Hasta los ’70, Gurgaon se mantenía imperturbable como un pequeño pueblo agrícola sin pretensiones. Ubicado a treinta kilómetros de Nueva Delhi, la capital de India, en el estado de Haryana, poco sabía de capitalismo o comunismo: la vida transcurría entre el ganado y la explotación cerealera. El suelo mucho no ayudaba, no había vias de comunicación y no había ni rastros de una industria. Pero un empresario sacudió la modorra del pueblo y cambió la historia para siempre.

En 1979, Kushal Pal Singh ya se había hecho con las riendas de la empresa DLF de su suegro. Por aquel entonces, el sector público controlaba el desarrollo y crecimiento de las ciudades. No le costó demasiado comprar 3500 acres de tierra. Y a partir de ahí cambió la historia de Gurgaon y sus habitantes.

Tardó, es cierto. El crecimiento no siempre es explosivo. Pero perseveró. Hasta comienzos de la década de los 90 el desarrollo de la India fue lento. A pesar de que la compañía del automóvil Maruti-Suzuki se había instalado en Gurgaon, faltaba dar un salto en cuanto al crecimiento. La respuesta llegó de la mano del desembarco de la empresa estadounidense General Electric. Esto dio lugar a la llegada de numerosas empresas y a una colosal expansión de la ciudad. Siguiendo el ejemplo de General Electric, fueron muchas las empresas las que recurrieron a la subcontratación de numerosos servicios.Grandes empresas como General Electric, BMW, Coca-cola, Pepsi, HSBC, Nokia, Google e Intel se han instalado en la ciudad, sumándose a esta ola de crecimiento. Ya nada queda de la Gurgen rural: la ciudad tiene shopiing, rascacielos, campos de golf y barrios privados. Pero ojo: también hay más villas miserias y barrios marginales.

El Estado cada vez tuvo menos injerencia en un desarrollo que había sido propiciado casi exclusivamente por el sector privado. Hoy Gurgaon es la tercera ciudad india con mayor renta per cápita. Mientras el mundo sigue debatiendo si lo que sirve es el capitalismo o el comunismo, ellos prefieren presentarse como una ciudad anarcocapitalista.

 

 

 

 

 

 

 

Como el desinterés de gobierno local fue tan manifiesto, el sector privado tomó la posta y comenzó a diseñar políticas que deberían, según la lógica, haber sido públicas. Cuando el Estado se “despertó” del letargo burocrático, ya era tarde: el desfasaje entre lo público y lo privado era insalvable. Las empresas habían creado su “isla” propia dentro de la ciudad.

Construyeron carreteras, perforaron pozos, erigieron sus propios generadores para tener energía eléctrica sin cortes. Hasta los bomberos se “privatizaron”, ya que se construyeron edificios y no existía, en Gurgaon, plataforma hidráulicas que pudieran extinguir el fuego. Ni intención de invertir en ellas. En vez de transporte público, se contrataron vehículos para el traslado de empleados. La seguridad, privada.

Claro que no todo lo que brilla es anarcocapitalismo. Los privados no lograron resolver problemas como la contaminación -que ahora sí es un problema serio, considerada una de las ciudades más contaminadas del mundo-, el sistema de alcantarillado, el agua potable para todos. Es cierto que tampoco el Estado los resuelve, pero es un problema que los privados no enfrentan con eficiencia. Las diferencias sociales también formaron una grieta cada vez más ancha.

Desde 2008 hay un gobierno local que cobra impuestos, con lo que se rompe básicamente la definición de anarcocapitalismo, pero sigue siendo un lugar donde se practica lo más parecido a esa forma de gobierno.

 

Fuente: https://visionliberal.com.ar/