Los primeros indicadores del ciclo económico sugieren que la economía global está mejorando bastante. La producción y el empleo están aumentando. Las empresas siguen invirtiendo y muestran beneficios decentes. El comercio internacional está aumentando. El crédito es fácil de obtener. Los precios de las acciones siguen marcando máximos. Todo parece ir bien. ¿O quizá no? Por desgracia, la bonanza económica muestra las huellas del mal: los bancos centrales las han puesto en marcha con sus políticas de tipos de interés extremadamente bajos, y en algunos países negativos, y una expansión monetaria desbocada.

Los costes artificialmente deprimidos de tomar prestado están alimentando un “auge”. Los préstamos de consumo son más baratos que nunca, seduciendo a la gente para gastar cada vez más allá de sus medios. Los tipos bajos de interés empujan a la baja los costes del capital de las empresas, estimulando inversiones adicionales y particularmente arriesgadas, que no se habrían producido bajo condiciones de tipos “normales” de interés. Los prestamistas con estrecheces financieras (en particular, estados y bancos) puede refinanciar su deuda vencida con tipos de interés extremadamente bajos e incluso asumir fácilmente nuevas deudas.

No es menos importante el hecho de que los bancos centrales han extendido en la práctica una “red de seguridad” bajo los mercados financieros: los inversores se sienten seguros de que las autoridades monetarias, en caso de que las cosas se vuelvan amargas, darán un paso al frente y ahuyentarán cualquier crisis. La red de seguridad de los bancos centrales ha rebajado la preocupación por el riesgo de los inversores. Los inversores están dispuestos a prestar incluso a prestatarios con fortaleza financiera relativamente pequeña. Además, ha suprimido las primas de riesgo en los rendimientos del crédito, rebajando el coste de la deuda de las empresas, lo que las anima a aumentar su apalancamiento para aumentar el beneficio sobre la participación.

El auge viene y va con tipos de interés persistentemente bajos. Los tipos de interés más altos hacen cada vez más difícil que los prestatarios paguen sus deudas. Si se deteriora la calidad del crédito de los prestatarios, los bancos retienen su oferta crediticia, poniendo aún más presión sobre los deudores con problemas. Asimismo, tipos de interés más altos hacen que bajen los precios de los activos (precios de acciones y del mercado inmobiliarios en particular), poniendo al sistema bancario bajo una tensión enorme. De hecho, los tipos más altos pueden hacer que el auge se convierta en declive.

La Reserva Federal de EEUU (Fed) al inicio del siglo XXI aumentó los tipos de interés, acabando con el “auge de la nueva economía”. Las bolsas se vinieron abajo. Como reacción, la Fed llevó a cabo grandes recortes en los tipos de interés y disparó un auge sin precedentes del crédito que estalló en 2007/2008 y evolucionó hasta convertirse en una crisis económica y financiera global. Luego la Fed rebajó los tipos de interés a niveles mínimos históricos y puso en marcha la imprenta a una escala colosal para mantener a flote a estados y bancos con problemas. La pregunta es: ¿será distinto esta vez?

Una buena economía nos dice que el ciclo de auge y declive tiene una causa raíz: el dinero fiduciario. Los dólares de eeuu, euros, yenes japoneses, renminbis chinos o francos suizos: todos representan dinero fiduciario. Los bancos centrales tienen el monopolio de la producción de dinero fiduciario y aumenta la cantidad D este constantemente y mediante préstamo bancario (mediante préstamos que no están respaldados por ahorro real). Como se ha mencionado antes, la emisión de dinero fiduciario distorsionado los tipos de interés y precios del mercado y por tanto o genera caos con las decisiones de ahorro, consumo e inversión de la gente.

Un efecto colateral destructivo del dinero fiduciario es que el nivel de deuda de la economía va aumentando con el tiempo: El crecimiento del crédito va más rápido que las ganancias de la producción. Esto pasa porque en un régimen de dinero fiduciario las inversiones financiadas con crédito quedan por debajo de su rentabilidad esperada y el consumo financiado con crédito es improductivo. Algunas inversiones resultan ser fracasos. La economía queda atrapada en una trampa de deuda. El consumo y el gasto público financiados con crédito empeoran las cosas. Es verdad: se ha convertido en un problema a escala global.

polleit1_7.pngEn un intento de impedir el día de la redención, los bancos centrales recortan los tipos de interés a niveles cada vez más bajos para mantener el sistema en marcha. Sin embargo, una vez se han rebajado los tipos de interés normalmente no pueden (por razones políticas, debería apresurarme a decir) devolverse a los niveles anteriores a la crisis, ya que esto haría que se desmoronará la pirámide de deuda, y con ella la economía y el sistema financiero. Es esta idea económica la que explica por qué los tipos de interés muestran una notable tendencia al declive a lo largo de las últimas décadas en todos los países que han adoptado el dinero fiduciario.

