Hasta el día de hoy los políticos venezolanos (que todos se adhieren al ideal socialista) todavía piensan que la socialdemocracia puede revivirse aunque cueste mucho dinero y que PDVSA, anterior fuente de todo el financiamiento para el derroche estatal, se encuentra en estado de quiebra y funciona a una fracción de lo que era su capacidad hace 20 años.

Estos políticos ignoran el argumento presentado por el filósofo alemán Hans Hermann Hoppe de que la diferencia entre el socialismo real, al estilo ruso, y la socialdemocracia “no es de naturaleza categórica. Más bien es solo una cuestión de gradualidad”.

Hoppe explica en su libro “Una teoría del socialismo y el capitalismo” cómo ambos acercamientos al socialismo tienen eventualmente los mismos efectos en la economía y en la sociedad:

“El estilo socialdemócrata del socialismo, por muy bueno que se vea en comparación con el socialismo de tipo ruso, todavía conduce necesariamente a una reducción de la inversión y de la riqueza futura en comparación con la del capitalismo”.

Porque a pesar de que la socialdemocracia permite la existencia de medios de producción privados, todavía expropia parcialmente, en forma de impuestos los ingresos generados por la actividad privada para redistribuirlos en la sociedad. Por lo tanto, a ningún productor se le permite mantener la totalidad de los ingresos que genera con su actividad lo que obliga a un aumento constante de los costos de producir cualquier cosa. Además, la parte de los ingresos deducidos por los impuestos se puede aumentar unilateralmente en cualquier momento dañando aún más al productor.

La similitud entre socialdemocracia y el socialismo soviético ha sido corroborada en el caso venezolano por el economista Hugo Faria, investigador y consultor senior de Econintech, quien ha estudiado a fondo las políticas socialistas en el país a lo largo del siglo XX y el período Chávez-Maduro. Faria ha descubierto que las políticas económicas en Venezuela durante el período democrático, comprendidas entre los años 1958 y 1998, un período durante el cual Venezuela vivió bajo un sistema socialdemocrático, tienen una diferencia de naturaleza cuantitativa pero no cualitativa en comparación con las medidas tomadas durante el período Chávez – Maduro.

En el artículo “El papel crítico de la libertad económica en el dilema de Venezuela”, escrito a cuatro manos con Hugo Montesinos, los autores explican:

Más específicamente, no hay diferencia discernible en lo cualitativo entre las políticas e instituciones económicas adoptadas a lo largo de la tan llamada Cuarta República, que se extendió entre 1959 y 1999, y las políticas adoptadas por el régimen Chávez-Maduro, también conocido como Quinta República. La diferencia es cuantitativa. Para mencionar alguna, inflación más alta, más nacionalización, mayor número de bienes y servicios sujetos a controles de precio y más escasez también. En resumen, más reducción innecesaria de las transacciones voluntarias, generada por instituciones excluyentes adicionales”.

Aunque es controvertido para los académicos e intelectuales venezolanos, Faria ha explicado cómo una economía controlada por el estado (es decir, los políticos socialistas) durante el período democrático allanó el camino para la llegada de Chávez, quien solo empeoró las cosas al aumentar exponencialmente la intervención estatal en todos los aspectos de la economía. No es sorprendente que la corrupción también haya alcanzado registros históricos y condenado al país a la actual tragedia humanitaria.

Hace un siglo

Es común entre los venezolanos hablar sobre cómo Chávez (y Maduro después de él) han hecho retroceder al país en el tiempo. De alguna manera, no será exagerado recalcar que Venezuela ha retrocedido casi un siglo. Prácticamente no hay industria petrolera, casi toda la población vive en la pobreza extrema, enfermedades que alguna vez se erradicaron vuelven y pandillas armadas controlan grandes porciones del territorio e imponen su propia ley, incluso grupos terroristas como la guerrilla colombiana, el Ejército de Liberación Nacional al que se le atribuye controlar con terror parte de la operación de extracción de oro en el estado Bolívar.

La Venezuela actual se asemeja mucho más al país que Juan Vicente Gómez gobernó en la primera década del siglo XX que al país que eligió a Hugo Chávez como presidente en 1998. Aunque el despiadado dictador Gómez fue el presidente que modernizó a Venezuela, por así decirlo.

Gómez, quien con razón es criticado por sus métodos, logró un objetivo de civilización en el territorio venezolano. Trajo la paz y el orden a una república inestable que sufría de la escaramuza constante de los caudillos locales y creó fuerzas armadas profesionales. Su administración construyó una infraestructura muy necesaria que permitió la explotación inicial de los pozos de petróleo y dejó al país libre de deudas.

El reto para los venezolanos es civilizatorio. Reconstruir un país con libertades económicas y políticas que otorguen a los venezolanos un marco en el cual puedan actuar para prosperar y puedan buscar su felicidad y desechar para siempre las ideas socialistas que llevaron a Chávez al poder.

Humberto Andrade es periodista y editor en jefe de Econintech.org

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