En la primera parte de esta entrega abordamos la ideología que inspira el procés. Ahora vamos a ver cómo se ha llevado a la práctica el ideal separatista.

La independencia catalana se ha declarado cuatro veces en la Historia (sin contar la del 2017), pero en ninguna oportunidad se ha conseguido la creación de un Estado independiente reconocido por la comunidad internacional.

La primera declaración fue la que realizó Pau Claris, presidente de la Generalitat de Cataluña, el 17 de enero de 1641. Por aquel entonces Cataluña era un sujeto político de la Corona de Aragón, con este acto lo que se buscaba era crear una república vasalla del rey Luis XIII de Francia.

Casi tres siglos después, el 14 de abril de 1931, otro presidente de la Generalitat, Francesc Macià, proclamó la República Catalana como Estado integrante la inexistente “Federación Ibérica”. Se organizó un gobierno que se mantuvo en pie tres días, hasta que Macià aceptó la autoridad de la República Española sobre Cataluña y la redacción de un Estatuto de Autonomía subordinado a la Constitución nacional.

El 6 de octubre de 1934, el sucesor de Macià, Lluís Companys, proclamó el Estado Catalán dentro de la “República Federal Española”. El presidente catalán pretendía convertir a la región en “el reducto indestructible de las esencias de la república” contra las “fuerzas monarquizantes y fascistas” que amenazaban su estabilidad. Por este acto de rebelión, Companys fue encarcelado junto a todos los miembros de su gabinete. Tras su liberación, casi un año después, recuperó la presidencia de la Generalitat.

En 1936, estalló la Guerra Civil Española, que enfrentó al Bando Republicano (que ostentaba el poder) con el Bando Nacional (dirigido por el General Francisco Franco). El 28 de agosto de ese año, Companys decretó que ante el estado de conmoción en Cataluña solo tendrían fuerza de ley las disposiciones legales publicadas en el Diari Oficial. Esa sería la situación más cercana a la independencia que viviría Cataluña, la cual se prolongó hasta mayo de 1937, cuando la República recuperó el control sobre el territorio de la Generalitat.

En 1939, el Bando Nacional toma el control de Cataluña, por lo que Companys decide formar un gobierno en el exilio, esfuerzo que se vería abocado al fracaso debido a desacuerdos entre los partidos políticos. Como alternativa, creó el Consell Nacional de Catalunya (Consejo Nacional de Cataluña) bajo la presidencia del intelectual Pompeu Fabra. En 1940, el presidente es fusilado por los franquistas (el bando vencedor de la Guerra Civil).

El Consell Nacional de Catalunya fue reconocido como gobierno en el exilio por la diáspora catalana y reivindicó la independencia de la región  hasta su disolución en 1945. Le sucedería el Consell Nacional Català.

En las décadas de los sesenta y los setenta el catalanismo político experimenta un auge en la España franquista. En 1969, se organiza en la clandestinidad la Comisión Coordinadora de Fuerzas Políticas de Cataluña que buscaba la restauración de las libertades políticas, el restablecimiento del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932 y la convocatoria a Cortes constituyentes. En 1971, se crea la Asamblea de Cataluña que logró reunir a toda la oposición antifranquista de la región.

Durante esta época también aparecieron algunos movimientos que reivindicaban la lucha armada para conseguir la independencia de Cataluña, es el caso del Frond d´Alliberament de Catalunya (1969-1977), el Exercit Popular Català (1970-1979) y Terra Lliure (1978-1991).

En 1978, se aprueba una nueva Constitución en el marco de la Transición española, proceso por el cual se puso fin a la dictadura franquista y se instauró el sistema de monarquía constitucional que rige hasta la actualidad. Un año después, se aprueba un nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña.

La era Pujol (1980-2003)

En 1980 se celebran las primeras elecciones al Parlamento de Cataluña después del retorno de la democracia, en las que obtuvo la mayoría Convergència i Unió, una federación de partidos nacionalistas de centro-derecha encabezada por el médico Jordi Pujol i Soley, quien serviría como presidente de la Generalitat por 23 años– resultó vencedor en las elecciones de 1984, 1989, 1992, 1995 y 1999 –.

Según el historiador Gabriel Tortella, Pujol es el responsable de la situación actual de Cataluña. El anhelo independentista que hoy se vive en la región no es una reacción espontánea de la sociedad, sino que es el resultado de un proyecto de ingeniería social cuidadosamente elaborado por las élites políticas de Cataluña durante 37 años.

El objetivo de este proyecto es el de crear una identidad nacional artificial que congregue a la sociedad catalana en la defensa contra un enemigo común llamado España. Para ello es indispensable la instrumentalización políticas de aquellas señas identitarias como la lengua, a través de la cooptación de los medios de comunicación y del sistema educativo.

El primer paso en esa dirección se dio en 1983, año en el que se promulga la Ley de Normalización Lingüística y se crea la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales con el propósito de “defender la lengua catalana y construir la consciencia de la catalanidad”.

Apreciado lector, “normalización lingüística” es el nombre que recibe un ejercicio de planificación central con el que el Estado pretende influir en la función, la estructura o la adquisición de un idioma o dialecto dentro de una comunidad determinada de hablantes. Lo que significa que una lengua (en este caso el catalán) accede artificialmente, por vía política, a ámbitos de uso lingüístico reservados a otra lengua.

En 1990, los ideólogos de la Generalitat, encabezados por Pujol, presentaron el “Programa 2000” una estrategia para introducir el nacionalismo en todos los ámbitos de la vida catalana, el cual se sigue al pie de la letra hasta la actualidad.

El primer eje del Programa, denominado “pensamiento” habla sobre la configuración de una personalidad colectiva catalana, la reafirmación de un sentimiento europeísta y la divulgación de una visión distorsionada y victimista de la historia regional. El segundo eje se refiere a la enseñanza, allí se plantea impulsar el “sentimiento nacional catalán” de los profesores, padres y estudiantes, en todas las etapas del proceso formativo. El tercer eje se refiere al fortalecimiento de los medios de comunicación como transmisores eficaces del “modelo nacional catalán”, contemplando estrategias como la introducción de nacionalistas de primera línea en los lugares clave de los medios de comunicación. El cuarto eje plantea la necesidad de “catalanizar” las actividades culturales, lúdicas y deportivas. El quinto eje incorpora al mundo empresarial al proyecto de catalanización. El último eje aborda la necesidad de extender la proyección internacional de Cataluña, es decir, vender el proyecto nacionalista en el exterior.

Autor:  David Chávez Salazar. Economista, Bogotá. Colaborador del Mises Institute y Econintech.

Este artículo refleja exclusivamente el punto de vista del autor y no compromete el pensamiento ni la opinión de Econintech.