Es evidente. Es chocante. Todo el mundo se da cuenta. Mientras pacientes crónicos languidecen porque no hay las medicinas y es noticia que un barco de carga llegue a Puerto Cabello, la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana ostentan todo su equipamiento antimotines, sus aparentemente interminables municiones de gas lacrimógeno, gas pimienta y perdigones.

Como se sabe, el gasto militar del gobierno venezolano, calculado en 767,8 millardos de bolívares representa 9 veces el gasto en alimentación y seis veces el gasto en salud.  A esto se suma que en el presupuesto nacional se estimó un incremento del personal militar de 124.172 efectivos.

El gobierno ya no cumple ninguna otra función que mantenerse a si mismo. Contra lo que sea. El estado no cumple ninguna otra función que mantenerse a sí mismo.

El profesor William Anderson explica: “El fin del socialismo no es un estándar de vida más alto o incluso hacer la vida mejor para los pobres, tanto como un socialista hablará sobre el bienestar de la gente pobre. No, el fin del socialismo es el socialismo, o mejor dicho, el ideal del socialismo. Una vez establecido el socialismo, como fue en Venezuela o en la ex URSS o en Cuba, el ideal social se había cumplido sin importar cuál fuera el resultado real”.