Cuando unos son zapateros, otros carniceros, unos siembran soya, otros crían vacas, etc., existe la división del trabajo.

Con la división del trabajo viene el comercio. Nadie realiza todas las actividades ni produce todos los bienes que consume, sino que produce un tipo o pocos tipos de bienes, y los intercambia por otros. El carnicero vende su carne para comprar zapatos, el zapatero arregla zapatos para comprar una casa, el abogado vende servicios legales y compra servicios mecánicos.

Con la división del trabajo y el comercio viene la especialización y el incremento en la productividad. Es decir, si en vez de que cada persona produzca su propia comida, elabore su propia ropa y construya su propia casa, cada quien se especializa en una sola actividad, con el tiempo, cada persona va a mejorar su capacidad para desarrollar dicha actividad.

Para Adam Smith, filósofo escocés del siglo XVIII y padre del capitalismo, la división del trabajo era una de las bases de la riqueza de las naciones, porque permite la especialización y el incremento de la productividad.

Cada persona se especializa en unas cuantas cosas y las intercambia por otras cosas que no produce, precisamente porque de esa manera puede producir más y consumir más.

Ahora imaginemos una situación donde el Estado disponga por ejemplo que en el país los habitantes ya no pueden comerciar tomates, y que cada uno tenga que producir tomates para consumo propio, y luego prohíba la comercialización de zapatos y que cada habitante tenga que producir sus propios zapatos y que vaya prohibiendo el comercio hasta llegar a una situación en que cada habitante es un Robinson Crusoe, que tenga que producir todos los bienes y servicios que desee consumir completamente, sin la posibilidad de intercambiar con otros mediante el comercio. Es claro que en esta situación hipotética el resultado sería un empobrecimiento general de la población. Es claro que la cantidad y la calidad de bienes y servicios que cada habitante pudiera producir para sí mismo, sería muy inferior a la que lograría mediante la división del trabajo, la especialización y el comercio.

Es importante entender estos conceptos para poder apreciar la importancia del comercio. Las crisis económicas generalmente despiertan tendencias proteccionistas; la crisis actual no es la excepción. Sin embargo, limitar el comercio con otros países, sea prohibiendo o limitando las importaciones o exportaciones, tiene consecuencias negativas al crecimiento y bienestar de largo plazo de un país.

Un Robinson Crusoe que tiene que hacer y saber un poco de todo no puede tener la productividad de un grupo de personas donde cada cual sabe mucho sobre su tema.

De manera análoga, un país que se cierra al comercio, desaprovecha oportunidades de especializarse e incrementar su competitividad, desaprovecha oportunidades de generar mayor riqueza y reducir la pobreza.

 

Por Javier Paz García.

Fuente: http://libertad.org/