Venezuela es hoy una isla de economía de subsistencia. Un país forzado a retroceder décadas de desarrollo en medio de una región que con todas sus dificultades se las ha arreglado para sortear sus problemas y avanzar. Si el país va a competir nuevamente en ese entorno debe dejar que los mejores puedan hacer lo que saben hacer de forma rentable, eliminar controles, facilitar los negocios y no facilitar a lo que queda de las élites, que incluso se aliaron con el chavismo para mantener sus privilegios, continúen ocupando posiciones de supremacía.

El presidente de Conindustria, organismo que agrupa a industriales venezolanos, recientemente escribía en Twitter una advertencia para aquellos que quieren un libre mercado sin restricciones y les recordaba que un empresario en Venezuela no puede competir en condiciones de igualdad puesto que operan con muchas dificultades como, por ejemplo, la falta de servicio eléctrico confiable

Y aunque hace referencia a una realidad objetiva debido a la precariedad de los servicios públicos en el país su llamado no es más que un pedido para mantener las medidas proteccionistas y privilegios que hacen posible a empresarios locales operar sin competencia en mercados en los que efectivamente son los dueños del monopolio. Todo esto subvencionado en última instancia por los venezolanos. Esos mismos privilegios han facilitado a algunas excepcionales empresas operar, prosperar y hasta expandirse por el mundo durante los años del chavismo mientras la gran mayoría de la población es condenada a la más absoluta miseria.

Este tipo de empresarios (que son más bien “empresaurios”) son los principales enemigos del libre comercio. Temen a la competencia y quieren, al igual que los tiranos, tener a una población esclavizada y obligada a adquirir sus productos. El libre comercio, un comercio sin restricciones, beneficia en última medida al ciudadano común, muy contrario al discurso de la izquierda mundial.

En el libro Prosperity and Liberty. What Venezuela Needs”, editado por Econintech este año, queda plasmado lo costoso que ha sido para los venezolanos la protección a la industria nacional. En el capítulo 3 del libro, titulado en inglés “The Genesis of Evil”, se muestra como los venezolanos tuvieron que pagar de más US$ 1.415.581 en productos de las industrias textiles, automotriz, agrícola y del acero para proteger apenas 6432 puestos de trabajo en esos sectores. Es decir, toda la mayoría de un país es perjudicada para beneficiar a unos pocos que hubieran tenido un mejores salarios si ese dinero circulara libremente en la economía.

El libro “Prosperity and Liberty. What Venezuela Needs” está disponible en versión para kindle en este enlace: amazon.com/dp/B07RM5NRWH y en versión impresa acá: amazon.com/dp/1093507039.Las ganancias que se obtengan se destinarán a financiar las actividades educativas de Econintech en Venezuela

Mucho tiene que ganar un país como Venezuela con la eliminación de todas las barreras al libre comercio internacional, lo que abriría múltiples posibilidades para que los venezolanos recuperen un nivel de vida digno en el corto y mediano plazo. Esta medida tiene que ir obligadamente acompañada del respeto absoluto a la propiedad privada, la libertad monetaria y el fin de toda participación del estado en la economía.

El nacionalismo, en cambio, es la respuesta equivocada al problema económico. Creer, como dicen los voceros de los gremios industriales, que el país debe producir sus bienes y servicios es una falacia. El mundo es interdependiente y se deben descartar los sueños de autarquía de los “empresaurios” industriales que solo aspiran a establecer monopolios y mantener a un mercado cautivo de consumidores gracias a las medidas proteccionistas que ellos mismos financian

Cada lugar tiene ventajas comparativas para producir un producto u ofrecer algún servicio. En el caso de Venezuela, los hidrocarburos, el turismo y la agricultura son claros ejemplos de eso y serían sectores que, en manos de verdaderos empresarios, podrían empujar a toda la economía hacia su recuperación.

¿Por qué confiamos en los (verdaderos) empresarios?

Los partidarios de la intervención del estado, los adoctrinados en el socialismo y los beneficios de la planificación centralizada de la economía y que achacan a los empresarios el problema de la inflación deben hacer un ejercicio mental honesto y sencillo. Pensar en todas las cosas que necesitan, cualquier producto o servicio que llegue a sus manos y considerar que hay detrás de eso, cuántas personas, cuantos procesos coordinados, cuántos recursos, cuanto tiempo invertido con el fin de obtener una ganancia que hace que todo eso sea posible.

Como apunta Rafael Acevedo, director-fundador de Econintech, en cada evento en el que tiene oportunidad de participar: Venezuela necesita verdaderos emprendedores que afronten la realidad y estén dispuestos a tener éxito por mérito propio y no “empresaurios” que solo buscan conexiones políticas para apoderarse del mercado.

Por eso mismo, el equipo de Econintech hace serias objeciones al Plan País propuesto por el presidente interino de Venezuela Juan Guaidó, pues esa medida solo propone un endeudamiento público hipertrófico que solo servirá para subsidiar a los “empresaurios” que han medrado en la economía venezolana gracias a favores de los políticos de turno.

Solo reformas radicales que conduzcan a una economía de libre mercado asegurarán la prosperidad y libertad para Venezuela.

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