La escritora ruso-americana Ayn Rand (1905-1982), en su extraordinaria novela La rebelión de Atlas, narra la historia de una sociedad donde el socialismo y el colectivismo van ganando espacio. Las consecuencias son la parálisis de la producción, de la innovación, del desarrollo y un empobrecimiento moral y económico de la sociedad.

La novela contiene frases memorables como la siguiente: “Cuando vea que se comercia, no por consentimiento sino por compulsión; cuando note que para producir, se requiere el permiso de quienes no producen nada; cuando vea que el dinero fluye hacia aquellos que negocian no bienes, sino favores; cuando vea que los hombres se enriquecen más por peculado y palancas, que por trabajar y que las leyes no lo protegen a usted de ellos, sino a ellos de usted; cuando vea que se recompensa la corrupción, y la honestidad se convierte en auto sacrificio, — puede Ud. saber que su sociedad está condenada”.

Son impresionantes las similitudes que uno encuentra entre la novela y la realidad de muchos países como Venezuela o Bolivia. Estas similitudes no son coincidencias, antes de emigrar a Estados Unidos, la autora vivió los inicios de la Revolución bolchevique, el nacimiento de la Unión Soviética y conoció de primera mano la opresión del socialismo (a su padre le expropiaron su farmacia). Pero sería absurdo argumentar que el socialismo es malo basado en lo que dice una novela, después de todo existe literatura abundante que propugna lo contrario.

El test supremo de toda teoría, es la capacidad de predecir resultados; el fin supremo de una doctrina es lograr ciertos objetivos. El socialismo promete una sociedad con justicia, con igualdad, con progreso económico y con hombres felices. Ésas son las promesas del socialismo desde Karl Marx, su más ilustre pensador, hasta los innumerables panfletistas y charlatanes como Fidel Castro o Hugo Chávez. Sin embargo donde se impone el socialismo sucede todo lo contrario: la justicia degenera en un aparato opresivo y arbitrario manejado al antojo de quienes tienen el poder; existen dos igualdades, la de los que tienen todo, y la de los que no tienen nada; la sociedad se estanca económica y tecnológicamente; y aquellos que no pertenecen a la cúpula del poder (la gran mayoría) viven pobres y frustrados. Esto no es invento, ni es novela, es lo que pasó en la Unión Soviética, en la Alemania comunista, en la Yugoslavia de Tito, la China de Mao, la Camboya de Pot Pol, la Cuba de Fidel y es lo que está pasando por ejemplo en Venezuela, Nicaragua o Bolivia. Cuando comparamos el discurso socialista con la realidad, cuando comparamos las promesas del socialismo con sus resultados vemos que existe una distancia abismal y por ello debemos concluir que el socialismo es un fracaso, un fracaso muy costoso.

 

Por Javier Paz García.

Fuente: http://libertad.org/