Hola colega docente universitario te envío este mensaje con la esperanza que puedas leer estas líneas, también esperando llegue a todos mis colegas, a todas las autoridades y a todos aquellos que hacen vida en el recinto universitario. Cómo comprenderás últimamente no me has visto mucho por el decanato, porque ahora me la pasó de marcha en marcha, y es que en este mi país las cosas no andan para nada bien. Lo que veo en mi país es que hay una hambruna desatada, donde personas que se ven no son “pordioseras” están hurgando las bolsas de basura y apartando los perros para ver si encuentran algo de comer, un país, donde no se encuentran medicinas, donde tantos han muerto por falta de ellas,  incluso yo, me la pasó enfermo porque no encuentro las medicinas apropiadas para mi sanación, donde las colas se hacen interminables para conseguir cualquier cosa que nos ayude a existir porque ya no es vivir.
No deseo ser pesimista, al contrario, Cristo me mantiene en el mejor ánimo, por eso pienso que todos, desde donde estemos, donde él por pura misericordia nos haya colocado, debemos aportar aunque sea un grano de arena para que esta horrible condición en la que el “régimen” nos tiene, cambie, para bien del país, de toda su gente, de nosotros, de nuestros hijos y familia. ¿Por qué pareciera estar diciendo tanto desvarío? No lo es, es solo mi reflexión como la haría cualquier persona que le duele su gente, su tierra, su Nación. Porque veo con pena que desde nuestra posición de académicos, pareciera nada estuviese sucediendo, como académicos nos estamos preocupando más por iniciar, reprogramar y concluir un semestre que no llegará a ninguna parte,  si lo que se ha hecho hasta ahora se desatiende y la justicia se desalienta, ¿qué proyectos de vida tendremos?, ¿qué seguridad para nosotros y nuestros hijos y compañeros aseguraremos si dejamos que las pretensiones de estos aliados a la oscuridad se hagan realidad y triunfe ?

Es que pareciera que el destino del país tiene menos importancia, ante la ineludible necesidad de mantener una institución apegada a las exigencias de estos verdaderos “fascistas”. ¿Acaso, no hemos pensado que si la ambición desmedida de estos “destroza país” gana, tendrá sentido la reprogramación de un semestre o preocuparnos qué paga recibiremos de una institución que seguramente cerrarán por no tener el mismo criterio?, Ni siquiera pensar, en que por no haber dicho nada tendremos asegurado el trabajo o la seguridad física o psicológica de nosotros y nuestra familia.

¿Quién nos da seguridad bajo este régimen, cuando todos los días vemos cómo reprimen con odio a quien piensa diferente? Estamos en un momento crucial de la vida y futuro del país, de nuestro país; sé que no es fácil desentenderse de lo que nos da cierta seguridad, podríamos pensar que “es mejor algo que nada” pero ¿hasta cuándo lo tendríamos? ¿Será hasta el momento en que por casualidad de la vida nos cobre a uno de los nuestros a manos de estos “sin corazón”?  ¿Si no iniciamos el cambio, quién lo hará?

Es hora de dejar de pensar en lo que me conviene, para pensar en lo que nos conviene e importa a todos. No esperemos reaccionar demasiado tarde para después recriminarnos el hecho de no haber asumido una actitud favorable y decidida en favor del país. Es hora de actuar con conciencia de sociedad unida en la búsqueda de algo mucho mejor que este esperpento que se llama socialismo del siglo 21, que lo único que revolucionó a más no dar fue resentimiento, la avaricia, el egoísmo, la desfachatez, la flojera, el ultraje a los más mínimos derechos del hombre y, por supuesto, el total y absoluto desapego  y temor a Dios. No dejemos a los demás que hagan todo lo necesario para que el cambio llegue, porque llegará, eso es inevitable. Es ver “qué podemos hacer nosotros para que ese cambio se realice con más contundencia” y poder decirle a los nuestros “yo estuve allí por ustedes”.

Esto espero, quede en tu corazón, internalízalo, digiérelo y actúa con la convicción de que eres parte decisiva en el cambio q viene para nuestra hermosa patria, nuestro nuevo país. Lo digo con propiedad, amparándome en mi fe por Cristo Jesús, él Señor. Ya habrá el momento propicio para retomar la academia, el conocimiento, la buena intención de aportar algo valedero y bueno a los estudiantes; ahora es el momento de decirle a nuestros muchachos que tengan ánimo, que salgan a la calle a reclamar sus derechos, los derechos de todos, que no están solos, que cuentan verdaderamente con nuestro apoyo y verán, que cuando el cambio llegue, esos mismos muchachos se sentirán orgullosos de su institución y más aún de su profesorado,  que asumió el reto de enfrentar “la tiranía”.

El dragón está herido y confiado en su fuerza, pero herido al fin, por eso lanza su cola a todas partes agrediendo al que se atreva a enfrentarlo; unámonos todos y formemos un gigante más grande que él, para darle en el nombre de nuestro Señor Jesucristo la estocada final. Seamos fuertes y valientes, Cristo va delante de nosotros. “Jesucristo es Venezuela”.
Napoleón Rivas

Profesor del Decanato de Ciencias y Tecnología

Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado