Mientras se escribe esta nota el dólar se cambia por encima de los 25 pesos argentinos y la moneda del país sureño ha perdido casi una cuarta parte de su valor en lo que va de año marcando el inicio de un ciclo de incertidumbre económica y agitación política como tantos otros que se han vivido en el país.

Mauricio Macri eligió no escuchar las advertencias que se hacían incluso antes de su triunfo en las elecciones de 2015 . Los cambios en la economía no podían esperar, tenían que ser drásticos, le decían. La vilipendiada política del shock. Pero Macri no se dio por aludido y continuó ignorándolas durante los casi tres años que ha sido presidente, aplicando una política de ajustes progresivos conocida como el “gradualismo”. Ahora el shock llegará solo.

Ajustar el gasto público, reducir impuestos y abrir la economía eran tareas urgentes en el 2015. Pero el presidente argentino optó por el gradualismo. Dos años después, además de los ajustes de tarifas, el gobierno argentino no ha logrado sanear las finanzas públicas y cada vez parece más lejos de hacerlo.

Las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional no son más que la confirmación de que la política económica ha fracasado, es el último recurso al que podía acudir.

Por el bien de todos, Macri debería hacer las cosas mejor. Argentina fue el primer país de la región en salirse del rumbo al precipicio del “neocomunismo” latinomaericano ideado por los Castro y que tuvo en su mejor apóstol a Chávez. Argentina es el caso de estudio de que se puede salir de la pesadilla y volver a la normalidad.

Es verdad que la sola presencia de Macri en la presidencia devolvió una cierta confianza al país que había sido perdida durante “la era K”, pero la cosa no pasa de allí.  Los grandes monstruos (inflación, déficit fiscal, exceso de regulaciones) que mantienen al país por detrás de sus competitivos vecinos están más vivos que nunca.

En la televisión argentina el economista José Luis Espert muestra un gráfico de como en solo 4 de los últimos 56 años, Argentina tuvo un gasto público deficitario, es decir, un estado que gastaba (y gasta) más de lo que ingresaba. Y desde la llegada de Macri al poder la situación no ha cambiado nada. Espert es uno de los defensores de la política de shock.

Espert es uno de los defensores del shock, y lo explica así: cero aumentos en el gasto público, cero incrementos salariales para los empleados públicos. Lamentablemente, la coalición gobernante en Argentina nunca tuvo el piso político (o la audacia) para emprender una jugada que es por igual fundamental y osada. A la vuelta de dos años, los desequilibrios acumulados amenazan con otra crisis que podría poner en riesgo la gobernabilidad del país.

El mismo Espert escribió el pasado febrero en La Nación: “Más que cambiar, parecería que Cambiemos se siente cómodo con los desequilibrios heredados del kirchnerismo (a veces profundizándolos) mientras se pueda. Y si la tasa de interés internacional sube mucho y dificulta el proyecto, Dios proveerá y/o ya se sabrá a quién echarle la culpa de eventuales complicaciones de la economía”. Y eso fue lo que finalmente pasó cuando la Reserva Federal de los EEUU decidió incrementar las tasas de interés revalorizando al dólar en el mercado internacional pero cuyos efectos en Argentina han sido de mayor impacto.

Chivo expiatorio

En su alocución al país para informar sobre la solicitud de apoyo financiero al FMI, Macri dijo que la devaluación del peso había sido causada en su totalidad por factores externos al control del gobierno argentino. Pero el presidente obvia la responsabilidad de las instituciones del país en la crisis y no dice por ejemplo que en cada año desde el 2016, la masa monetaria se incrementó por niveles que nunca bajaron del 25% y que en ocasiones se acercaron al 50%.

Claro que Macri recibió una economía en desorden y con grandes distorsiones, las cuales sin duda ha intentado corregir. Pero los esfuerzos no fueron suficientes y no hay ninguna evidencia, ni tan siquiera un guiño, de que se quiera corregir el rumbo de forma definitiva.

La idea que se ha impuesto es que Argentina no puede reducir su déficit y su capacidad de pago está en entredicho. Para colmo de males, se comenzó a aplicar un impuesto a las ganancias a los tenedores extranjeros de las Letras del Banco Central (Lebacs, que son bonos de deuda con vencimiento a corto plazo) lo que terminó de ahuyentar a los inversionistas.

Este martes se vencen el equivalente a 28.000 millones de dólares que están en las Lebacs  y es probable que muchos de los poseedores de estos títulos decidan vender y vayan a refugiarse en el dólar lo que aumentaría la depreciación del peso.  El peor escenario incluye que gran parte del público corra al mercado secundario a cambiar sus pesos por dólares lo que acentuaría a un más la crisis.

Si Argentina fracasa en su regreso a la normalidad se crea un muy mal precedente. Pero es justo decir que la trampa del gasto público desenfrenado de la que tendría que salir Macri ha sido construida durante décadas y que gran parte del público no comprende como el gasto estatal que tanto defiende porque supone le beneficia solo crea un ciclo de dependencia, inflación y pobreza que se retroalimenta al infinito. Argentina vive este martes 15 de mayo una verdadera prueba de fuego.

Humberto Andrade Zambrano es editor en jefe de Econintech.org. En Twitter: @el_humbert