La libertad, como la gente la disfrutaba en los países democráticos de la civilización occidental en los años del triunfo del viejo liberalismo, no era un producto de constituciones, leyes y estatutos. Esos documentos sólo tenían por objeto salvaguardar la libertad firmemente establecida por el funcionamiento de la economía de mercado, contra las usurpaciones de los funcionarios.
Ningún gobierno ni ninguna ley pueden garantizar y proveer libertad si no solo a través del apoyo y la defensa de las instituciones fundamentales de la economía de mercado. El gobierno significa siempre coerción y compulsión y es, necesariamente, lo opuesto a la libertad.
El gobierno es un garante de la libertad y es compatible con la libertad sólo si su rango de acción se limita adecuadamente a la preservación de la libertad económica. Donde no hay economía de mercado, las disposiciones mejor-intencionadas de constituciones y leyes no son otra cosa que letra muerta.
La libertad del hombre bajo el capitalismo es un efecto de la competencia. El trabajador no depende de la gracia de un empleador. Si su patrono lo despide, encuentra otro empleador. El consumidor no está a merced del tendero. Él es libre de patrocinar otra tienda si lo desea.
Nadie debe besar las manos de otros o temer su desfavor. Las relaciones interpersonales son de tipo profesional. El intercambio de bienes y servicios es mutuo; No es un favor vender o comprar, es una transacción dictada por el egoísmo a cada lado.
Tomado de “La acción humana”.

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