Evo Morales ha renunciado a la presidencia de Bolivia en medio de protestas pacíficas de los ciudadanos tras evidenciarse un gigantesco fraude electoral en las elecciones generales del pasado 20 de octubre.

La Organización de Estados Americanos, que ha participado con una misión de observaciones en las lecciones, en su Informe del 10 de noviembre estableció que “en los elementos revisados se encontraron irregularidades, que varían desde muy graves hasta indicativas. Esto lleva al equipo auditor a cuestionar la integridad de los resultados de la elección del 20 de octubre (…) el equipo auditor no puede validar la victoria en primera vuelta (…) cualquier futuro proceso deberá contar con nuevas autoridades electorales para poder llevar a cabo comicios confiables”.

El Informe lapidario de la OEA, sumado a las movilizaciones y huelgas pacíficas, pero contundentes de la gente, y los amotinamientos de la Policía Nacional fueron los elementos que precipitaron la caída del Gobierno de Evo Morales.

A nivel internacional, los Gobiernos que están alineados con el régimen de Maduro en Venezuela, entre otros, han manifestado que lo ocurrido en Bolivia se trata de un golpe de Estado. Existen cuatro elementos que establecen que la renuncia del expresidente Morales no se debió a un golpe de Estado, sino a una presión ejercida desde la misma ciudadanía.

En primer lugar, cabe destacar que las movilizaciones ciudadanas nacen a raíz de las pruebas contundentes de fraude gigantesco que impulsó el Tribunal Electoral en connivencia con el Gobierno de Evo Morales. Así lo han demostrado la misma OEA, la Unión Europea, entidades académicas e independientes de Bolivia y una empresa privada contratada por el propio Tribunal Electoral. Estas movilizaciones y huelgas han sido siempre pacíficas. Prueba de ello es que los cinco fallecidos por las agresiones fueron del lado de la ciudadanía, entre ellos, un estudiante, un policía y un minero de la ciudad de Potosí.

La Policía y las Fuerzas Armadas actuaron como manda la Constitución y las leyes. En ningún momento hubo, de parte de estas instituciones, una presión o amenaza sobre la cual pese la necesidad de Evo Morales de abandonar el poder. La declaración del comandante de las Fuerzas Armadas sugiriendo al expresidente su renuncia, se produjo en un momento en que la violencia era incontenible, cuando varios de los ministros de Morales ya habían renunciado previamente y después de que el Gobierno, y el propio Evo Morales, haya amenazado a los bolivianos con “cercar las ciudades e interrumpir el suministro de agua” si las protestas continuaban.

Cabe mencionar en este punto que, una vez asumida la presidencia del Estado por parte de Jeanine Añez, el Alto Mando militar puso sus cargos a disposición de la nueva presidente. El miércoles 13, el Alto Mando ha sido sustituido por completo.

En tercer lugar, tanto la OEA como la Unión Europea y países amigos han manifestado su preocupación por la falta de transparencia en el proceso electoral del 20 de octubre, y han recomendado que se celebren nuevas elecciones con un Tribunal Electora nuevo e imparcial. En ese sentido, no se puede entender un nuevo proceso electoral con un candidato que ha cometido una falta grave al orden constitucional al promover un fraude electoral que le beneficie, sin mencionar el constante quiebre democrático que promovió Morales desde que asumió el poder el año 2006.

Finalmente, hoy en Bolivia no gobierna un militar ni en las calles de las grandes ciudades se encuentran ni tanques ni fusiles como para sostener que las Fuerzas Armadas, en concomitancia con los movimientos cívicos hayan impulsado un golpe de Estado. Al contrario, como mencionaba, todo el Alto Mando militar ha sido reemplazo pro la presidente apenas asumió el poder.

En ese sentido, la sucesión constitucional, prevista en el artículo 169 de la Constitución boliviana, se produjo, además, bajo el aval de la comunicación del Tribunal Constitucional, que estableció que la sucesión podía ser asumida por la vicepresidente del Senado ipso facto.

Teniendo en cuenta todos estos antecedentes es faltar a la verdad sostener que en Bolivia se produjo un golpe de Estado. Al contrario, el golpe de Estado lo dio Morales y su séquito al obligar al Tribunal Constitucional a aprobar su cuarta candidatura ilegal, el golpe a la democracia lo dio Morales al organizar sus hordas violentas que cobraron la vida de cinco bolivianos, el golpe lo dio el propio Morales al promover un fraude escandaloso con la pretensión de continuar en el poder a costa de la decisión democrática de los bolivianos.

Sin lugar a duda, se abre un período de incertidumbre en Bolivia en el que aún nada esta dicho. Lo importante está hecho, el autoritario ya no es más presidente del país. Sin embargo, la transición dependerá de la voluntad de los actores políticos involucrados y la pacificación total en el país. Se abre una nueva oportunidad para la libertad, la democracia y el Estado de derecho en Bolivia, elementos sustanciales de la tradición republicana ausentes completamente de la agenda política los últimos catorce años.

 

Por Mateo Rosales Leygue

Fuente: https://www.juandemariana.org/