Con ocasión a las consecuencias esperadas –pero igualmente dolorosas- de las medidas económicas adoptadas desde hace más de una década, han surgido distintas formas de defenderse del control de cambio y de la hiperinflación que nos afecta desde hace años.

Para algunos el bitcoin es una forma de protegerse ante el envilecimiento del bolívar. Para otros, la llamada minería se ha convertido en su ingreso principal, porque con ella se puede obtener un promedio de hasta 500 dólares al mes, lo que para ser honestos, es una verdadera alternativa en un país en el que el salario mínimo está cerca de los 10 dólares mensuales.

Lamentablemente vivimos esta realidad desde hace décadas, tan sólo que en las últimas se ha exacerbado. Desde principios del siglo pasado Henrique Pérez Dupuy denunciaba que “las desvalorizaciones monetarias crean desconfianza, inestabilidad e injusticia. Desconfianza, porque el público teme entrar en operaciones a largo término por temor a una nueva manipulación de la moneda; inestabilidad, porque la experiencia enseña que a la primera desvalorización pueden seguir otras, confirmando el dicho muy conocido de que el primer paso es el más difícil; y, sobre todo, injusticia porque la mayoría del país que devenga sueldo o paga fija, tendrá que cargar momentáneamente con todo el peso de la desvalorización mientras se rectifiquen los sueldos de acuerdo con el nuevo aumento que fatalmente se producirá en el costo de la vida y no es justo que una sola clase, y por cierto la más numerosa, venga a pagar el `impuesto´ en cuestión, que no otra cosa es la desvalorización de la moneda” (Pérez Dupuy, Henrique: Escritos con espíritu liberal, Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad, Caracas, 1991, p. 41).

Ahora bien, este fenómeno en Venezuela nos anima a preguntarnos sí detrás de él existe una filosofía liberal. En lo particular, las criptomonedas me parecen el mejor ejemplo de la filosofía liberal en acción. Por ejemplo, si entendemos el orden espontáneo expuesto y desarrollado por Hayek como procesos sociales en los que interactúan un número indeterminado de individuos que persiguen fines particulares y no están sujetos a la dirección de nadie, salvo a ciertas normas de carácter abstracto y universal, podemos verlo reflejado en este sistema de compra y venta de monedas virtuales.

En las criptomonedas ves (i) ese juego de comprador-vendedor, todos buscando alcanzar objetivos más ventajosos para cada uno; (ii) la minería, un entramado de agentes que se verifican mutuamente, trabajo coordinado mutuo; (iii) se busca cambiar las criptomonedas por dinero y usarlas para hacer transacciones; y (iv) es una alternativa al monopolio del Estado en la política monetaria.

Y en el caso específico de Venezuela, un país socialista, hasta se vería reforzado. En Diálogo de Conversos, Roberto Ampuero y Mauricio Rojas, son categóricos al afirmar: “El socialismo puede echar al mercado por la puerta, pero le entra de vuelta por la ventana del mercado negro. Creen que pueden controlar los precios así como creen controlar las conciencias, pero esto último puede resultar más fácil que lo primero” (…) “No, no hay forma de doblarle la mano invisible al mercado, y eso lo demuestran especialmente los países socialistas” (Ampuero, Roberto y Rojas, Mauricio: Diálogo de conversos, Suramericana, Santiago de Chile, 2015, pp. 128-129).

Obviamente esto es un debate abierto no exento de controversia. Pero en un país bajo una dictadura como la actual se agradecen fenómenos así que en algunos casos permiten la discusión, y en otros incluso la sobrevivencia.

Por Andrea Rondón. Doctora en Derecho de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Directora del Comité de Derechos de Propiedad del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad. Profesora de la Escuela de Derecho y de la Maestría de Filosofía de la Universidad Católica Andrés Bello.

Fuente: https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/el-uso-de-las-criptomonedas-en-venezuela-existe-una-filosofia-liberal