En el artículo anterior analizamos el sistema Bitcoin en su conjunto, las características de la tecnología blockchain en general.  En este artículo nos vamos a centrar en qué problema resuelve Bitcoin como unidad monetaria.

De la misma manera que en el lenguaje llano preguntamos ¿cuánto pesas? y no ¿cuál es tu masa?, aunque sabemos que evidentemente no es lo mismo la masa que el peso, en lenguaje llano, aunque a todo medio de cambio lo llamemos dinero, tampoco es lo mismo un medio de cambio cuyo productor no se obliga a nada (oro, plata, sal) que un medio de cambio que representa la obligación de un tercero (los antiguos billetes redimibles por oro o plata o los actuales euros o dólares). Lo primero es dinero y lo segundo es crédito tal y como demuestra Bondone en Teoría de la Moneda.

Las monedas respaldadas por oro, plata, bonos o hipotecas representan la obligación de un tercero, sin importar si son convertibles o no, ya que para que esas monedas tengan algún valor es imprescindible que su emisor se obligue a aceptarla. ¿Se imagina el lector que cuando pedimos una hipoteca al banco, éste nos entregue euros, pero a la hora de pagar la letra ese mismo banco no quisiera euros y nos exigiera monedas de oro? ¿O que la Reserva Federal compre al Gobierno bonos del Estado con sus dólares pero exigiera oro en lugar de dólares cuando el bono tenga que ser pagado a su vencimiento? ¿Cuánto duraría una moneda de estas características cuyo emisor se negara a aceptarla?: La risa de un loco.

La novedad de Bitcoin no es tener un medio de cambio o moneda digital, ya teníamos monedas digitales. Monedas digitales basadas en crédito. La novedad de Bitcoin es que se trata de dinero digital, dinero tal y como lo hemos definido más arriba, aquel que no representa la obligación de nadie y cuya utilidad (valor) reside única y exclusivamente en sus propiedades como medio de cambio (fácil de transportar, divisible, difícil de falsificar, fácil de identificar, relativamente escaso, fungible, etc).

En adelante escribiré Dinero con mayúscula para dejar patente que me estoy refiriendo de forma explícita a aquel medio de cambio que no supone obligaciones para nadie.

Dinero digital frente a moneda digital. ¿Es tan importante la diferencia? Quizá el lector esté pensando que simplemente estemos dando vueltas alrededor de una simple etiqueta o cuestión semántica. En absoluto. La irrupción del Dinero digital tiene tres importantísimas implicaciones:

  1. El valor de una moneda basada en crédito necesita hacer uso de una compleja y sólida infraestructura jurídica. Legisladores, leyes, reglamentos, abogados, registradores, notarios, procuradores, árbitros, fiscales, jueces, tribunales, policía, sistema de prisiones, etc. Sin hacer uso de esta infraestructura, los bancos no podrían hacer valer sus activos, que son básicamente deudas de Gobiernos, empresas y particulares. Sin esa posibilidad de hacer cumplir a sus deudores, sus activos no valdrían nada y por tanto tampoco sus pasivos (nuestras cuentas corrientes). Por el contrario, el valor del Dinero como el oro físico o Bitcoin podrá ser mayor o menor, más volátil o más estable, pero en ningún caso depende de que nadie cumpla con compromiso alguno.
  2. La necesidad de la participación del Estado en el negocio de la moneda se reduce enormemente. Y no me estoy refiriendo a las leyes de curso forzoso, ni a que el Estado pudiera dictar el valor de su moneda. Al mercado le traen sin cuidado ambas cosas en lo referente al valor de la moneda-crédito, prueba irrefutable de ello es la respuesta del mercado subiendo irremisiblemente los precios en cuanto detecta el más mínimo tufo a inflación monetaria.  Ahora bien, el mercado sí que valora la eficacia del Estado manteniendo infraestructuras jurídicas, y muy especialmente el mercado sabe muy bien de la eficacia del Estado en utilizar su natural monopolio de la violencia para apuntalar y hacer valer dicha infraestructura. Por tanto, un coste importantísimo del sistema monetario actual basado en crédito permanece oculto y subsidiado por los Estados. Es irrelevante que no seamos conscientes de ese coste o que ese coste venga empaquetado en un “contrato social” que supuestamente hemos firmado todos con el Estado, es un hecho que ese coste existe, y es un hecho que el Dinero físico o digital no necesita de ese subsidio para tener valor.
  3. La irrupción del Dinero digital hace innecesaria la vinculación entre el negocio de la intermediación de ahorro y crédito y el negocio de cobros y pagos. Los bancos nos ofrecen servicios de cobros y pagos muy baratos porque a cambio les permitimos que hagan negocio prestando nuestros depósitos. No es objeto de este artículo entrar en si eso es correcto o no y en los problemas que pueda o no acarrear esta actividad, me limito a exponer que en la práctica es lo que se ha venido haciendo durante muchas décadas y que si los bancos se limitaran a custodiar nuestro dinero para que hagamos cobros y pagos, nos tendrían que cobrar comisiones mucho más elevadas que las que tenemos actualmente.

Algún lector estará pensando que a veces las comisiones de transacción en Bitcoin son enormes (algunos días a finales de 2017 por encima de 20 dólares). Este hecho hay que analizarlo adecuadamente. Esto se produce cuando Bitcoin recibe más transacciones de las que puede procesar, y en ese caso los mineros eligen aquellas que están dispuestas a pagar más. Esto es un síntoma de que la demanda supera a la oferta, un sistema básico de libre mercado que incentiva a buscar una solución por el lado de la oferta, que por cierto ya hay más de una funcionando en pruebas como la Lightning Network de la propia Bitcoin o las múltiples alternativas que están ofreciendo otras criptomonedas, en algunos casos sustituyendo además el coste medioambiental del consumo de energía por un mero coste financiero.

En mi opinión estás tarifas por transacción en el sistema Bitcoin representan un coste muy inferior al coste de la infraestructura jurídica que necesita una moneda fiat para tener valor, y todo indica a que ese coste se reducirá dramáticamente en un futuro. Pero es que además, el coste de transacción por Bitcoin es transparente, concreto, determinable y sujeto únicamente a las reglas del libre mercado. No un coste oculto y subsidiado como en el caso de la moneda fiat.

Finalmente tenemos los costes y riesgos de custodia. Bitcoin es dinero al portador, y como tal conlleva un riesgo y/o coste de custodia que no debemos ignorar. Está por ver qué soluciones es capaz de aportar el mercado a este problema.

Las alternativas que normalmente se proponen al sistema monetario actual, como la banca libre o el patrón oro, padecerían o bien del mismo problema en cuanto a los costes jurídicos o bien en los casos de pura custodia tendríamos unos costes de transacción por cobros y pagos muy superiores a los actuales debido a los costes de custodia y también cierto coste jurídico para evitar que el custodio incumpla con sus obligaciones legales.

El problema que resuelve Bitcoin es la imposibilidad que hasta ahora teníamos para digitalizar el Dinero físico, de manera que es posible que estemos ante el inicio de un cambio de paradigma en los medios de pago ya que hasta ahora el crédito había sido muy superior al Dinero en lo que se refiere a facilidad de transporte.

Con la aparición de Bitcoin, tenemos por primera vez un Dinero que puede competir en facilidad de transporte con el crédito, y sin los enormes costes jurídicos que conlleva una moneda basada en crédito.

Por Manuel Polavieja

Fuente: https://www.juandemariana.org