes carencias y el atraso de estos sistemas que indudablemente cuentan con personal calificado y de una vocación incontestable.

La lección coreana

En el lado opuesto a este modelo, está el caso de Corea del Sur que ha tenido una respuesta ejemplar frente al Coronavirus. En el transcurso de un mes ha logrado reducir el número de infectados por día de casi 1000 a alrededor de cien, y al momento de escribir este editorial el número de pacientes recuperados era de 4.811, ligeramente mayor que los pacientes todavía enfermos que cuentan 4.523, con una tasa de mortalidad del 1,42%, según reportaba el Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades de Corea, citado en el diario The Korea Herald.

En una temprana etapa, Corea del Sur prohibió eventos que pudieran reunir grandes cantidades de personas y suspendió actividades académicas. Pero también empezó a realizar pruebas de forma masiva para detectar posibles infectados, llegando a realizar hasta 20.000 pruebas en un solo día, muchas de ellas en centros de prueba en el que las personas no tenían que bajar de su auto para ser testeadas. También se desarrolló una aplicación que alertaba sobre los nuevos casos en cada área y permitía conocer a sus residentes los lugares en donde había estado el paciente infectado.

La experiencia previa con otros brotes de enfermedades respiratorias similares también ha sido muy importante en el poder atajar la transmisión del virus. Este país ya ha vivido experiencias similares pero a menor escala y que han dejado conocimientos e ideas importantes para asumir el reto de la actual pandemia.

Obviamente es difícil comparar la experiencia coreana con la realidad latinoamericana. Corea del Sur tiene uno de los mejores sistemas de salud del mundo. Pero precisamente ese es el punto, identificar cómo construyeron ese sistema de salud que ha proporcionado una respuesta tan efectiva en la actual crisis que finalmente se traduce en vidas salvadas en un país que no se resigna a la paralización y en  un gobierno que confía en la ciudadanía para actuar con cautela ante la situación y solo prohibió la llegada de vuelos de la provincia china de Hubei, donde se originó la pandemia pero no ha cercenado el derecho a libre tránsito de sus ciudadanos.

Corea del Sur cuenta con un sistema de salud que ofrece cobertura universal y obligatoria a todos los ciudadanos y aunque el financiamiento está mayormente centralizado en un gran Seguro Nacional de Salud, quienes prestan servicios relacionados con la salud son principalmente privados. Solo un 10% de los hospitales son públicos, por ejemplo. No es un sistema perfecto, como nada lo es en este mundo, pero la respuesta ante la COVID-19 los deja muy bien parados.

¿Qué se podría hacer en Venezuela?

Y esto nos lleva a Venezuela. En el estado actual de las cosas ni siquiera consideraré la capacidad para operar del sistema de salud existente en el país, sino más bien contrastar con la experiencia coreana la propuesta que Econintech ha hecho y que está contenida en el libro Prosperidad y Libertad, editado por Rafael Acevedo, director de la organización. Y el cual ha sido recientemente impreso en su versión en español. (La versión en inglés fue recientemente reseñada en el Quarterly Journal of Austrian Economics)

La propuesta fue escrita por el médico Luis Carlos Marchena, fellow de Econintech, y el mismo Acevedo y plantea avanzar de un sistema de salud considerado como un derecho social a un servicio con calidad internacional.En el corazón de la propuesta está en unificar todos los prestadores de servicios de salud del sector “público” en cada municipio y descentralizar su administración a ese ámbito geográfico, pues sería una administración más eficiente, ajustada a las realidades locales y también más susceptible a contraloría.

Pero la propuesta no se queda allí, también requiere un cambio en la manera en que son dirigidos y administrados los centros de salud para finalmente llevar el sistema a la privatización total de la prestación de servicios de salud. Por supuesto, que en el planteamiento de Econintech se considera a los NO PUEDAN PAGAR, a quienes los municipios deberán subsidiar el costo de su tratamiento de salud. La gran diferencia es que el sistema actual en teoría subsidia la oferta de servicios de salud, al proveedor de servicios, lo que generó un sistema con muchísimas deficiencias. En nuestra propuesta se subsidia al paciente y la prestación del servicio quedaría en manos privadas, garantizando, como en Corea, una sistema de mejor calidad.

La propuesta de la reforma del sistema de salud no es algo aislado, en Prosperidad y Libertad se detallan otros cambios fundamentales que tienen que darse de forma simultánea, como la instauración de la libertad monetaria, la desocialización de las empresas del estado, entre otras.

La pandemia pasará y los retos para construir una sociedad más libre seguirán siendo prioridad en todo el mundo.