Axel Kaiser comenta el resultado de las elecciones presidenciales en Chile, señalando una posición importante de la izquierda que cuestiona el modelo de economía de mercado de Chile.

El año 2015 publiqué el libro La tiranía de la igualdad analizando y dejando en evidencia las falacias y errores del libro El otro modelo que sirvió de hoja de ruta al gobierno de Michelle Bachelet. El libro estuvo seis meses entre los más vendidos de Chile, cuestión inédita para un texto liberal que me llevó a prácticamente todos los medios de comunicación del país. Entre ellos fui entrevistado por Beatriz Sánchez. Recuerdo perfectamente su falta de solidez intelectual, algo bastante común entre muchos periodistas cabe agregar, pero me impresionó su carisma.

Cuando se presentó de candidata mi reflexión fue que sería tremendamente peligrosa para Chile. Era como una Bachelet pero con mas energía y juventud, comenté públicamente en varias ocasiones. Con el paso del tiempo las encuestas empezaron a mostrar que tomaba fuerza. En varias charlas advertí que no debíamos olvidar el gran resultado que Marco Enríquez-Ominami(ME-O) había alcanzado, mostrando que el país tenía ya dentro de sí el germen populista. Ahora la izquierda filo chavista chilena ha logrado trascender a una sola figura convirtiéndose en un movimiento de peso con representación parlamentaria y que podría llegar al poder si hace las cosas bien. Detrás de todo esto, sin embargo, se esconde algo mucho más profundo sobre lo que alerté en mi libro La fatal ignorancia, publicado en 2009: en Chile se acabó definitivamente el consenso en torno a mantener un modelo de economía social de mercado del tipo que predominó en las últimas décadas.

Razones para ello hay muchas, pero una evidente, que vengo repitiendo hace años, es que en Chile no ha habido un trabajo de penetración cultural e intelectual sistemático para defender las ideas de la sociedad libre. La hegemonía cultural, como la llamaba el marxista Antonio Gramsci, está en manos de la izquierda. Algunos indicadores corroboran esta impresión. El Índice de Mentalidad Capitalista Global desarrollado por los profesores Pal Czegledi y Carlos Newlandque mide actitudes populares respecto al capitalismo, ha concluido que Chile se encuentra en la parte baja de la lista junto a países como Argentina y Brasil. Ahora bien, si le creemos a Michael Porter, una cultura popular favorable al libre mercado es imprescindible para lograr prosperidad económica.

En Chile esa cultura, que era más fuerte en los noventa, se ha debilitado dramáticamente de manos de un discurso igualitarista auto flagelante en el que ha caído hasta la centro derecha. Así las cosas, la tesis de que la Nueva Mayoría no supo leer el descontento y de que la población no se opone a la modernización capitalista es, al menos, parcialmente incorrecta. Lo que vemos es que la mitad de los chilenos que fueron a votar lo hicieron por quienes quieren cambiar el sistema de mercado por la retroexcavadora de Bachelet —o la dinamita del Frente Amplio— y que su baja aprobación en las encuestas se debió en parte a que no fue lo suficientemente radical.

El desprestigio del mercado, lo vengo repitiendo hace más de diez años en este y otros espacios, terminará por acabar con el potencial de llegar al desarrollo de nuestro país. Una élite empresarial pasiva, muchas veces abusiva y otras acomplejada ha contribuido decisivamente a que esto ocurra. Se podrá decir que la izquierda perderá la elección de todos modos, que aún hay sectores moderados en la Nueva Mayoría o que el Frente Amplio se terminará fragmentando haciendo imposible llevar adelante su proyecto populista. Todo eso puede ser cierto, pero no cambia el hecho de que casi la mitad del país que vota lo hace por más estatismo y menos iniciativa privada. Ese es el gran triunfo de la izquierda y de Bachelet. Por cierto el Frente Amplio no descansará hasta que haya llevado a cabo su asamblea constituyente, su liquidación del sistema de AFP, la terminación de las Isapres, etc. Que lo consigan es otro asunto, pero el objetivo claramente es ese y la creciente mentalidad anticapitalista de un sector considerable en Chile podría terminar haciéndolo viable.

Tomado de ElCato.org