Sin entrar en el debate moral sobre si lo que hizo la moderadora del programa matutino Calma Pueblo que transmitía la Mega, el aplaudir la censura impuesta por Conatel a ese espacio y a la emisora no son nada positivos. El hecho, y la bienvenida que una parte del público ha dado a la sanción son otra expresión de ese viejo adagio venezolano que reza: “El gobierno tiene que hacer algo”.

Y si luego de décadas (en especial las últimas dos) de “el gobierno haciendo algo”, todavía no se entiende que la intervención del estado es la cosa menos deseable, entonces falta mucho para cambiar.

El programa Calma Pueblo tiene un público adulto que muy bien podía dejar de escuchar el programa en forma de protesta y expresar su descontento a través de redes sociales e incluso reclamar directamente a la conductora del espacio por sus palabras. La opinión pública tiene poder y puede hacerse valer.

En algún momento, los individuos organizados o no en grupos, tienen que empezar a actuar y superar la tendencia a querer el tutelaje estatal en todos los aspectos de sus vidas. La base moral de un país no puede ser impuesta y administrada por funcionarios que son personas como las demás pero que de alguna manera al formar parte del aparato estatal quedan investidos de una falsa superioridad moral que muchos toman por cierta.

Otra cosa es que los dichos polémicos de la moderadora Verónica Gómez son una gran torpeza porque dieron una oportunidad de oro al gobierno venezolano para acabar con otro espacio de libre expresión en donde se hacían comentarios políticos incómodos y seguramente más de un político opositor inscrito en la MUD celebra hoy la sanción.

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Foto: @roccopirillo