El proyecto del llamado socialismo del siglo XXI avanza sin detenerse a controlar los pocos espacios de libertad que todavía quedan en Venezuela.

En aparente calma Venezuela vivió este 20 de agosto, un día clave en el cual el chavismo hunde al país en una mayor y profunda crisis que no llega por accidente ni improvisación sino como una necesidad del sistema político establecido desde 1999 para poder evolucionar a una etapa de mayor control y represión sobre el individuo.

Los economistas que de buena fe han intentado encontrar algún sentido en los anuncios económicos hechos por Nicolás Maduro en los últimos días se han encontrado con que la explicación dada por los funcionarios es insuficiente y que los efectos de las acciones que se van a emprender son contradictorios con el enunciado que se hace de las mismas.

Lo seguro es que con estas medidas Venezuela oficializa su “período especial” auto infligido, madurado durante 16 años y que lejos de significar la caída o el colapso del sistema, es más bien la solidificación de su versión más tiránica y opresora. La destrucción de la moneda, lograda a la perfección, termina de instaurarse con la entrada de la dualidad monetaria bolívar soberano/Petro y sirve como excusa para controlar de forma directa a las pequeñas y medianas empresas que valientemente subsisten todavía en Venezuela.

El punto de no retorno al que se ha llevado al país en 20 años de gobierno chavista habría parecido irreal para el observador y analista político si se le hubieran presentado a finales de la década de 1990 tal como son hoy. Entonces, muchísimas razones se habrían esgrimido para descartar por completo la posibilidad que Venezuela podría llegar a una situación como la actual. Pero una revisión de la evolución de la historia económica de la Venezuela contemporánea demuestra que, como finalmente sucedió, la pauperización del país era posible.

El economista Hugo Faría, consultor senior del equipo Académico y de Investigación de Econintech, ha expuesto como a lo largo del siglo XX, especialmente a raíz de la instauración del régimen democrático en 1958, las políticas económicas implementadas por los sucesivos gobiernos incrementaron el tamaño del estado, su participación en la economía como propietario de medios de producción, así como su intervención en los mercados a través de diversos mecanismos.

El estudio hecho por Faría en su artículo “Hugo Chávez en el contexto de la historia económica y política venezolana”, describe detalladamente el incremento exponencial de la participación e intervención estatal en la economía a través de políticas socialistas y mercantilistas que proporcionaban recursos a los gobernantes de turno al tiempo que arrebataban libertades económicas, y finalmente también las políticas, a todos los venezolanos.

(DESCARGA EL LIBRO EN HOMENAJE A HUGO FARÍA AQUÍ)

Mientras Maduro amenaza con mayor persecución y una represión más extendida, algunos sectores opositores han apuntado a hacer un llamado a huelga general que se ha cumplido hasta cierto punto pero que no tuvo una orientación hacia un objetivo político claro. La oposición desprestigiada y atomizada no plantea acciones que pueda ejecutar con cierta fuerza.

Parte del problema opositor es que su discurso se mimetiza con el discurso chavista y demuestra que la visión histórica de Venezuela planteada por Chávez se ha impuesto como la oficial y aceptada por todos. Voceros de uno de los principales partidos opositores (con líderes presos y exiliados), al igual que el editor de uno de los diarios más críticos con el chavismo, calificaban lo anunciado por Maduro como un “paquete neoliberal”.

Incluso, se llegó a comparar este anuncio con los hechos por Carlos Andrés Pérez cuando iniciaba su segunda presidencia en 1989 y que, según esa misma visión impuesta por la izquierda venezolana, produjeron el llamado “estallido social” del 27 de febrero de ese año. Con una visión económica tan distorsionada y compartida entre actores que supuestamente son antagonistas se entiende como es que el programa de control social impuesto por la revolución socialista venezolana ha llegado al punto de sofisticación que tiene hoy.