Son pocas las estadísticas confiables que se pueden citar sobre Venezuela en estos días. Una de ellas es la de 4.600.000 venezolanos que han dejado ese país en los últimos 3 años, creando una crisis de desplazados en Suramérica que no tiene antecedentes. Ese es un número muy representativo para recordar el 23 de enero, fecha que acaba de pasar y en la que se cumplieron 62 años del inicio del fallido experimento democrático venezolano.

Lamentablemente, solo en retrospectiva las cosas se ven con tanta claridad. Esa democracia venezolana, ejercida a través de un sistema de partidos exclusivamente socialdemócratas, había nacido con defectos que no pudieron nunca fueron superados.

El fracaso de la democracia venezolana es un hecho incuestionable. Y junto con ella cayeron todos los mitos asociados al estado de bienestar y que no impidieron el surgimiento de un movimiento abiertamente autoritario y militarista que aprovechándose de las débiles instituciones democráticas destruyó cualquier atisbo de derecho y echó las bases para perpetuarse en el poder.

La Venezuela de las universidades gratuitas, del vaso de leche escolar, las becas de estudios internacionales y el afamado sistema de orquestas juveniles no vio al futuro y añoraba el regreso del caudillo que pondría todo en orden solo con su voluntad. Ese deseo se hizo realidad.

Pero lo que vemos hoy no es solo el resultado de 20 años de gestión chavista, pues Chávez y Maduro vinieron a llover sobre mojado. Sembraron mayor desprecio por la propiedad privada en un país en el que ya existía el desprecio por la propiedad privada. Aumentaron las divisiones en un país que ya se encontraba dividido. Corrompieron aún más una clase política rentista que ya era corrupta y lo mismo con los empresarios clientelares del petro estado.

El llamado padre de la democracia venezolana, Rómulo Betancourt, tomó medidas que 40 años después Chávez volvería a aplicar pero de manera aún más drástica y profunda. Controles de cambio y controles de precios, dos de los pilares fundamentales de la gestión económica chavista fueron inaugurados en Venezuela por Betancourt. Cordiplan, la oficina de planificación centralizada de Venezuela, fue creada por Betancourt quien también dio inicio a la intervención directa del estado en la industria petrolera. Indiferentemente de cual sea la posición de cada quien respecto a este tipo de políticas, no se puede dudar de que en Venezuela fueron aplicadas con todo el rigor posible la mayor parte del tiempo posible y el resultado ha sido catastrófico: muerte, desintegración familiar, ruina económica y éxodo(1).

Entonces que haya pasado otro 23 de enero más debería servir de reflexión para todos, para entender que no se pueden repetir los errores del pasado. Con ese espíritu, Econintech hace lo que le toca en su ámbito de acción. Educa para el emprendimiento, bajo el entendido de que solo con la creatividad de los empresarios se podrá reconstruir una economía. Y es una formación que se sustenta en la libertad, pues se entiende que solo en una sociedad que crea en la libertad individual, se podrán formar empresarios que deseen obtener ganancias basadas en sus habilidades y talentos para crear valor y no solo a través de sus conexiones políticas. La tarea es titánica y hay que trabajar incansablemente para terminarla.

Humberto Andrade Zambrano
Editor en jefe de Econintech.org

1: Se cita información extraída del artículo “Venezuela, sin liberales no hay liberalismo”, escrito por Hugo Faría, consultor senior de Investigación y Política de Econintech. Puede leer el artículo haciendo clic acá