Lo acá escrito representa el estricto punto de visto del autor, no necesariamente el de Econintech.

Vive Venezuela los momentos más difíciles de los últimos tiempos, esto amerita  buscar en la memoria situaciones similares que permitan realizar ligeras comparaciones que sirvan de mecanismos para generar condiciones económicas más razonables y más confortables. Lo anterior obliga a remontarse  al artículo del Sr. Jonathan Harris en 1936, intitulado “¿Cuánto ganamos el mes pasado?”  (How much did we earn last month) que sirvió para dar inicio, en los Estados Unidos de Norte América, a una marcada polémica relacionada con el naciente  método de costeo directo en contraposición al método de costeo variable utilizado hasta esa fecha para determinar el costo de fabricar un  bien o de prestar un servicio. En la época de la gran depresión económica de USA el método de costeo directo se planteó la necesidad de excluir los costos fijos de la valoración de los cotos de producción y por ende de los inventarios.

El referirse a esta polémica, obedece precisamente a que en Venezuela, en los inicios del año 2019, los altos índices de inflación dificultan el sentido de la contabilidad actual para determinar cuánto ganan las empresas en la explotación de su actividad económica, pero ya no referidas al mes pasado, sino más bien a la ganancia obtenida en la semana pasada. A esto debe agregarse  lo referido por Cossaer y Wegge, en el artículo publicado en el libro Por qué la Libertad   del Dr. Palmer, donde se establece que el acto de comprar y vender en un mercado debe servir para crear precios, afirmando además que deben ser los costos de los insumos los indicadores del valor que cierta persona asigne a los bienes.  Cabe preguntarse ¿Está pasando esto en Venezuela? O tal vez de otra manera ¿Cuánto inciden el costo de los insumos sacrificados en la elaboración de un bien en su precio de venta?

Hace algún tiempo era muy práctico fijar precios de ventas  tomando en cuenta los costos de producción más el margen de ganancia esperado,  entendiéndose que para ello era necesario que existieran organismos de planificación que generen la información contable confiable para una economía de mercado. Actualmente en Venezuela, los precios están muy distante de responder a esta norma, ni mucho menos están surgiendo de los actos descentralizados de comprar y vender que caracteriza a los mercados y a su vez   lucen lejanos de surgir de la interacción del libre mercado para crear el valor que oriente al participante en la aplicación de los recursos que dispone.

El planteamiento anterior viene al caso, cuando muchos pequeños negocios  han  cerrado sus puertas por no poder determinar cuánto ganaron la semana pasada, considerando lo difícil que es el  poder establecer un mecanismo de reposición de los inventarios a costos aceptables, debido a los efectos de la elevada inflación que vive el país. Si bien es cierto, de acuerdo con lo planteado en el libro del  Dr. Palmer a las personas, por lo general, les gusta pagar precios más bajos para comprar y cobrar precios más altos cuando van a vender con un solo objetivo, ganar dinero,  dado que, la ganancia económica  indica si una empresa está agregando valor o no. La citada inflación se ha convertido en un verdadero martirio para un pequeño negocio que vendió parte de sus inventarios la semana pasada, con la sensación de haber obtenido un margen de ganancia suficiente para seguir operando y de repente se encuentra el primer día esta semana que el valor de reposición del inventario consumió su margen de ganancia, lo  que ameritó disminuir el volumen de producción o buscar endeudamiento para mantener los anaqueles al mismo nivel.

Es allí donde cobra importancia el método de costeo directo del Sr. Harris, dado que permitió una disminución del volumen de producción, tan necesaria  en la gran depresión económica, sin afectar negativamente en un mayor  costo del producto.  Con la aplicación de este método de costeo las empresas pudieron  mantener precios de ventas razonables que estimularon  la economía en aquel tiempo. Lo antes expuesto debe llevar a los economistas y a los contadores públicos a trabajar en forma conjunta en la búsqueda de mecanismos de orden social que permitan la supervivencia empresarial bajo una visión múltiple de competencia y cooperación social, en sincronía con las instituciones económicas, políticas y jurídicas de la sociedad y de esa manera apoyar significativamente a los emprendedores en sus distinta facetas y como tal a la reactivación económica que permita responder: en Venezuela las empresas ganan dinero.

 

Por Joel Alberto Torrez.

Bibliografía.

.-Palmer, Tom (2018). Por qué la Libertad. Tu vida. Tus elecciones. Tu futuro. Atlas Network.

.-Ortega Pérez de León, Armando (1997). Contabilidad de Costos. Limusa Noriega Editores.