La Fed, el principal banco central del mundo, está sin embargo aumentando los tipos de interés. Desde diciembre de 2015 ha aumentado su tipo de los fondos federales del 0,0-0,25 al 1,25-1,50% en diciembre de 2017. Hasta ahora, los tipos más altos no han producido ningún daño al ciclo económico internacional o de EEUU, o al menos eso parece. ¿Hasta dónde podría llegar el tipo de interés de EEUU sin poner de rodillas al auge? Para responder a esta pregunta tendríamos que conocer la altura del nivel del “tipo natural de interés”. ¿Qué significa eso?

El tipo natural de interés es el tipo de interés que aparece en un mercado no intervenido a través de la oferta de ahorro y la demanda de inversión. Sin embargo, por desgracia, el tipo natural de interés no es observable, su altura se desconoce. Si es muy bajo, los tipos de los fondos federales podría producir rápidamente una situación en la que los costes de tomar prestado sean “demasiado altos” y la economía caer por el precipicio. Sin embargo, si el tipo natural de interés es relativamente alto, un tipo de interés más alto de la Fed puede ralentizar la economía, pero no llevarla a la recesión necesariamente.

Se puede esperar que la Fed y todos los demás bancos centrales hayan aprendido la lección y esta vez manejen bien de la delicada acción de equilibrio de poner el tipo de interés en el nivel “correcto”: el nivel en el que la economía funciona bien. Sin embargo, esa esperanza no tiene fundamento. La razón no es solo una falta de conocimiento por parte de los políticos: no saben ni pueden saber dónde está el nivel del tipo natural de interés y establecer su tipo de interés de acuerdo con ello. La razón real es que el nivel del tipo natural de interés es un área prohibida para los bancos centrales.

En un régimen de dinero fiduciario, el auge solo puede producirse siempre y cuando el tipo de interés del mercado esté por debajo del nivel del tipo natural de interés. Por ejemplo, si la Fed aumenta su tipo de interés hasta o por encima del tipo natural de interés, el auge se detendrá haciendo chirridos. Así que, o bien la Fed sigue prestando con costes artificialmente bajos y continúa el auge, o bien los pone en línea con el tipo natural de interés y el auge se convierte en un declive. Por desgracia, no hay un espacio intermedio. Esa es la verdad incómoda de la política de tipos de interés de la Fed.

Así que tenemos dos escenarios. Primero: los bancos centrales tienen éxito en mantener el auge en marcha, algo que pasaría siempre y cuando mantuvieran los tipos de interés en niveles artificialmente reprimidos. Sin embargo, esto tendría el alto precio de una creciente mala inversión, burbujas especulativas y (debido a una cantidad de dinero en constante aumento) una continua pérdida de poder adquisitivo del dinero. Segundo: los bancos centrales, al aumentar “demasiado” los tipos de interés pondrían fin al auge y lo convertirían en un declive.

Sin embargo, incluso si se desarrolla el primer escenario cabe esperar que se acabe el auge, ya que es relativamente improbable que haya una secuencia continua de “condiciones favorables” (como, por ejemplo, sacudidas positivas de productividad) que vengan al rescate, retrasando para siempre que el auge se convierta en declive. Dicho de otra manera: en un régimen de dinero fiduciario, el escenario en el que el auge se convierte en un declive no es una cuestión de si, sino de cuándo. Esta es una idea que expresaba sucintamente Ludwig von Mises (1881-1973):

No hay manera de evitar el colapso de un auge producido por la expansión del crédito [circulatorio]. La alternativa es solo si la crisis llegará antes como resultado de un abandono voluntario de una mayor expansión del crédito o después como una catástrofe final y total del sistema monetario implicado.[1]

Es imposible predecir con cierto grado de precisión cuándo se deteriorarán los negocios. No hay una fórmula según la cual pueda calcularse el plazo del auge que se convierte en declive. Sin embargo, a la vista de los intentos políticos de mantener en marcha el auge, la probabilidad de una continuación del auge inflacionista parece ser más alta que la probabilidad de un declive deflacionista inmediato, ya que los bancos centrales parecen estar decididos a la “enfrentarse” a cualquier nueva crisis con tipos de interés todavía más bajos y todavía más impresión de dinero, a través de la cual se devaluarán las divisas.

Fuente: http://www.miseshispano.org/