El socialista asume sin lugar a dudas que en un sistema socialista la productividad del trabajo será al menos la misma que en una sociedad capitalista y trata de demostrar que será aún mayor. Pero la primera hipótesis no es en absoluto tan evidente como parecen pensar los defensores del socialismo.

La cantidad de cosas producidas en una sociedad capitalista no es independiente de la manera en que se lleva a cabo la producción. Lo que tiene una importancia decisiva es que en cada etapa de cada rama de producción el interés especial de las personas que se dedican a ella está estrechamente relacionado con la productividad de la parte particular del trabajo que se realiza.

Cada trabajador debe esforzarse al máximo, ya que su salario está determinado por la producción de su trabajo, y cada empresario debe esforzarse por producir más barato, es decir, con menos gasto de capital y trabajo que sus competidores.

Sólo debido a estos incentivos la economía capitalista ha podido producir la riqueza que está a su mando. Tomar una excepción a los alegados costos excesivos del aparato de marketing capitalista es tener una visión miope de las cosas.

Quien reprocha al capitalismo el despilfarro de los recursos porque hay muchas mercerías rivales y más tabaquerías en las bulliciosas calles comerciales, no ve que esta organización de ventas es sólo el resultado final de un aparato productivo que garantiza la mayor productividad del trabajo. Todos los avances en la producción se han logrado sólo porque es en la naturaleza de este aparato continuamente hacer avances.

Sólo porque todos los empresarios están en competencia constante y son despiadadamente eliminados si no producen de la manera más rentable son métodos de producción perpetuamente mejorado y refinado. Si este incentivo desaparece, no habrá más progresos en la producción y no habrá ningún esfuerzo por economizar en la aplicación de los métodos tradicionales.

En consecuencia, es completamente absurdo plantear la cuestión de cuánto se podría ahorrar si los costes de la publicidad se suprimieran. Hay que preguntarse cuánto se podría producir si se eliminara la competencia entre productores. La respuesta a esta pregunta no puede estar en duda.

Tomado del “Liberalismo” de Ludwig von Mises