“No todo lo cuantificable es importante ni todo lo importante es cuantificable”

 Albert Einstein

Etimológicamente el término expectativa viene del latín “exspectatum” que significa “visto”, es un evento que una persona vislumbra que puede ocurrir basado en una suposición enfocada hacia el futuro que puede ser positiva o negativa, y que podría ser acertada o no. Psicológicamente este sentimiento suele estar vinculado con una probabilidad lógica de que algo suceda, por ende, la misma debe de estar sustentada sea cualitativa o cuánticamente en unos supuestos y previsiones.

En ámbito de los mercados globales, tanto financieros como de bienes y servicios, las expectativas de sus agentes económicos marcan la dinámica del comportamiento de éstos.  Pues las previsiones, que los mismos realizan sobre la magnitud en el futuro de las variables económicas y financieras, inducidas estas, por la información que recogen de los mercados, y de los hechos fortuitos acaecidos a corto plazo, suelen marcar la conducta de los actores económicos.

El enfoque teórico de las expectativas más usual era el de las expectaciones adaptables, el cual parte del supuesto que los agentes ponderan cualquier indicador económico-financiero del último año para estimar la de los siguientes, sean tasas de inflación esperada, crecimiento del PIB, o cualquier índice de rentabilidad financiera. Es un enfoque que podía ser fácilmente expresado en forma matemática e incorporado a los modelos macroeconométricos y financieros en uso. Siendo el escenario más sencillo, el que suponía que los agentes esperaban que la inflación del próximo período fuese igual a la del último dato conocido.  No obstante, este modelo de las expectativas adaptables no recoge la realidad, ni mucho menos es capaz de predecir ciertos condicionantes; por ejemplo, el aumento brusco del precio del petróleo en los mercados internacionales productos de factores geopolíticos, o por efecto el cambio de la política monetaria de un gobierno, impulsada por elementos políticos, al decidir aumentar la cantidad de dinero en circulación y la baja los tipos de interés.

A mediados de los años setenta la llamada Nueva Economía Clásica desarrolló el modelo llamado la Hipótesis de las Expectativas Racionales (HER). Bajo el patrocinio particular de Robert E. Lucas, Jr., Thomas J. Sargent, laureados noveles de economía 1995 y 2011 respectivamente.  Este planteamiento constituyó un desafío a los principios keynesianos y un fuerte cuestionamiento a la eficacia de las políticas que normalmente tratan de utilizarse para lograr la estabilidad de la economía de un país. El supuesto básico de este modelo, (HER) supone como dada por un lado la maximización de la racionalidad individual, al respecto ver concepto de John Stuart Mill, del ( Homo Oeconomicus),  y por el otro, la eficiencia de los mercados competitivos en la asignación de bienes, recursos e información. Pues la Hipótesis de las Expectativas Racionales devuelve a los agentes económicos, consumidores, trabajadores y empresas, la racionalidad en sus expectativas, suponiendo que conocen la economía, su funcionamiento, y que utilizan eficientemente toda la información disponible, de manera que neutralizan los efectos de determinada política, que consideren lesiva a sus intereses.

Las expectativas de los agentes económicos según el modelo de (HER) suelen reflejar cierto estado de la comprensión sobre las consecuencias que implicaría la decisión de tomar una acción en particular, y de forma simultánea sirven de guía para prever el curso futuro probable de los acontecimientos en el ámbito económico y financiero.

No obstante, este modelo, ha sido cuestionado por la evidencia empírica. Pues la (HER), aunque interesante por sus implicaciones, no toma en cuenta que bajo ciertas circunstancias, los agentes económicos no suelen utilizar toda la información disponible empleándola solo parcialmente, o incluso que pueda no estar ajustada a la verdad, además de los niveles de asimetría de las mismas. Otro cuestionamiento, realizado al modelo, ha sido el referente al problema de la convergencia de criterios en torno a las variables que influyen en las expectativas, su valor anticipado y su distribución, como su medición, sean estas cualitativas o cuantitativas, dentro de la ecuación predictiva, entre otras deficiencias señaladas.

Las fallas tanto del modelo de las expectativas adaptivas como el de (HER), han sido puestas en evidencia por el comportamiento irracional de los agentes económicos, lo que de entrada, da que pensar sobre la validez predictiva de los miles de modelos económicos basados en el supuesto de que todo el mundo lo sabe todo y que los patrones del pasado son una guía indicativa fiable para predecir el futuro.

Los cuestionamientos hechos han demostrado que las expectativas no siempre son racionales. O lo son en algunas ocasiones, pero terminan generando movimientos aparentemente irracionales, entendiendo éstos como desproporcionados tanto en términos optimistas como pesimistas, sobre una supuesta base “lógica”. Pues los factores psicológicos, sociológicos y políticos sean de índole endógena o exógena, a los mercados mismos, alimentan las conductas de las personas en todas sus actividades, las cuales siempre llevan impresa una carga emocional y la toma de decisiones financieras no es la excepción.

Fueron los trabajos de Kahneman y Tversky (1974, 1979) los que propusieron, con evidencia empírica, que las personas son irracionales de una manera consistente y correlacionada, y criticaron fuertemente la teoría de la utilidad esperada. Otro de los grandes precursores del conductualismo económico es   Richard H. Thaler novel de economía 2017, el cual con sus contribuciones, específicamente en el análisis de la toma de decisiones de los consumidores, donde aborda el análisis de  las tendencias cognitivas, emocionales,  como las consecuencias de la racionalidad limitada  expresadas en la falta de autocontrol en el comportamiento de los seres humanos, tanto a nivel individual como colectivo, como en las preferencias sociales, que  afectan sistemáticamente las decisiones de los agentes económicos sean  a nivel individual  o   colectivo,  y por ende en los resultados de los mercados de bienes y servicios, como los financieros.

A pesar de las críticas hechas por los defensores tradicionales de la teoría de los mercados eficientes, como el laureado novel de economía 2013, Eugene Fama al conductualismo financiero. La realidad práctica de los mercados globales tanto de bienes y servicios como los financieros han puesto de manifiesto la irracionalidad de sus agentes económicos, a la hora de tomar decisiones, dada la complejidad de las interrelaciones subyacentes entre los distintos mercados de bienes reales y financieros, así como el complejo entorno político y social que influye en los mismos. Para muestra un botón, los actuales vaivenes de las  dos últimas semanas en los mercados de bienes y  financieros a nivel global, marcados por  la incertidumbre generada por la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, las expectativas sobre una posible baja en los tipos por parte de la Reserva Federal de los EEUU, así como las tensiones entre los Estados Unidos y sus aliados árabes con Irán producto de los incidentes acaecidos en el Golfo Pérsico  y su impacto  en los precios del petróleo, ¿no han afectado acaso?  los niveles de incertidumbre tanto de los mercados respectivos, como en las expectativas de los agentes que interactúan en los mismos de una manera irracional al formarse sobre expectativas tanto positivas como negativas de las impredecibles tendencias de los mercados globales en cuestión, afectando así la volatilidad de estos. Pues como reza la cita arriba expuesta de Albert Einstein “no todo lo cuantificable es importante ni todo lo importante es cuantificable”.

 

Por George Youkhadar Allis.

Fuente: http://www.elindependent.org/