Una parte importante de la sociedad suele asociar el progreso tecnológico con la eliminación de puestos de trabajo, especialmente los más repetitivos y de menor valor añadido. El argumento suele ser el siguiente: si una máquina puede hacer mi trabajo más rápido que yo, a un precio inferior y siendo una fuente menor de conflictos sociales y laborables, el empresario se va a decantar por ésta y yo voy a ser expulsado del mercado laboral. Como suele ocurrir, los defensores de este argumento únicamente se fijan en “lo que se ve”, obviando lo más importante, “lo que no se ve”. Pues bien, para ello vamos a ir a los datos históricos para tener una fotografía más certera de la realidad.

Los economistas Ian Stewart, Debapratim De y Alex Cole analizan 144 años de datos de empleo en Inglaterra y Gales para determinar cómo les ha afectado el cambio tecnológico a estos países. Argumentan que actualmente el debate está más orientado hacia los efectos de destrucción de empleo debido a la relativa impredecibilidad de los aspectos positivos y concluyen que el progreso tecnológico ha creado más puestos de trabajo de los que ha eliminado en el último siglo y medio.

Una de las razones por las que el debate está siempre más centrado hacia la catástrofe es porque no es difícil encontrar estudios que dan una cifra concreta sobre el número de empleos que van a verse afectados, como el de Michael Osborne y Carl Frey de la Universidad de Oxford que estiman que un 35% de los empleos en Reino Unido están en riesgo de automatización. Sin embargo, es prácticamente imposible encontrar estudios que analicen los efectos positivos de una revolución del tipo que estamos viviendo actualmente, básicamente porque es imposible de determinar ya que los efectos creativos son mucho más caóticos e impredecibles. ¿Quién podría imaginar en 1999 cuando nació Napster utilizando la tecnología peer to peer que 10 años más tarde iba a aparecer Bitcoin valiéndose de una versión mejorada de la misma tecnología?

Si vamos a los datos de empleo analizados por estos tres economistas, indudablemente vemos que hay sectores que han perdido una parte importante de su masa laboral: trabajadores en el sector de la agricultura han pasado de un 8% del total de empleados en el mercado laboral en 1881 a apenas un 0.2% en el año 2011, los empleados en lavanderías o telefonistas se han reducido también drásticamente. ¿Significa esto que esos empleos han desaparecido? No, lo que se ha producido es una transferencia de empleados de unos sectores hacia otros. Analizando las dos décadas que van de 1992 a 2014, encuentran que ha habido un incremento de un 909% (de 29.743 a 300.201) en los empleos de auxiliares de enfermería y asistentes. También son importantes los aumentos en el empleo en el sector de la educación, la contabilidad o la asistencia social.

Otra de las conclusiones que se pueden extraer es que gracias al progreso tecnológico hemos pasado de desarrollar trabajos duros, repetitivos y peligrosos a otros de mayor valor añadido o que suponen el cuidado de personas.

James Bessen, de la Universidad de Boston, llega a conclusiones similares analizando datos de empleo estadounidense desde 1980. Bessen explora diferentes sectores para ver si la tecnología ha sido causante de las pérdidas de empleo, concluyendo que aquellos puestos donde se utilizan computadoras crecen más deprisa que el resto. Esto sería cierto incluso para trabajos más rutinarios o sin demasiado valor añadido, por lo tanto, rechaza la creencia popular de que la automatización destruye empleo y afirma que las tareas informatizadas o automatizadas son sustituidas por otras ocupaciones, transfiriendo de esa manera empleo y requiriendo nuevas habilidades.

En definitiva, lo que nos dice la historia es que no debemos estar atemorizados ante la cuarta revolución industrial que tenemos ante nosotros sino simplemente preparados. Prácticamente todos nos vamos a ver afectados en mayor o menor medida por alguno (o varios) de los diferentes frentes abiertos: robotización, digitalización, blockchain o criptomonedas entre otros. Es indudable que van a traernos cambios y que van a revolucionar muchos sectores. Empezar a adaptarse desde ya al nuevo paradigma que nos espera es una obligación si no queremos quedar descolgados del tren del progreso.

Fuente:  https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/no-temas-la-robotizacion-adaptate