El cambio que necesita Venezuela está en gestación. Va a costar mucho más de lo que ha costado hasta ahora. Va a costar mucho más tiempo, más recursos y, lamentablemente, más vidas. Es mucho el trabajo por hacer, muchas las cosas por superar,instituciones que destruir y crear para pensar en la existencia de ese país que alguna vez soñamos que existía pero que era una ilusión.


Una semana luego de las falsas elecciones celebradas en Venezuela el país continúa en un rumbo que ya se veía venir y no sorprende a nadie. Pero todavía es posible cambiar las cosas, solo que dicho cambio no es fácil, no hay salidas sencillas. No hay una sola vía expedita y antiséptica. Hay que concentrarse en lo que hay que hacer.

El cambio está en un fase seminal, quizás eso sea optimista y sea más exacto decir que está en una etapa pre-seminal (si existe tal cosa). El principal cambio tiene que darse en las mentes y corazones de los venezolanos. Y no se trata de una mayoría, con una minoría comprometida, organizada e intransigente bastaría. Y eso se está gestando.

La pasada elección no demostró nada que ya no se supiera antes. Toda vía que pretenda ser democrática está cerrada porque Venezuela no es una democracia, mucho menos es una república, lo que es mucho más grave.

Pero, ¿cuáles son las cosas que hay que cambiar? Mejor dicho, CUÁL cosa. Y es la que considero la génesis de toda pesadilla. La mentalidad estatófila, la de los adoradores del estado (siempre en minúscula en mis escritos). La que impulsa a tantos a decir siempre: “Que el gobierno haga algo”. Porque en el país estado y gobierno son entendidos como una misma cosa, o como bien apuntaba José Ignacio Cabrujas: “…resulta muy difícil en Venezuela percibir la noción del Estado. En Venezuela hay gobierno… y de vaina”.

Corrupto e inútil estado

Y cómo romper con esa fuerza motora que ha impulsado el siempre incipiente    desarrollo en Venezuela. La misma que ha regalado leche en las escuelas, bultos escolares, comida, becas internacionales y güisqui importado para entretener a las masas.

El mismo que mantiene esa invención de José Antonio Abreu a la que todos se refieren ligeramente como “el sistema”, sin reparar en las otras organizaciones que usan el mismo nombre.

El mismo estado que ha regalado dólares a los equipos de béisbol para que mantengan activo al “pasatiempo rey”,  aunque otros mueran por la carencia de alguna muy cara medicina importada.

Entonces es una institución que es percibida como benevolente. Y hasta que eso no cambie nada cambiará. La gente seguirá queriendo para siempre que “el gobierno haga algo”.

Primero hay que entender que el estado que supuestamente te beneficia con sus planes sociales lo hace a expensas de mantenerte pobre. Que el estado que subsidiaba importaciones de bienes de consumo y hasta el turismo de un aparte de la clase media baja, lo hizo a expensas de la miseria, el hambre y la enfermedad que se viven hoy. Que el mismo estado que te decía que la electricidad, el gas, la gasolina, el agua y la tarifas telefónicas son un regalo por haber nacido en una tierra de gracia bendecida por Dios, es el mismo que llevó todos esos servicios a la más absoluta precariedad con su manejo corrupto y equivocado.

El mismo estado que durante décadas benefició a una clase empresarial (y todavía lo hace) que crecía a su sombra  mientras hacía más difícil el camino para los pequeños y medianos empresarios.

Es el mismo estado que permitió que Hugo Chávez, luego de aprovecharse de su posición como jefe de unidad militar y empuñara las armas contra sus propios compañeros llevando a cientos a la muerte, se convirtiera en presidente de la República y, violentando la constitución vigente, se hiciera redactar una nueva carta magna a su conveniencia.

La democracia fallida

Venezuela sí tuvo un pasado mejor. Y el país tuvo esperanza hasta que se nacionalizó el petróleo. Y la ilusión de riqueza convirtió al país en lo que hoy es. Fue un proceso lento al que cada etapa política contribuyó, pero el estado avanzó siempre. Siempre fue ganando terreno en el control de la economía y por consiguiente en la vida de los ciudadanos. Un minucioso recuento de esto está en este artículo de doctor Hugo Faría, consultor senior de Investigación y Políticas Públicas de Econintech, y profesor de la Universidad de Miami, Hugo Faría. Allí se relata como 40 años de democracia solo prepararon el terreno para el advenimiento de una figura tan destructiva como lo fue Chávez y el corrompido, rapaz y tiránico sistema que instauró.

Sería distinto si los venezolanos reconocieran que el estado es el que te mata cuando centraliza la toma decisiones en la asignación de recursos en todos los ámbitos de la vida nacional. El estado es el que impide que haya medicamentos en las farmacias, alimentos en las estanterías. El estado dice que él está obligado a proporcionarte salud pero sus hospitales no funcionan.  Te dice que te brinda seguridad pero sus mismos funcionarios te asesinan.

Llevar a la gente a repudiar el estado y crear un país de gente que crea en el ahorro, en el trabajo, en la propiedad privada y sean defensores a ultranza del derecho a mantener el valor del dinero ganado con su esfuerzo. Gente que desprecie la dádiva estatal y que entiendan que nada en la vida es “gratis”, porque si algo a alguien le llegó gratis es porque otro lo pagó o porque no le pagaron a nadie o porque te lo están cobrando y no te das cuenta,.

Falta mucho que hacer en Venezuela. Las salidas no están a la vista. El cambio político es fundamental pero hay que pensar en las decisiones que tienen que tomarse cuando suceda.

Ruptura y nuevo comienzo

Al estado venezolano tal como lo conocemos (corrupto, hipertrófico y violento) hay que romperlo. Su corrupción y su incapacidad para solventar cualquier cosa hace tiempo que eran insostenibles y hoy son insoportables.  Ya no puede revertirse a una versión anterior en la que el mismo estado “medio funcionaba”, que es lo que quienes componen la clase política alineada en la llamada oposición proponen, pues se creen los únicos capaces de manejarlo y volverlo a su cauce, como si antes de 1998 las cosas eran tales que “estábamos mal pero íbamos bien”.

Y la única manera de romperlo es, como se rompe a las organizaciones criminales, quitándole sus fuentes de financiamiento.

Sobre este particular Econintech trabaja en varias ideas, entendiendo que la libertad pasa por la construcción de un estado limitado, en contraposición contra el estado todopoderoso que ha caracterizado la historia reciente de Venezuela (y el mundo). Entre estas ideas están: la libertad monetaria, que es la abolición del yugo que el Banco Central de Venezuela impone a todos los venezolanos, y la transferencia de la propiedad de Pdvsa, y su renta, a todos los venezolanos.

El cambio vendrá, pero tardará y costará mucho más de lo que se piensa.