Lo expresado en este artículo es opinión de su autor; no necesariamente refleja la postura de Econintech.

La lectura del libro “Después del Estado de Bienestar”, editado por el Dr. Tom Palmer me brindó una gran experiencia informativa, que me ha despertado sentimientos de tristeza, preocupación y disgusto, entre otros, al ver cómo algunos políticos inescrupulosos, en su afán de obtener y retener el poder en forma ilimitada utilizaron estrategias de bienestar, a sabiendas que con ellas, primero,  obligan a los ciudadanos a depender del Estado y de ellos, así como a demostrarles lealtad y segundo, heredan a los contribuyentes y generaciones futuras deudas billonarias e insostenibles,  con cuyos montos financiaron el Estado de Bienestar que ofrecieron en su momento. Vaya precio el que se paga por servicios que muy bien pueden obtenerse de otras formas.

El contenido del libro abarca doce ensayos de autores respetables, de diferentes áreas académicas, lo que da una visión de los Estados de Bienestar bastante amplia.

De todos los capítulos me asombró, sorprendió,  causó disgusto y tristeza fue el  correspondiente al “Legado de Bismarck” en el cual su autor, el Dr. Palmer describe el origen del Estado de Bienestar. Un bienestar, que a mi modo de ver, debió ser permanente, dar libertad, desarrollo y felicidad y por lo tanto, tener un origen altruista, pero resultó ser todo lo contrario.

Según el autor del ensayo, este Legado surgió a finales del siglo XIX en Alemania. Su precursor fue el estadista Otto von Bismarck, conocido como el canciller de hierro. Sobresalió por sus maniobras políticas, militares y la consolidación del Estado Alemán en el Segundo Reich. Para una persona como él, sedienta de poder y de dominio de otros países, las ideas de libre comercio eran inaceptables, razón por la cual, los liberales clásicos fueron objeto de guerra política.

Como parte de su programa de consolidación  del Estado Alemán en Europa Central, agrega el Dr. Palmer, Bismarck inició, promovió y promulgó una serie de planes obligatorios de seguros de accidente, salud, discapacidad y vejez en la década de 1880. Este fue el inicio del Estado de Bienestar, el cual fue adoptado por la mayoría de los gobiernos del mundo. Dichas medidas fueron llamadas por Bismarck como “Socialismo de Estado”. Con ellas expresó, perseguía la dependencia de los trabajadores, del Estado y de él, y además la lealtad hacia Alemania, para continuar dominando Europa. También consideraba ventajoso tener pequeños jubilados, dependientes del Estado, de clases con poco que perder en caso de conmoción aunque ellos,  erróneamente creyeran que podían ganar mucho con ella.

Es realmente chocante ver cómo se juega con las necesidades del ser humano, cómo se manipula a un colectivo crédulo  en las buenas intenciones de sus líderes.

Con el colapso del Estado de Bienestar más avanzado del mundo de la República de Weimar, en la década de 1930, menciona el Dr. Palmer, sobrevino la dictadura, la guerra y el Estado de Bienestar  más depredador y sanguinario, jamás conocido, el Tercer Reich. Su líder Hitler, representante máximo del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán mejor conocido como Partido Nazi. Dicho Estado de Bienestar  era exclusivo para los que ostentaran un pedigrí racial adecuado.  La manera  de financiarse  este destructivo sistema de bienestar fué escalofriante, según documentó el historiador Götz Aly, citado por Palmer, despojaron a los judíos de sus pertenencias, dinero, vivienda, hasta sus piezas dentales y cabello; confiscaron los activos de los enemigos del régimen, saquearon al resto de Europa y provocaron inflación en las monedas de los países ocupados. También se trató de un esquema piramidal en el que se hacía necesario el  pago de una base de personas, cuyo número cada vez más creciente, era fundamental,  para hacer frente a los enormes gastos de dicho bienestar.  Pero como dice el autor del ensayo, el sistema piramidal del Tercer Reich estaba condenado al fracaso. También expresa que siendo el más destructivo y sanguinario Estado de Bienestar hasta ahora conocido, comparte más vínculos cercanos con los Estados de Bienestar menos malignos de lo que se cree.  Todos ellos, agrega, rechazan el liberalismo clásico en cuanto a un gobierno limitado y libertad individual.

En mi opinión, es obvio que estos principios liberales no les convienen a líderes enfermos de poder, pues de esa manera no pueden ejercer el control político sobre el electorado. La independencia le permite al ser humano volar tan lejos como quiera y  alcanzar  con su esfuerzo y trabajo los niveles de desarrollo, riqueza y tranquilidad que tanto se desean.  A través del Estado de Bienestar, los políticos hacen alarde de sus falsos intereses altruistas, a expensas del dinero ajeno, cuando en realidad lo que buscan es, la dependencia y lealtad a ciegas de las personas, para así, continuar en el poder.  Es hora de aprender de las experiencias propias y ajenas. El bienestar, el desarrollo, la riqueza y el logro de nuestras metas y anhelos los debemos obtener con nuestro propio esfuerzo y trabajo. No a expensas de las futuras generaciones.

 

Por Dra. Neley Rueda