Atrapados en una pesadilla marcada por una dictadura que se consolida y una economía en pleno colapso, los venezolanos han sido convocados a ir a las urnas el domingo en una elección presidencial que en teoría les podría ayudar a cambiar sus fortunas.

Y sin embargo, gran parte de la comunidad internacional ha manifestado estar en contra de los comicios del 20 de mayo, con Estados Unidos y la mayoría de los países latinoamericanos advirtiendo que lo mejor es que el gobernante Nicolás Maduro se abstenga de cruzar la línea trazada en la arena, si no quiere terminar por desencadenar la ira del hemisferio.

¿Por qué algunas de las naciones más democráticas se oponen a una elección cuando las encuestas afirman que más del 80 por ciento de la gente quiere poner fin al régimen cada vez más autocrático de Venezuela?

Porque será una farsa, la mayoría de los países, incluído Estados Unidos, sostienen. “El régimen de Maduro ya ha dado indicios de que recurrirá a su libro autoritario”, dijo el vicepresidente Mike Pence la semana pasada en un discurso ante la Organización de Estados Americanos (OEA). “En resumen, no habrá elecciones verdaderas en Venezuela el 20 de mayo y el mundo lo sabe. Será una elección falsa con un resultado falso”.

Son muchos los que comparten la misma opinión.

“Es un fraude a todas luces”, aseveró en un breve mensaje electrónico a el Nuevo Herald el Secretario General de la OEA, Luis Almagro. “Venezuela necesita un gobierno de transición que pueda generar un sistema electoral legítimo para dar soluciones al país. Lo peor que le puede pasar a Venezuela es la prolongación de la dictadura. Tenemos que dar respuesta a la falta de democracia en Venezuela, y no podemos ser indiferentes”.

La advertencia para que Maduro, quien busca un nuevo mandato de seis años, abandone sus planes electorales, también ha sido formulada por los países más influyentes de América Latina, congregados bajo el Grupo de Lima, quienes argumentan que los resultados a ser anunciados en la noche del domingo no reflejarán la verdadera voluntad del pueblo venezolano.

Estas son las principales razones por las que el mundo asegura que Venezuela verá el domingo unas de las mayores farsas electorales en la historia del hemisferio.

Ilegal desde su concepción

Las elecciones, que según la constitución deberían celebrarse en diciembre, fueron convocadas por la controvertida Asamblea Nacional Constituyente, una organización controlada por el gobierno de Maduro que aspira a remplazar a la Asamblea Nacional, que está bajo el control de la oposición.

Los expertos aseguran que el régimen no tenía el derecho legal de adelantar las elecciones, y advierten que uno de los elementos más preocupantes del trágico episodio es que se reconozca la convocatoria de la Constituyente, porque le brinda legitimidad.

La cuestionada asamblea de Maduro, creada el año pasado en unas elecciones en las que se cree se depositaron hasta tres millones de votos fraudulentos, aspira a ser todopoderosa y podría condenar a la irrelevancia cualquier victoria potencial de la oposición porque podría despojar a cualquier oficina de su autoridad.

El martes, el Tribunal Supremo de Venezuela, que opera en el exilio luego de que el régimen amenazó con arrestar a todos sus magistrados, declaró que las elecciones eran ilegales. “Cualquier acto pronunciado por el grupo de personas que se hace llamar Asamblea Nacional Constituyente es nulo e inválido”, dictaminó el tribunal en el exilio.

Las autoridades electorales duermen dentro del bolsillo de Maduro

Durante años, el régimen ha mantenido un firme control sobre el Consejo Nacional Electoral o CNE, la rama del gobierno a cargo del conteo de los votos.

Con un directorio compuesto por cuatro rectores chavistas y uno independiente, el CNE ha demostrado por años donde yacen sus verdaderas lealtades. En el 2013, por ejemplo, organizó en un tiempo récord una elección presidencial poco después de que se anunciara la muerte del presidente Hugo Chávez. Pero llevó muchos meses organizar en 2016 un referendo revocatorio mucho más simple, agotando el reloj hasta el punto de que el proceso no pudo llevarse a cabo.

“El CNE es el ministerio de elecciones del régimen”, ha declarado reiteradamente el ex embajador de Venezuela ante las Naciones Unidas, Diego Arria, al señalar que su función principal es garantizar que todo conteo final salga favorable a la revolución.

