Si usted desea seguridad total, el mejor lugar es la cárcel. Allí usted está alimentado, vestido, recibe atención médica y todo lo necesario. La única cosa de la cual carece es de libertad”. Si bien me gustaría que la sentencia fuese mía, no lo es; pertenece a Dwight D. Eisenhower. Qué mejor forma de aplicar esta idea que describiendo el comportamiento político en dos países, Estados Unidos y Argentina, frente a una instancia electoral como la que se avecina.

En octubre de 2015 se llevó a cabo el primer debate presidencial de la historia argentina, con la participación de todos los candidatos a excepción de Daniel Scioli. La homogeneidad de las posiciones esgrimidas sobre educación fue remarcable. En qué supera la educación uruguaya a la argentina.

El miedo a la libertad que los políticos creen percibir en nuestra sociedad posiblemente fue el determinante. De lo contrario sería razonable suponer que alguno hubiese defendido la libertad de los padres de elegir la educación de sus hijos, más allá de sus posibilidades económicas. A modo de ejemplo, empecemos con Margarita Stolbizer: “Si soy presidenta voy a convocar a un gran pacto por defensa a la educación pública, porque esa es la garantía de igualdad. Ahí todos entramos y salimos cada vez más iguales”. Nicolás del Caño señaló: “Mientras siguen degradando a la educación pública, se subsidia a las privadas. Proponemos una escuela estatal única, laica, gratuita y de calidad”. Adolfo Rodríguez Saá planteó: “Tenemos que ir pensando en la escuela, además de gratuita, laica, estatal, la escuela digital”. Sergio Massa compartió: “La igualdad de oportunidades la construye la escuela pública. Abajo del guardapolvo blanco tienen que estar el hijo del escribano del pueblo y el hijo del albañil, buscando igualdad de oportunidades para el futuro”. Mauricio Macri dijo: “Les hablé de mi compromiso con pobreza cero pero la otra gran pata es educación pública de calidad. Ahí estamos todos de acuerdo”.

Una evidencia similar la provee un mes más tarde Daniel Scioli, en su participación en el debate previo al ballotage: “Como egresado de la escuela pública, del Carlos Pellegrini, soy un defensor acérrimo de la educación pública”. Así cayó la inversión en educación en Argentina.

Veamos ahora un escenario por completo disímil en el proceso electoral norteamericano, que culminó con la elección de Donald Trump.

El 3 de junio de 2016 el Washington Post publicaba: “La libertad de los padres de elegir el tipo de escolaridad de sus hijos está destinado a convertirse en uno de los principales temas en la campaña presidencial, ya que varios candidatos republicanos, entre ellos Jeb Bush y el Senador Marco Rubio, apoyan la propuesta que permitiría a los padres elegir la escuela que mejor se adecúa a las necesidades o aptitudes de sus hijos. El principal candidato demócrata, Hillary Clinton, siempre se ha opuesto a este tipo de iniciativa, argumentando que absorbe los escasos dólares disponibles para las escuelas públicas”.

Más aún, casi al fin de la campaña Trump fue explícito al respecto: “Como su Presidente voy a ser el mayor promotor del derecho de los padres a elegir la escuela a la cual concurran sus hijos. Quiero que cada uno de los niños de familias humildes tenga la libertad de asistir a la escuela de su elección”.

Retornemos a nuestra realidad. Faltan pocos meses para la elección, ¿habremos de escuchar de los candidatos propuestas concretas sobre temas educativos como el que acabo de ilustrar o continuaremos escuchando generalidades a favor de una mejor educación, las cuales no dicen nada y a nadie pueden incomodar? cuál es la relación de los argentinos con la educación

¿Por qué no preguntarle a cada uno de los candidatos si apoya o no una reforma educativa que otorgue a los padres la libertad de decidir la educación que consideren más apropiada para sus hijos?

Es tiempo que la sociedad argentina se atreva a comenzar a perderle el inmovilizador miedo a la libertad, la educación es un terreno propicio para ello. De lo contrario el horizonte será muy oscuro y no sólo en el terreno educativo.

 

Por Edgardo Zablotsky.

Fuente: https://www.perfil.com/