Lo expresado en este artículo es opinión de su autor; no necesariamente refleja la opinión de Econintech.

Casi todos los cursos de emprendimiento en el mundo, necesariamente mencionan el nombre de Thomas Alva Edison, aquel muchacho solitario y curioso, que nació un 11 de febrero de 1847, en Ohio de los Estados Unidos de Norte América, quien  luego  se convertiría en uno de los más famoso inventores de todos los tiempos.  Lleno de curiosidad Al, como era llamado, metía sus narices en casi todo, miraba y molestaba a la gente con sus distintas preguntas y más tarde se le observaba pensado y experimentando con los conocimientos adquiridos. Ese comportamiento lo hizo convertir el sótano de la casa de sus padres en un improvisado laboratorio que llenaba de preocupación a la angustiada madre. Sin embargo de esa manera el gran inventor no solo mejoró significativamente muchos productos, sino que fabricó  los suficientes para convertirse en un hombre adinerado.

De acuerdo a lo planteado por Sproule, en la colección Genios de la humanidad, es fácil atribuir a Thomas A. Edison la calificación de un hombre innovador por excelencia, ya que es uno de los responsables de haber dado aplicaciones domesticas a la electricidad y eso es sencillamente innovar, definir un diseño, la invención, el desarrollo e implantación de producto, los servicios, los procesos y modelos de negocios que agregan y crean valor  para los consumidores y usuarios, aspectos que fueron tomados muy en serio por  el gran Thomas a lo largo de su vida.

Del mismo modo se puede afirmar, que  los emprendedores que quieran ganar mercados con nuevos productos, deben asumir la conducta de este gran personaje norteamericano, entendiendo que la única manera de tener mayor probabilidad de éxito al lanzar un determinado producto, es desarrollar junto  al mismo, un mayor número de ideas para complementarlo en la satisfacción de las necesidades de los clientes, lo que amerita realizar las pruebas necesarias para ir afinando y mejorando el producto constantemente. Si bien es cierto, las buenas ideas no tienen una fórmula mágica, requieren del ejercicio mental constante y continuo orientado a la búsqueda de soluciones para los distintos problemas observados en la sociedad, determinando como afectan a las personas, como se puede contribuir a dar solución a una marcada situación, como se puede mejorar un producto existente en el mercado, sin dejar de tomar en cuenta los distintos hábitos, las costumbres y los gustos alimenticios de la sociedad.

En ese orden, es necesario que los emprendedores tengan en cuenta las múltiples aplicaciones que surgen de las novedades tecnológicas que contribuyen con  el posicionamiento del nuevo producto o de un nuevo servicio, tal es el caso de la telefonía móvil para dar soluciones distintas demandas sociales, como los servicios bancarios, cancelaciones de servicios, entre otros. Pero esto, solo se logra observando las necesidades que generan los cambios recientes del entorno en relación  al análisis  detallado de la competencia, para intentar superarla, dado que siempre existe insatisfacción de los clientes, clientes mal atendidos o no tomados en cuenta y  clientes que no tienen acceso a las ofertas existentes en el mercado y esa era una de las mayores virtudes de Thomas A. Edison.

Es por eso que se admite, que innovar es ver  la posibilidad de crear productos y servicios innovadores a partir de otros ya existentes, combinando soluciones que ya funcionan, ampliando los usos y aplicaciones para  dar mejores alternativas   a los clientes, sin  perder de vista los bordes de los  negocios, analizando las variantes y ampliaciones de lo que ya se hace y de esa manera contribuir  al incremento de las operaciones y de  los ingresos del negocio, dando mayor fortaleza a una actividad inicialmente explotada.

Es indudable, que los  aspectos antes citados fueron tomados en cuentas por el gran Al Edison cuando invento la bombilla eléctrica, dado que construyó en su mente cerca de tres mil teorías diferentes para poder establecer que el filamento de carbón funcionará para crear la luz a partir de la electricidad, dejando atrás las lámparas de aceite y de gas. Por eso la noche del 21 de octubre del año 1931, el día de muerte,  se apagaron casi todas  las luces en los Estados Unidos de América como un homenaje del corazón de los habitantes de esa gran nación a quien les diera la posibilidad de ver al mundo mejor. Aprendamos de cabeza ajena.

 

Por Joel Alberto Torrez.

Bibliografía

Lambing, P y Kuehl Ch. (1998). Empresarios Pequeños y Medianos. Person yPrentice Hall. México. 

Sproule, Anna. (1995). Thomas A. Edison. Genios de la Humanidad. Abril Cinco ediciones. Colombia.

Vainrub, Roberto (2010). Convertir sueños en realidades. Ediciones IESA. Caracas.