Elección Express

A diferencia del referendo revocatorio, el CNE en esta ocasión dijo no tener problemas en organizar una elección presidencial en tiempo record, fijando primero la fecha en abril, aunque después tuvo que retrasarla hasta el 20 de mayo.

Ese acelerado cronograma electoral casi no daba a los potenciales candidatos suficiente tiempo para hacer campaña. Según Luis Lander, presidente del Observatorio Electoral Venezolano, estas elecciones presidenciales solo otorgaban 26 días de campaña, a diferencia de los 96 días permitidos para la campaña presidencial de 2012.

Sin observadores internacionales

El corto período de tiempo tampoco permitió mucho tiempo para organizar formas de supervisar las elecciones, o de poder contar con observadores internacionales, cuya presencia ya se ha ido limitando gradualmente a lo largo del tiempo.

En los últimos años, Venezuela ha cambiado el proceso para que las visitas externas estuviesen totalmente controladas por el régimen, que ahora pasea a los observadores en las elecciones solo por aquellos puntos que ellos quieren que sean vistos, en vez de permitir que éstos establezcan sus propios sistemas de observación que les permita poder certificar que las elecciones estuvieron libres de fraude.

Este tipo de actividad crucial simplemente ya no ocurre durante las elecciones venezolanas, dijo Lander.

Dudas sobre el registro de electores

Uno de los problemas que despierta todo tipo de dudas sobre las elecciones en Venezuela es el hecho de que el registro electoral no ha podido ser auditado. Guillermo Salas, miembro fundador del grupo de profesores universitarios conocido como ESDATA, dijo que en el 2003 el régimen eliminó a la agencia gubernamental que estaba a cargo de realizar ese tipo de auditorías, lo que significa que no hay un control real de las personas que aparecen en la lista de electores.

Tampoco hay información de las direcciones donde residen los electores, lo que deja a los observadores y a los partidos de oposición sin ninguna posibilidad real de verificar si existe o no un votante registrado.

La última auditoría independiente que se intentó en 2005 demostró que había un problema muy grande con este tema, dijo Salas. Un grupo de investigadores asignados a la tarea trataron de hacer un sondeo para verificar la información de unos 12,000 votantes seleccionados al azar, pero después de pedirle la información al CNE, los funcionarios electorales admitieron que no tenían los datos de casi la mitad de las personas seleccionadas.

Salas, cuyo grupo universitario ha estado investigando durante años los fallos del sistema electoral venezolano, dice que la información podría faltar en hasta cerca de una cuarta parte de los 20 millones de votantes registrados en Venezuela.

La oposición en realidad no está participando

Otro factor clave en las elecciones del 20 de mayo es que los principales partidos de oposición decidieron no participar.

La alianza opositora llamada Mesa de la Unidad Democrática, o MUD, tomó esa decisión cuando determinó que no había suficientes garantías de transparencia. Eso parecía haber dejado a Maduro sin un oponente, pero a última hora el dirigente de izquierda Henri Falcón rompió filas con la MUD y decidió correr por su cuenta.

Sin embargo, a Falcón le está resultando muy difícil convencer a los votantes de la oposición de que él los representa.

Siempre ha sido visto con cierto grado de sospecha por la población opositora dado que él inicialmente era un integrante del régimen, hasta que anunció que estaba distanciándose de Chávez para pasar a la oposición.

La desconfianza, sumada al llamado de los partidos de la oposición a abstenerse de votar, probablemente asegure que la participación del domingo sea baja. De acuerdo con una encuesta de Meganalisis publicada a principios de este mes, alrededor de dos tercios de los encuestados dijeron que no planeaban acudir a las urnas.

Hambre y manipulación

Y un gran número de aquellos que terminen acudiendo a las urnas el domingo para votar por Maduro estarán pensando más en sus estómagos que en la política. Una tarjeta de identidad electrónica, llamada Carnet de la Patria, les otorga a muchos de ellos acceso a bolsas de alimentos subsidiados distribuidos por el programa gubernamental conocido como CLAP.

En un país devastado por la hiperinflación, donde un obrero recibiendo el salario mínimo debe trabajar 45 días para poder comprar un cartón de huevos, tener acceso al programa CLAP podría ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Algunos venezolanos se preocupan de que si no votan, el régimen de Maduro les negará sus alimentos subsidiados.

Por Antonio María Delgado