Hasta que la omnipotencia estatal no sea contrarrestada Venezuela no podrá ponerse en pie. Lamentablemente, las decisiones del rumbo económico del país recaen en las manos de políticos cuya doctrina les ordena mantener al estado como la fuerza suprema de la sociedad en contra de los propios ciudadanos que continúan viendo como su libertad y calidad de vida se agravan a niveles trágicos.

Pero son los mismos ciudadanos educados en democracia los que han llevado a esos políticos a donde están. Los mismos venezolanos nunca han pedido ser libres. Por el contrario, han pedido siempre la intervención gubernamental para la solución de todos los problemas. Cada sector de la sociedad siempre clamó por privilegios aun cuando se obtuvieran dañando a otros sectores o a todos.

Este año se reportan casi 8 mil protestas en Venezuela para exigir servicios públicos, aumentos salariales o libertades políticas.

¿Pero los que piden mejores servicios públicos entienden que para obtenerlos deben pagarse precios de mercado?

¿Cuántas protestas se hacen para pedir que el banco central controle la inflación?

¿Alguna para pedir un proyecto serio de dolarización de la economía?

Nunca ha habido, por ejemplo, protestas masivas para pedir por los derechos de propiedad, considerando que la esfera de lo privado es un contrapeso al monopolio de la violencia del estado que como se ha visto en Venezuela puede ser usado a discreción de los funcionarios para su beneficio personal o el de su parcialidad política.

A pesar de que Venezuela contó con figuras públicas de gran solidez intelectual, como el periodista y escritor Carlos Rangel, quien contó con espacios en medios de comunicación masivos en horarios estelares y difundía un mensaje a favor de la libertad individual y la no intervención del estado en la economía, esa idea no se sembró en la mayoría del público.

En contraposición, toda la maquinaría educativa estatal, que sobe todo a nivel universitario no tenía rival, engendró una serie de intelectuales pro socialistas que parecen haber logrado su cometido en convencer a la gente de lo positivo de la presencia estatal y gubernamental en todos los ámbitos de la vida de la ciudadanía. Esa llamada intelectualidad venezolana continúa defendiendo el ideario socialista aun cuando tiene el fracaso del mismo frente a su cara.

Econintech y muchas organizaciones en Venezuela trabajan con las bases y con los social media para desmontar la mentalidad pro estatista en Venezuela y si bien la tarea luce titánica el camino a seguir es claro y hay talento y voluntad para llevarla a cabo. Dar una alternativa de libertad y responsabilidad a los venezolanos a través de la educación y la promoción de políticas públicas que permitan construir un país próspero.

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