Las perspectivas para la generación millenial, aquellas que nacieron dos décadas antes del nuevo milenio, son sombrías. La deuda de los estudiantes es solo una de las cargas. También existe la falta de puestos de trabajo atractivos. Peor aún son las inclinaciones hacia el socialismo que viene empaquetado de manera atractiva como más democracia. Sin embargo, hay una solución.

Esta salida es más capitalismo. En la medida en que el capitalismo libre funciona como un motor del aumento de la productividad, los niveles de vida pueden aumentar. El capitalismo crea riqueza y promueve la prosperidad.

Los Millennials no deben preocuparse cuando sus ingresos les otorgan un alto poder adquisitivo. Entonces, incluso una situación laboral precaria proporcionará una buena vida, muy diferente de la miseria general que vendría con más socialismo.

La visión de un orden anarcocapitalista con una economía altamente productiva y una sociedad sin estado contrasta fuertemente con el sistema de gobernanza socialdemócrata, «liberal» contemporáneo que avanza hacia un mayor gasto del gobierno, más deuda pública, más regulación, menor productividad, y menor poder adquisitivo de los salarios.

El funcionamiento interno del sistema socialdemócrata actual lleva a impuestos más altos y más contribuciones. La deuda pública sigue aumentando. El punto final del sistema existente de democracia de partidos, bienestar social y capitalismo de estado no es la estabilidad, la riqueza y la libertad, sino la bancarrota, la miseria y la supresión del estado.

La agenda política de la democracia moderna afirma que el Estado podría prevenir y curar el desempleo, las crisis económicas, las recesiones, las depresiones, la inflación, la deflación y la desigualdad, y que el Estado podría brindar educación, atención médica y seguridad social para todos. Las promesas de aumento de los ingresos y el empleo dominan las campañas políticas. Sin embargo, la política nunca ha alcanzado estas afirmaciones. En el tiempo por venir, estas reclamaciones serán aún menos cumplidas.

Las políticas socialistas no funcionan. No funcionan por necesidad porque destruyen la productividad, y la productividad es la clave de la prosperidad. La respuesta a los desafíos del nuevo milenio no es más intervencionismo estatal, sino eliminar la política y el Estado. Debemos acabar con las políticas económicas y sociales convencionales. No más intervención del gobierno y del estado de bienestar son la respuesta, sino menos capitalismo estatal y más libre.

Lo que ocurrió con la fabricación y los servicios básicos abarcará sofisticados lugares de trabajo. Las máquinas se harán cargo. La seguridad laboral es cosa del pasado. Un título universitario ya no sirve como una póliza de seguro contra el desempleo. Sin embargo, las nuevas tecnologías contienen la solución de los problemas que presentan. Si bien el progreso tecnológico destruye las ocupaciones, las innovaciones hacen que la economía sea más productiva. No el crecimiento y el empleo son la clave del futuro, sino una mayor productividad.

El socialismo democrático no salvará a los millennials, pero el anarcocapitalismo lo hará.

Las nuevas herramientas harán que el aparato político quede obsoleto y permitirá la privatización de las funciones del Estado, de administración pública y del sistema judicial. Con el fin de la política de partido y del dominio monopolístico del Estado, una carga financiera colosal caerá de los hombros de la población.

En un mundo sin un Estado en el sentido convencional, el costo de la vida sería una fracción del día de hoy y las contribuciones obligatorias tomarían solo una parte insignificante de los ingresos. La productividad sería tan alta que el poder de compra de los salarios eliminaría las preocupaciones sobre la seguridad laboral y el pago de las cuentas.

Sin un cambio a un orden libertario de una sociedad sin Estado, el camino conduce a un sistema donde las nuevas tecnologías pueden convertirse en los instrumentos mortales de un control estatal integral en manos de un régimen totalitario.

Para evitar un nuevo totalitarismo, la respuesta es más capitalismo y menos política. Tal orden libertaria eliminaría la política de partido a través de un sistema que tiene el cuerpo legislativo seleccionado por sorteo.

Un sistema político libre de políticas partidistas, junto con un orden monetario basado en el mercado y la disposición privada de la ley y de la seguridad pública, minimizaría y finalmente aboliría el Estado como una organización monopolística de dominio.

Un orden anarcocapitalista abriría el camino para que las nuevas tecnologías eliminen la avalancha de políticas y regulaciones públicas y eliminen así el sistema actual, que es tan ineficiente, corrupto, injusto, y que en su esencia es también antidemocrático.

En los últimos doscientos años, desde la Revolución Industrial, la tecnología ha transformado la existencia humana más que en toda la historia. En las próximas décadas, las innovaciones cambiarán el mundo incluso más de lo que sucedió en los últimos doscientos años.

El capitalismo libre, junto con la drástica reducción del Estado y la abolición de la política, acabarían con las cargas financieras que afligen al ciudadano moderno. La intervención estatal en la vida económica no conduce a la prosperidad. El camino hacia la afluencia es la retirada del estado y el fin de la política.

El nuevo milenio pertenecerá a aquellas sociedades que descartan el estado administrativo y avanzan hacia una forma de capitalismo que está libre del Estado y de la política.

 

Por Antony P. Mueller.

Fuente: https://www.mises.org.es/