Lo expresado en este artículo es opinión de su autor; no necesariamente refleja la postura de Econintech.

¿Cómo alcanza un país su desarrollo social y económico? ¿Será posible a través de la ayuda internacional en términos de préstamos, entrega de alimentos, medicinas, etc.? ¿Será posible con la distribución entre sus ciudadanos, de parte del gobierno de turno, de bonos, bolsas de mercado, carros, electrodomésticos, viviendas, etc.? ¿Será posible lograr su desarrollo, decretando cada vez con mayor frecuencia, por cualquier motivo, días laborables como no laborables, para que el pueblo esté alegre, feliz y descanse de tanto descansar?  Aun trabajando, no se equiparan las horas que se laboran en un país desarrollado (12 y más horas) al número permitido en este país (6-8 máximo). O ¿será posible inyectando grandes cantidades de dinero, en las diferentes áreas de desarrollo y entregar dicho dinero a diferentes pseudoempresarios para que produzcan? Las experiencias al respecto no han sido halagadoras en Venezuela. ¿Por qué?  Porque falta un ingrediente fundamental, la Motivación al Logro o Motivación al Trabajo, como la llama el Dr. O. Romero García (1985).

Pero, ¿qué caracteriza a una persona con alta motivación al logro o al trabajo? Es una persona que se centra en el logro de una meta en un tiempo determinado. Dicha meta representa un reto, un esfuerzo importante,  pero factible de lograrse. Sus pensamientos, sentimientos y acciones están dirigidos a su logro. Mientras son estudiantes se responsabilizan de su formación. Buscan profundizar en los conocimientos y en la adquisición de habilidades y destrezas con un máximo de perfección. Cuando tienen problemas de rendimiento o fracasan en alguna actividad, no culpan al docente o a terceras personas. Revisa sus errores y debilidades para corregirlas, no repetirlas y seguir adelante. El éxito en sus tareas lo lleva, igualmente, a seguir exigiéndose más y más. Es una necesidad de crecimiento que no para. Éxitos y fracasos lo estimulan a seguir buscando y logrando metas cada vez más altas. Más tarde, como profesionales, artesanos, técnicos, empresarios o en cualquier actividad que emprendan, actúan con el mismo nivel de dedicación, responsabilidad y exigencia. Son personas abiertas a los cambios, de ser necesario.

Nos debemos preguntar, ¿y para qué trabajar? La respuesta es porque somos responsables de nuestra formación, de nuestros éxitos y fracasos, somos los artífices de nuestro propio destino. Debemos trabajar para cubrir nuestras necesidades básicas, de recreación, de la educación de los hijos, para lograr nuestros, anhelos, sueños. En otras palabras, para obtener el bienestar, desarrollo y felicidad que deseamos. Es a través del trabajo que se logra el progreso, independencia económica y libertad que cada ser humano desea y se merece. Es por el trabajo de sus ciudadanos que un país crece, se desarrolla y progresa.

Por ello es fundamental que tanto a niños, como a jóvenes y adultos se les oriente hacia la excelencia, a realizar lo mejor que puedan sus actividades escolares y laborales. Que vean en ello una oportunidad para crecer, individual y socialmente. Al ser la motivación al logro una conducta aprendida, debemos sembrar, cultivar esta semilla en el hogar, la escuela, las instituciones universitarias, empresas públicas y privadas, etc.  De hecho hay programas para desarrollar estas conductas ofrecidas por equipos de psicólogos dedicados a  investigar sobre este aspecto.

La ausencia o presencia de una baja motivación al trabajo en sus ciudadanos, es lo que lleva a un país al subdesarrollo. En estos países,  la eficiencia en los servicios prestados, tanto en las instituciones públicas como privadas, es baja, ya que la excelencia no es su objetivo. Se trabaja por un salario, no para crecer, para demostrar capacidad. No se valora el trabajo como un medio para ser independientes y libres. En estos países, hay quienes le tienen miedo al trabajo, no quieren hacerlo. Se puede suponer que no están preparadas para ello y necesitan capacitarse en un oficio o arte que les guste,  para  así sentir confianza, disposición y seguridad al hacerlo. Otros son conformistas, inseguros, dependientes. Se contentan con poco. Quieren que otros se responsabilicen de sus necesidades. Esta situación es aprovechada por los políticos, de izquierda y derecha, para promoverse como los líderes del pueblo, los benefactores. Ostentan un falso paternalismo, ofrecen en caso de ganar elecciones, promesas incumplibles, las cuales, de llegar al poder, cumplen parcialmente   no llegando a satisfacer plenamente las necesidades y anhelos de ese pueblo Todas esas promesas a costa del endeudamiento sin freno, que será  pago por las jóvenes generaciones del momento y las que aún no han nacido.

Si  se quiere un país desarrollado social y económicamente, la motivación al trabajo es clave.  Se debe desarrollar en todos los ciudadanos de un país. Sin trabajar, es difícil que los individuos puedan crear riqueza que es la única vía para que puedan salir de la trampa de la pobreza. Seguir creyendo que cualquier gobierno podrá satisfacer las necesidades más básicas del “pueblo” es una utopía que no tiene cabida en personas responsables, trabajadoras y que saben que la pobreza será abatida con trabajo y emprendimiento. Por algo Dios le dio al ser humano libertad, inteligencia, habilidades, destrezas y talentos: para que los desarrolle y trabaje.   Es decir, para que sea,  el arquitecto de su propio destino.

 

Por Neley Rueda Ramírez

Referencia:

Romero García, O.  (1985).  Motivando para el trabajo. Cuadernos LAGOVEN