La única perspectiva lógica para poder razonar que la sociedad está antes que el hombre es contextualizarnos en la actualidad, donde el ser humano nace con las sociedades organizadas. Lo que resulta una mirada muy engañosa porque de ninguna manera podemos analizar a las sociedades independientemente de las personas que lo conforman, las sociedades no piensan, no sienten, no son nada más que una conformación organizada por la división de trabajo, de personas en busca de un bien común a través de la cooperación.

Como bien lo describe Ludwig von Mises en su maravilloso libro La acción humana refiriéndose a las sociedades, donde correctamente analiza que todo progreso hacia una más avanzada división del trabajo favorece los intereses de cuantos participan en la misma. Para comprender por qué el hombre no permaneció aislado, buscando como los animales alimentos y abrigo para sí, para su compañera y su desvalida prole, no es preciso recurrir a ninguna milagrosa intervención divina ni a la personalización de un innato impulso de asociación, ni suponer que los individuos o las hordas primitivas se comprometieron un día mediante oportuna convención a establecer relaciones sociales.

Fue la acción humana estimulada por la percepción de la mayor productividad del trabajo bajo la división del mismo la que originó la sociedad primitiva y la hizo progresivamente desarrollarse. Incurriríamos en una error si tratamos de pensar desarrollos y beneficios para la sociedad estudiando el conjunto, el acercamiento a la justicia y el bien del ser humano per se, sólo puede comprenderse desde la individualidad, comprendiendo el porqué del accionar del hombre y respetando irrestrictamente los proyectos de vida ajenos al nuestro.

Seis de los más grandes intelectuales de la historia en ámbitos de sociedad y economía del siglo XX —Milton Friedman, Friedrich Hayek, John Maynard Keynes, Ludwig von Mises, Max Weber y Douglass North— coinciden en que las sociedades, se van en una u otra dirección, de acuerdo a las ideas que se están planteando en esa sociedad. Es decir, se organizan estructuralmente basándose en aquellas inclinaciones que determinarán el rumbo de una nación.

La mayoría de los grandes intelectuales elaboran ideas y las ponen a dar vueltas en la sociedad, los miembros de la misma las captan, no necesariamente leyendo a estos idealistas, sino en la cotidianidad, viendo televisión, en redes sociales e incluso ámbitos educativos. Cuando estas ideas predominan, tenemos instituciones en la sociedad que las ponen en práctica y eso determina los planes y la manera de regirse de la misma.

Milton Friedman dijo: “Un cambio mayor en las políticas sociales y económicas es precedido por un giro en el clima de opinión intelectual. Después de un lapso, a veces décadas, una corriente intelectual se esparce, primero gradualmente y luego más rápidamente en el público y de acuerdo de la presión que este ejerce en el gobierno afectará el curso de la política económica social”.

Todas las ideas que surjan del colectivo o de la autodenominada “mayoría”, que casi siempre son grupos politizados de izquierda que pretenden adjudicarse la voz de la gente. Según ellos, en su extrema solidaridad y conciencia social, luchan y pretenden revolucionar masas con el fin de determinar que su postura es la correcta por encima de la de los demás. Ellos, haciéndonos creer que la ciencia, la historia y la economía siempre estuvieron equivocadas se presentan como los dueños de la verdad, que desde el poder van a poder determinar lo que está bien y lo que está mal para los ciudadanos. Regidos por una ideología sin ningún respaldo empírico, ellos se sienten iluminados por una deidad trascendental y el resto tiene que obedecerlos.

Para mala suerte de estos grupos colectivistas, existe la razón en una gran mayoría; existe la historia, las ciencias duras y blandas; existen los ejemplos de los países desarrollados; y por sobre todas las cosas existe, lo que ellos considerarán como su peor enemigo, la realidad.

En el siglo XXI la gran ventaja que tenemos es el acceso sin restricciones a la información, podemos estudiar y analizar el progreso y sus motivos, podemos ver perspectivas para poder decidir, tenemos la posibilidad de comparar sistemas que permiten lograr el éxito. En nuestros días ya casi todo lo que conocemos está analizado, probado y estudiado, tenemos que discutir la riqueza, cómo llegar a ello, la capitalización y el beneficio propio, que a su vez y es una ventaja, contribuye también al beneficio de la sociedad. No podemos detenernos a discutir las causas de la pobreza, el mundo ya solucionó estas cuestiones, vivimos en las mejores sociedades posibles en la historia, incluso en los países más pobres.

Si una sociedad quiere lograr desarrollo no tiene que permitir que la mentalidad colectivizada y basada en el beneficio de unos pocos que van a pertenecer al poder si se les permite, ejerza presión sobre las instituciones. Con la excusa de igualdad y justicia social, pretenden beneficiarse a costa de los que producen, encabezados por autócratas disfrazados de solidarios sabios del bien común, y arruinan sociedades.

Los grupos ideológicos no tienen pensamiento propio, toman ideas de intelectuales que planean minuciosamente las estrategias, que con disfraz de moral y frases tergiversadas de la manera correcta, pueden seducir a quienes no formados intelectualmente pretenden un bien, y que, aunque parezca beneficioso al corto plazo, es sumamente dañino para el futuro.

Leer, estudiar, comparar, analizar y decidir. Los pasos para escapar al mayor de los males, la fatal ignorancia.

 

Por Lucas Junes.

Fuente: http://libertad.org/