Es un lugar común pensar que el mejor presidente es un empresario exitoso. En Venezuela esa ha sido una idea recurrente que más recientemente han encarnado el humorista Benjamín Rauseo y ha encontrado su apoteosis en Lorenzo Mendoza, el presidente empresas polar, conglomerado que tiene una amplia aceptación en la opinión pública venezolana.

En la web de Instituto Mises se publicaba recientemente un artículo titulado: “No puedes manejar el gobierno ‘como un negocio’”. En ese texto se abordaba esta recurrente idea en las democracias occidentales y que en los EE.UU. se materializó con la llegada de Donald Trump a la presidencia de ese país.

Los estadounidenses también han tenido la idea de que las capacidades que tiene el empresario son las idóneas para ejercer funciones de liderazgo en el llamado “sector público”. La realidad es que ambos mundos son tan diferentes que las habilidades que convierten a un individuo en un hombre de negocios ganador son prácticamente inútiles en el ejercicio de un cargo de elección popular.

En el artículo, se emplean los argumentos dados por Ludwig von Mises en su libro “Burocracia” y se destaca que la principal diferencia, en una economía de libre mercado, es que un empresario está enfocado solamente en las ganancias de su operación las cuales puede obtener gracias a que ofrece un producto o servicio que es preferido de forma voluntaria por el público.

Pero en el sector público es distinto:

Los ingresos de los burócratas provienen de los impuestos, tomados a través de la coacción. No existe un precio de mercado para los bienes y servicios “públicos”, lo que no permite saber cuáles son los más valorados. El cálculo de valor y compensaciones en la burocracia gubernamental se vuelven imposibles en cualquier sentido económico.

En una empresa, sin embargo, los clientes pagan voluntariamente por el bien o servicio que se produce. El precio de mercado muestra qué bienes y servicios son más valorados por los consumidores. Debido a que los recursos se pueden dirigir a donde se desean con mayor urgencia, el mal gasto se pueden minimizar.

Mises, cita el artículo, destacaba que una vez que un hombre de negocios era elegido para dirigir una agencia gubernamental dejaba de ser empresario y se convertía en un burócrata enfocado en cumplir con reglas y regulaciones. El éxito del empresario no estaba en su personalidad, agregaba el austríaco, sino en su posición dentro del entramado de la economía de mercado.

De nada sirve creer que se puede manejar un gobierno como un negocio. La rigidez de la administración pública descarta la iniciativa individual y la creatividad y el centralismo sofoca la toma de decisiones más localizada.

El artículo concluye con una advertencia:

“Los ciudadanos tienen que mantener una actitud vigilante y combatir la expansión de la dádiva gubernamental pues ésta coloca a segmentos más grandes de la sociedad bajo el manejo burocrático y resulta en un gobierno más autoritario”.

¿Les suena?

Una aclaratoria o contra argumento

En el artículo que citamos, el autor se refería a las incompatibles cualidades entre un empresario y un funcionario bajo el supuesto de una economía de mercado libre o poco intervenido, en la cual el empresario solo depende de su creatividad para ganar la preferencia del público sobre sus competidores. Pero, esa situación dista de ser, y por mucho, la realidad venezolana desde hace años.

En medio del intervencionismo estatal exacerbado, el cual se incrementó conforme avanzó el siglo XX hasta llegar a los extremos que existen hoy en día, un empresario venezolano “exitoso” es aquel que aprende a moverse en toda la maraña de engorrosos trámites burocráticos y lidiar con funcionarios públicos corruptos para poder operar. Sabe poner todas las trabas institucionales a su servicio y en contra de sus competidores.

Un empresario venezolano “exitoso” no está necesariamente acostumbrado a lidiar con la libre competencia pero sí ajustarse a regulaciones que sabiéndolas sortear pueden incluso beneficiarle, por ejemplo, obtener acceso a dólares a precios preferenciales. Quizá un empresario “exitoso” en Venezuela se parezca más a un burócrata que a un hombre de negocios.

Humberto Andrade Zambrano es editor en jefe en Econintech.org

Con información de Mises.org