Hace casi 12 años la crisis financiera global que desencadenó la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers, llevó al mundo a una recesión económica que aún deja huellas. El miedo, la incertidumbre y la desconfianza se apoderaron del resto de los bancos, de los inversionistas, de los clientes y de estos sobre las instituciones financieras. Nadie confiaba en nadie.

Los bancos estaban en la mira luego del estallido de la burbuja de las hipotecas subprime en los Estados Unidos, lo que derivó en una falta de liquidez y créditos. Con el transcurrir de los meses, la crisis se propagó a Europa y a otras economías dejando una estela de contracción y pérdidas.

Fue esta coyuntura la que impulsó la concepción, en noviembre de 2008, de un nuevo mecanismo que intentara sacar del juego a los bancos y que les permitiera a los usuarios ser dueños de su propio dinero, sin tener que confiar en terceras partes. Había nacido bitcoin. Se trató de la primera moneda basada en criptografía aplicada que llegaba para derrumbar viejos esquemas de concentración de poder y capitales.

Desde entonces bitcoin se abrió camino sin publicidad y sin empuje gubernamental. Su expansión ocurrió de forma orgánica, basándose en el trabajo colaborativo de cientos de entusiastas que creyeron en el proyecto como una forma de salirse del sistema actual.

Ahora con los bancos en modo precaución y sonando nuevos vientos de crisis económica, con el detonante del coronavirus COVID-19, se presenta un panorama más complicado que el vivido en el 2008. Para bitcoin será algo inédito, ya que se trata de su primera evaluación dentro de un escenario de recesión internacional, pero para el mundo en general podría ser uno de los episodios más oscuros en cuanto al manejo de crisis financieras.

En la actualidad hay varios frentes abiertos en contra de la frágil estabilidad económica, uno más delicado que el otro. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en el 2008, el sistema financiero actual está en capacidad de inyectar fondos para minimizar los efectos de la recesión. Además, la Reserva Federal de los Estados Unidos y el Banco Central Europeo ya han anunciado paquetes de auxilio por 700.000 millones de dólares y 750.000 millones de euros, respectivamente.

Recesión a la vuelta de la esquina

Los analistas ya hablaban desde el 2018 que una nueva crisis económica mundial estaba cerca. La expansión del coronavirus desde China fue un elemento inesperado que estaría acelerando esa recesión, con cierre de empresas, restricciones en el tráfico aéreo y cuarentenas generalizadas. El temor de contagio en las sociedades está minimizando, con excepciones, la demanda de productos y servicios. En consecuencia hay una alteración mayúscula del ciclo de oferta y demanda que rigen los mercados.

La falta de acciones conjuntas entre los gobiernos también estaría agravando la situación, con reacciones tardías en el hemisferio occidental y una aparente subestimación del virus en algunos países de Europa. Incluso, se ha denunciado que China intentó ocultar los primeros brotes de la enfermedad, lo que ha generado repudio a gran escala.

Sumado a la compleja situación que está generando el coronavirus, también hay que mencionar otros elementos que estarían contribuyendo a una nueva contracción. La caída de los precios de algunas materias primas podría afectar a las economías de naciones dependientes de esos productos. Uno de ellos es el petróleo. El escenario actual, en combinación con una sobreoferta y una lucha de precios entre diversos países productores, derrumbó el precio del barril de crudo por debajo de los 30 dólares.

Como un efecto dominó, la situación arrastró a todos los mercados, desde los de valores, criptomonedas, hasta los de divisas, con devaluaciones en las principales monedas de Latinoamérica. Esto desencadenó una demanda mundial por dólares americanos que ahora se cotiza casi a la par que el euro.

Las previsiones de los organismos internacionales sugieren que la crisis actual podría ser peor que la presentada en el 2008. La Organización Mundial del Trabajo (OIT) calcula que podrían perderse en todo el mundo 25 millones de puestos de trabajo, tres millones más que en ese año. El derrumbe sería de tal magnitud que analistas ya hablan de que el Producto Interno Bruto (PIB) mundial caería un 20% y que pase lo que pase, la situación será peor que la de hace casi 12 años.

Volatilidad en el criptomercado

El mercado de criptomonedas ni bitcoin escapan a lo que está ocurriendo actualmente. Lo complejo de la situación generó, el jueves 12 de marzo, que bitcoin cayera a 4.700 dólares por unidad con un retroceso del 40%. No obstante, esta semana la primera criptomoneda ha mostrado signos de recuperación con un avance de alrededor del 20% para ubicarse, al momento de publicar este artículo, en 6.200 dólares según el índice de mercados de CriptoNoticias.

El impulso estaría relacionado con el hecho de que en estos momentos BTC es considerado como un refugio de valor por los operadores, lo que se traduce en que el precio de bitcoin no está acoplado al mercado bursátil. Es decir, no está acompañando a los mercados tradicionales en sus caídas, por el contrario, muestra números positivos mientras el resto exhibe números rojos.

Todo ocurre a solo dos meses del próximo halving de bitcoin, una reducción programada de la emisión de monedas, que podría impulsar de nuevo el precio de BTC. Sin embargo, habría que analizar el contexto en el que se lleva a cabo, considerando algunos de los elementos antes descritos.

Los analistas señalan que en este tipo de situaciones de posibles crisis las personas se desprenden de los activos que consideran de mayor riesgo, entre los que se encuentran las criptomonedas. Lo hacen para tomar previsiones y contar con dinero en efectivo para casos de emergencia o cubrirse ante situaciones inesperadas.

La rápida expansión del coronavirus habría tomado al mundo por sorpresa con más de 10.000 fallecidos y más de 257.000 personas infectadas en 171 países. La mayor incertidumbre es que aún no hay una vacuna probada para luchar contra esta enfermedad. Mientras llega la solución, se avecinan tiempos difíciles en los que la humanidad se pondrá a prueba como especie y la economía tendrá un largo camino por recorrer para recuperarse nuevamente.

 

Por Rafael Gómez Torres

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