Así como sorprendieron los resultados de las PASO, también sorprendieron los resultados de las elecciones generales en que Juntos por el Cambio logró achicar notablemente la diferencia respecto de entonces, ganando en los distritos electorales de mayor peso nacional como son Córdoba, Santa Fe, CABA y Mendoza, salvo, claro está, la provincia de Buenos Aires. Y ese resultado lo logró a pesar de la profunda crisis económica que generó el gradualismo.

La importancia del resultado electoral tiene que ver con el dato de que Mauricio Macri conserva un importante respaldo electoral y, por lo tanto, no es un presidente en retirada a las apuradas sin apoyo electoral. Si Macri hubiese perdido por 15 o 20 puntos, tal vez hubiese sido un presidente en retirada apresurada, en este nuevo escenario no tiene porqué rifar cualquier medida económica que le pida Alberto Fernández. Dicho en otras palabras, hay cierta paridad de fuerzas que le permitiría negociar en forma ordenada la transición.

El dato de muy corto plazo tiene que ver con el tema del tipo de cambio. A Alberto Fernández le conviene que Mauricio Macri deje que suba el tipo de cambio y le guarde la mayor cantidad de reservas para cuando llegue al gobierno el 10 de diciembre. En cambio, al Presidente no le conviene que el tipo de cambio se dispare y terminar como quien que se le descontroló por completo el mercado de cambios.

Otro tema pendiente que queda de aquí hasta el 10 de diciembre es el de las tarifas de los servicios públicos, porque quedaron congeladas hasta noviembre y habría que ver cuánto ajuste aplica el gobierno antes de finalizar el mandato. Recordemos que el kirchnerismo dejó un flor de problema en ese tema con subsidios económicos que llegaron a tener un peso de 5 puntos sobre el PBI y Cambiemos lo bajó a 2 puntos. Le queda al gobierno de Fernández terminar de corregir ese problema o continuarlo.

El gran dilema va a ser con el Fondo Monetario Internacional, siendo que el kirchnerismo lo tiene como al gran enemigo. Seguramente habrá en ese flanco un serio problema, tanto por el acceso al financiamiento de parte del nuevo gobierno como para el mismo FMI que le prestó USD 57.000 millones a Argentina y ahora va a tener problemas para cobrarlos.

Pero el gran dilema que se presenta hacia adelante es cómo hará el kirchnerismo para llevar adelante su política económica dado que el escenario es totalmente diferente al de 2003 e incluso de 2007. Ya no está el viento de cola con una soja en USD 480 dólares promedio, ni hay un gran stock de capital para utilizar como forma de financiamiento de políticas populistas.

Además, en 2003 el gasto público consolidado estaba en 29% del PBI y ahora está en 47%, la presión impositiva consolidada estaba en 27% del PBI y actualmente ronda el 42%. Son dos escenarios totalmente diferentes que no dejan mucho margen para hacer políticas redistributivas e incentivar el consumo interno. Ni siquiera hay margen para aplicar política monetaria expansiva.

Finalmente, el kirchnerismo ya no tendrá una mayoría absoluta en el Congreso, con lo cual no podrá pasar cualquier ley que desee. En definitiva, la economía está más para una reducción de gasto público y baja de impuestos que para seguir con este gasto público y esta carga tributaria.

Tenemos por delante una pelea entre la realidad económica y la ideología populista del peronismo. Si la segunda pretende imponerse por sobre la primera, la crisis económica que tendremos por delante puede llegar a ser de magnitudes insospechadas.

 

Por Roberto Cachanosky.

Fuente: http://economiaparatodos.net/