Un examen exhaustivo de las diferentes posibilidades concebibles de organizar la sociedad sobre la base de la división del trabajo siempre debe llegar al mismo resultado: hay sólo la elección entre la propiedad comunal y la propiedad privada de los medios de producción. Todas las formas intermedias de organización social son inútiles y, en la práctica se demuestran autodestructivas. Si uno se da cuenta de que el socialismo también es impracticable, entonces no se puede evitar reconocer que el capitalismo es el único sistema viable de organización social basado en la división del trabajo.

Este resultado de la investigación teórica no será una sorpresa para el historiador o el filósofo de la historia. Si el capitalismo ha logrado mantenerse a pesar de
la enemistad que siempre ha encontrado tanto de los gobiernos como de las masas, no se ha visto obligado a dejar paso a otras formas de cooperación social que gozaron en mayor medida de las simpatías de los “ideólogos” y los considerados “hombres prácticos”, esto se debe atribuir solamente al hecho de que ningún otro sistema de organización es factible.

Tampoco es necesario explicar por qué es imposible volver a la
formas de organización social y económica características de la Edad Media. En toda la zona ahora habitada por las naciones modernas de Europa, el sistema económico medieval sólo pudo sostener una fracción del número de personas que ahora residen en esa región, y colocó mucho menos bienes materiales a
disposición de cada individuo para satisfacer sus necesidades en comparación con lo que la forma de producción capitalista suministra a esos hombres hoy.

Un regreso a la Edad Media está fuera de consideración a menos que uno esté preparado para reducir la población a una décima o una vigésima parte
de su número actual y, más aún, obligar a cada individuo a satisfacerse
con una cantidad mínima tan pequeña que sería inimaginable para el hombre moderno.

Extracto del libro “Liberalismo” de Ludwig von Mises.